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2007. Quemasucabeza
El multifacético y siempre activo músico chileno, está de regreso con su segundo disco como solista tras “El Dub de los Pobres” de 2003. Además de ser integrante del grupo nacional Fredi Michel y de ser parte de la banda de Javiera Mena, el inquieto músico llega con un disco, que en mi opinión, abre un nuevo camino en el contexto de la electrónica en el país: esa que apenas roza la realidad, tal haiku japonés, con los sonidos y texturas; esa que lleva más a la contemplación que a la acción tan típica y manoseada de los beats; esa que se acerca a los clásicos del género como Brian Eno, Cluster o Popol Vuh.
En ocho inspiradas composiciones, Morales nos recuerda que la música está hecha desde el interior, pero como un reflejo o plasmación de la realidad externa. Un disco perfecto para encontrar en la mirada del mundo que nos rodea, los estadios perceptivos, que al final, como se nos ha hecho creer erróneamente, no están escindidos, sino que unidos en la experiencia de los seres humanos y su condición de existentes.
Con esto, queriéndolo o no –da igual-, Morales abre ventanas y agrieta las tierras de la música chilena, incorporando un estilo y visión artística, que sin duda, estaba al debe en nuestro país. El compositor se desenvuelve con soltura en los ambientes bucólicos y apacibles; nos lleva de la mano a contemplar el mundo en su más cruda, pero a la vez, simple realidad: la que se nos aparece en cualquier tarde mientras miramos ensimismados la luz que se convierte en negrura; la que nos traslada a mirar el cielo azul mientras lo cruza una bandada de pájaros; la que hace fundir el yo con el todo, donde no hay barreras entre el individuo y su entorno.
Junto a la certera producción del renombrado Rodrigo Santis, Morales deja atrás la euforia y el entusiasmo tan propio no sólo del rock y la electrónica, sino que de la música popular en general, para hallar en lo apacible, en la tranquilidad y la quietud, una faceta, incuestionablemente, menos explorada en la música chilena. Haciendo honor al disco y a su llamado, que no necesita de palabras para expresar un conocimiento silencioso, mejor callamos e invitamos a todos a ser parte de esta fiesta: esa que emerge como una celebración del interior y de lo escondido, que a cada segundo, está listo para brotar.
Héctor Aravena A.-
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