2008. Mylodon Records
La propuesta comandada por el guitarrista José Luis Santander, se inscribe con interesantes resultados dentro del progresivo nacional. El conjunto que además conforman el bajista Miguel Fonseca, el tecladista Martín Sepúlveda y el baterista Gonzalo Ubilla, se pasea con bastante éxito en formas probadas del género, con influencias de Dream Theater o más cercanas a la fusión a lo Dixie Dregs. Esto ciertamente entrega como resultado una propuesta compleja pero al mismo tiempo entretenida, con onda y llena de ganchos, para un público no tan entendido y que sólo quiera disfrutar de buenas composiciones.
De esa forma, la placa inicia con la rockera ‘Analorock’. De entrada, se nota la calidad de todos los integrantes, como también las claves principales de su música: la libertad que gozan Santander en la guitarra y el teclado monumental de Sepúlveda, acompañados de una excelente base rítmica, con Ubilla generoso en recursos y un sobresaliente Fonseca en el bajo.
Lo anterior queda demostrado en el comienzo de ‘El Lid’, tema con raigambres en el primer período de Dream Theater, con varias secciones en la guitarra de Santander, quien además es el autor de todos los temas de Leprechaun. ‘El Lid’ se basa, principalmente, en la búsqueda de sonidos en la guitarra, en el virtuosismo con la que Santander conduce a las seis cuerdas, pero siempre con el conjunto descollando como en la sección intermedia. Un corte moderno, muy en la veta de ciertos actos del progresivo actual, como Enchant.
De la misma manera, la fusión rockera se hace presente con uno de los temas más placenteros de este álbum. En efecto, ‘Fantasmagoria’ logra, con sus múltiples fraseos, destacar varios aspectos de este conjunto, más allá del virtuosismo innegable de los integrantes de éste. Entre ellos, es el fiato de una banda que funciona como tal y no como el grupo soporte de un solista. Asimismo, los teclados de Sepúlveda se convierten en pieza fundamental para el sonido general.
En ‘Destellos’, el conjunto se anota un nuevo punto, con una composición excelente, donde los arreglos para teclados y guitarra, toman un mayor espacio, lo que es directamente proporcional con los aportes de bajo y batería, con ciertas secciones de Miguel Fonseca sublimes. ‘Despertar’, en tanto, regresa a los caminos más eléctricos, no tan veloces como los primeros tres surcos, pero sí con ese sonido moderno que Leprechaun imprime a sus temas.
‘Encuentro Inesperado’ también posee ese sonido contemporáneo, pero ahora enfocándose en la fusión, con un guitarra bien funky cortesía de Santander, una base de bajo-batería demoledora y un tecladista que comprende a cabalidad su función, aportando atmósferas o acompañando a la guitarra. En ese sentido, este corte también resalta por ser una mezcla perfecta entre el sonido personal de la banda y su aspiración, creo, de expandir su discurso sonoro a otras latitudes.
‘Leprefunk’, es un notable ejercicio mezcla de virtuosismo y un sentido de composición que pocas veces se da en el género, con un manejo envidiable de la estructura y el formato canción, el que la banda enriquece con distintos solos, pero que jamás aburre. Esa máxima se repite con ‘2 Rutas’, corte netamente de metal progresivo, con las consabidas complejidades rítmicas que lleva el género, pero que no desarrolla un pattern ni denso ni lleno de estos recursos; Leprechaun, en su afán de mostrar sus distintas sensibilidades, va mezclando estas secciones con otras más modernas, algunas orientadas a la fusión y otras a progresivo tipo Enchant o lo último de Spock’s Beard.
Eso mismo queda demostrado en ‘Laberintos’, penúltimo corte del largaduración. Ligado al jazz eléctrico, con ciertos toques de metal progresivo, pero destacando a la composición como forma de demostrar cortes instrumentales complejos, pero sumamente orejas y atractivos; ‘Cicatrices’, balada por excelencia, con un inicio hermoso, que incluye guitarras acústicas, cierra este trabajo.
El debut de Leprechaun es, sin duda, una clara demostración de que el rock progresivo nacional puede mirar hacia otras latitudes. El sonido moderno, bien ejecutado, con un desarrollo y ejecución notorias de parte de los cuatro integrantes de la banda, son parte de lo que Santander y compañía pretenden mostrar en esta carta de presentación y ciertamente, que dejan en claro la calidad de instrumentistas que son.
No obstante, y creo que este punto es lo más destacable, es la facilidad del guitarrista de crear composiciones intrincadas, pero dentro de un formato canción en el que son reconocibles estrofas, estribillos y coros. Eso, sumado a las distintas sensibilidades que conformas a este mítico personaje del cual el grupo toma nombre, hacen de “Leprechaun” una especie de tesoro al final del arcoiris, el que se disfruta a concho y que abre un espacio dentro de los lanzamientos del progresivo criollo de este año.
Felipe Kraljevich M.