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2009. Thrill Jockey
Valió la pena la espera de cinco años desde “All Around You” de 2004. La banda estadounidense regresó con un buen disco, que exhibe en once nuevas composiciones, ese sentido musical único y flemático, que los ha convertido en una de las agrupaciones líderes del rock experimental de la última década. A pesar de estos cinco años, que en una primera apreciación parecen bastante largos, el quinteto de Chicago no sólo se mantuvo activo girando y participando en variados festivales, sino que también, editando dos trabajos de no menor interés: El álbum de covers con Bonnie “Prince” Billy, “The Brave And The Bold” y el box set de cuatro discos, “A Lazarus Taxon”.
En esta entrega, el conjunto que definió el post-rock a mediados de los 90, profundiza su estilo tan peculiar, pero también lo abre hacia nuevas dimensiones. Su sonido no se agota, sino que está abierto a incontables posibilidades de apertura y evolución. Al rock desprejuiciado, casi matemático, de imposible clasificación y, al mismo tiempo, muy distinto al estilo emocional de muchos de sus contemporáneos post-rock, Tortoise dispone una paleta estilística, que aunque toma para sí elementos de numerosas corrientes, finalmente logra un sonido unificado e identificable exclusivamente con ella.
En ese sentido, el calificativo de “desprejuiciado” no podría tener una connotación más veraz en el caso de Tortoise, ya que a lo largo de su historia, han sido parte de la cultura de las remezclas, del indie-rock, la experimentación, el jazz, el progresivo, el minimalismo, el dub y la vanguardia, fundando un sonido instrumental de originalidad e inmenso alcance estético.
En general el post-rock, pero en particular Tortoise, representa un fenómeno bastante extraño dentro de la cultura musical del último tiempo, ya que supo llevar formas musicales del avant-garde histórico, hacia un nicho alternativo que no tenía antes. De este modo, los viejos dinosaurios, desechados por la cultura indie, al fin encontraron un eco de validez en el presente, revitalizando, por ejemplo, la herencia, bastante perdida, de bandas esenciales del krautrock.
Aunque este análisis es sobre todo correcto para los años tempranos de la banda a principios de los 90, en estos días es absolutamente válido, tal como se demuestra en las once composiciones que componen, “Beacons Of The Ancestorship”. El conjunto en pleno de sus facultades musicales y con su formación estable, compuesta por Dan Bitney, Doug McCombs, Jeff Parker, John Herndon y John McEntire, se despachan un álbum que, sin perder un centímetro de la ética rockera que los ha caracterizado, se pasea sin miedo por un sin fin de sonoridades y estilos.
La partida con “High Class Slim Came Floatin’ In”, representa la quintaesencia del sonido de la agrupación. Una rítmica certera de bajo y batería es la base para las melodías impávidas de teclado y las texturas de guitarra, que van desenvolviendo un tema de variadas partes –bastante progresivo-, que apelan a un sentimiento estático y que se encuentra en las antípodas de lo “sentimental”, “hormonal” o “melodramático”. “Prepare Your Coffin”, el single del disco, es la pieza más cercana al formato canción que podamos encontrar en toda la obra de Tortoise. Un tema simplemente adictivo y potente, que en sus tres y tanto minutos de duración, tiene el mérito de comprimir de manera genial las directrices musicales históricas de la agrupación. Además de una parte rítmica fenomenal, destaca el trabajo de Jeff Parker en los solos de guitarra.
Sin embargo, “Northern Something” es lo contrario: un dub electrónico, que es al mismo tiempo imperturbable y muy rítmico, en una nueva exposición de las profundas implicancias sonoras que tiene el arte de la percusión en la carrera de los norteamericanos. Un tema de transición, que da paso a uno de los cortes centrales del disco. “Gigantes” y su sonido “oriental occidentalizado” o tal vez viceversa, es una composición de seis minutos, que recorre distintas sensaciones, nuevamente con una rica y compleja sección rítmica como superficie para melodías exóticas y sonidos de distinta índole.
Tras la electrónica sui generis de “Penumbra”, aparece, tal golpe en el rostro, uno de los temas más asombrosos del disco. En “Yinxianghechengqi”, Tortoise se deja llevar por los sonidos sucios, saturados y ruidísticos, para fundar una pieza sin precedentes en el contexto de su obra. Haciendo ficción, es como si John Cage hubiese sido el líder de una banda punk de mediados de los 70. Sin embargo, hacia el final, y tras la vigorosa y desencadenada sección que ocupa casi todo el track, el tema evoluciona a la experimentación pura, deconstruyendo los sonidos hasta hacerlos desaparecer.
“The Fall of Seven Diamonds Plus One” es, al contrario, una pieza contemplativa, de sonidos y melodías envolventes, donde se siente, con fuerza, que nada, pero ni el más mínimo detalle, ha quedado al azar: la contención emotiva tan propia de Tortoise se hace patente con una elegancia y tino sin par en este tema. Sin embargo, “Minors” es mucho más enigmática. Es extraordinario como cada integrante va contribuyendo con sus secciones independientes para, finalmente, generar un discurso musical compacto y colmado de un sentido unitario.
La electrónica viscosa se hace presente con fuerza en “Monument Six One Thousand”, donde un beat repetitivo sirve para la entrada de guitarras a destiempo, teclados espaciales y bajos de precisión. El ambient más clásico e insoldable, titulado “de Chelly”, es una introducción necesaria para el tema final, “Charteroak Foundation”. Una composición que conjuga los elementos que forjan el disco: guitarras inconmovibles, teclados de sonidos y melodías agudas, experimentación sónica, rítmicas parejas pero al mismo tiempo de gran complejidad. Una especie de banda de sonido para una “fundación” de ocultismo.
La música de Tortoise ha sido a lo largo de toda su historia un dolor de cabeza para críticos y analistas y, este nuevo trabajo, no es la excepción. Un álbum muy difícil de describir, de muchos detalles e implicancias estéticas que se escapan a la mirada del momento, sin tener aún, una perspectiva para apreciar con mayor lejanía y desprendimiento la música de “Beacons Of The Ancestorship”. Sin embargo, y a pesar de estos temores, creo que no me equivoco al decir que nos enfrentamos a un disco instrumental de jerarquía como pocos, que sigue confirmando el estatus de Tortoise como el de una de las experiencias musicales más relevantes de su generación.
Héctor Aravena A.-
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