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2009. Rhythm Zone
Esta década ha sido imparable para el multi-artista japonés, Ryuichi Sakamoto. A sus variados discos como solista, ha sumado numerosas colaboraciones con músicos de la talla de Alva Noto, David Sylvian y Fennesz. Su condición de ser uno de los músicos más respetados de su país -casi un embajador de la música japonesa-, no ha hecho más que crecer en los últimos años, revitalizando en nuevas generaciones el legado de Yellow Magic Orchestra y de su admirable obra solista, que ha combinado la más perdurable electrónica contemporánea, con música clásica, soundtracks, ópera, experimentación y música tradicional, no sólo japonesa, sino que también de las más disímiles latitudes del orbe.
A pesar de todas las loas y galardones que ha obtenido por sus soundtracks, el Sakamoto más recóndito y personal se encuentra en sus discos solistas. En ellos mezcla un sentido contemporáneo de la música clásica, con un concepto de largo alcance de la electrónica, siempre concebida como obra de arte antes que como proceso. “Out Of Noise” va de un minimalismo estático y nostálgico, hasta una electrónica más subterránea y cerebral. Para este objetivo, Sakamoto utiliza, como un pintor elige sus colores y pinceles, el sonido de un piano solitario, un cuarteto de chelos, sintetizadores, procesos electrónicos y samplers, para crear un álbum de una profundidad envolvente y cristalina.
Los primeros tres temas forman una unidad indisoluble, primero, por su sonoridad acústica, y segundo, por el sentimiento melancólico y reflexivo que expresan. El primero, llamado “Hibari”, es una pieza para piano de una belleza meditativa inexpugnable para las palabras, pero inmediatamente perceptible para los sentidos. Por su parte, la tristeza desnuda de las cuerdas en “Hwit”, se complementa con el desasosiego y esperanza de “Still Life”, donde Sakamoto hace conversar a piano y chelo, como si fueran dos elementos de la naturaleza.
La parte más electrónica del álbum, comienza con “In The Red”, donde un calmo teclado es dramatizado con distintos sonidos y voces masculinas y femeninas que expresan ansiedad y desencuentro. En contraste, “Tama” se caracteriza por sus texturas asfixiantes y experimentales, mientras que en “Nostalgia”, Sakamoto se vuelve a sentar al piano, esta vez uniéndolo finamente con ambientes creados por procesos electrónicos. Un cruce de alto vuelo entre lo tecnológico y lo orgánico. A diferencia, “Firewater” roza con lo ruidoso, creando atmósferas al mismo tiempo impenetrables y épicas.
Con la guitarra eléctrica usada con distinción, el ambient urbano y áspero de “Disko”, da paso a “Ice”. Un tema frío y lluvioso, donde el silencio amenaza con terminar con lo audible –no con la música- en cada momento. ¿Se escucha el silencio? La misma situación musical es llevada al extremo en los nueve minutos de “Glacer". Una composición que se conforma con exhibir la realidad sin intervenirla ni menos provocarla: el sonido del agua que fluye, la sensación detenida de contemplar un paisaje, los ruidos de una naturaleza inhóspita. Para completar el círculo, “Stanford” vuelve al piano desnudo de “Hibari”, pero esta vez con una melodía sentimental, que se aleja del minimalismo a ultranza del tema de apertura. Finalmente, el teclado sintetizado y urgente de “Composition 0919”, cierra el disco, haciendo un guiño a The Yellow Magic Orchestra.
En un sentido es paradójico el nombre de “Out Of Noise” para un disco de Sakamoto, un experto en la elaboración de ruidos y sonidos; pero por otro, es totalmente certero: este nuevo disco es casi invisible, imperceptible a los sentidos. Introducirse en él es estar fuera del ruido de este mundo, alejado de los que vivimos cotidianamente; una dimensión distinta pero intensamente real. Un disco tremendo, donde no hay nada que demostrar. El japonés es música en su estado puro.
Héctor Aravena A.-
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