Niños del Cerro

Lance

2018

Quemasucabeza

 

La lírica que se amolda a lo que las canciones de Niños del Cerro quieren expresar es casi o tanto más ecléctica aún de lo que sus mismos autores reconocen. Si para su primer registro, ‘Nonato Coo’ –una oda juvenil a un sector sólo conocido por quienes viven ahí, que recorre dos populosas comunas en medio de distintas miradas y ritmos– el grupo formado por Simón Campusano, Ignacio Castillo, José Mazurett, Felipe Villarrubia y Diego Antimán logra madurar esa desprejuiciada visión de lo que debe ser el pop de guitarras en este nuevo milenio, representando esto en “Lance”, su segundo disco.

 

Y es que, al igual que varios en su generación, Niños del Cerro no sufre al mezclar influencias “anglo” (Ride o The Jesus & Mary Chains, por nombrar algunas) con elementos nacionales, como se puede apreciar en ‘Contigo’ y ‘Flores, Labios, Dedos’, en que se decantan por un sonido muy de Los Jaivas. El resultado de este cruce se consolida un lenguaje propio –en el que Campusano y Mazurett son pilares– que ya venía mostrándose sin timidez en su anterior registro, lo que entrega a NIños del Cerro una solidez que los pone a la vanguardia de sus contemporáneos.

 

Esta visión completamente latinoamericana de abordar un estilo como el shoegaze –eminentemente anglosajón– permite que el grupo vaya elaborando estructuras mucho más ricas en medio de sus composiciones. ‘El Sueño Pesa’, con colaboración en las voces de Chini Ayarza, de Chini and the Technicians. En este punto, el segundo trabajo de Niños del Cerro muestra su verdadero rostro: guitarras explosivas mezcladas con voces que hablan de cómo el sueño –sí, el sueño, el cansancio– va haciéndose cada vez más pesado. Es, sin dudas, uno de los momentos álgidos de “Lance”.

 

El equilibrio es algo importante en “Lance”. Si en ‘El Sueño Pesa’ las guitarras eran explosivas, para ‘Las Distancias’ (que cuenta con el trabajo de Martina Lluvias en las voces) el grupo se decanta por las texturas, sin dejar de lado su impronta latinoamericanista, propiciada por las grandes percusiones de José Mazurett, quien conduce los distintos arreglos de cuerdas de los temas para que adquieran ese ritmo más ligado a la tradición latinoamericana que a la anglosajona, la que cede definitivamente espacio en ‘Lance’, el corte que da título a este disco.

 

‘Si sabes bien que me quiero morir/Si sabes que me he perdido/Nadando en lo mismo’, dice el grupo en este surco en el conjugan la notable percusión de Mazurett con el trabajo de guitarras de Campusano y Castillo (y el gran aporte de Atismán en los sintetizadores), dando rienda suelta no solo a su capacidad lírica; Niños del Cerro decanta en una veta de experimentación y tratamiento de sonido que supera lo expuesto en “Lance”, haciendo válida la pregunta si será ese el próximo camino del conjunto. Asimismo, en ‘Javier y los Vientos’, también cabe hacerse esa misma interrogante, ya que la banda decanta por arreglos en guitarra acústica y privilegia las atmósferas por sobre el sonido explosivo de sus seis cuerdas.

 

La delicada ‘Melisa/Toronjil’ cierra “Lance” y desde el punto en que culmina esta composición, se queda con la sensación de que Niños del Cerro da un salto cualitativo enorme en relación a su propio desarrollo. Este segundo trabajo del conjunto, además de mostrarlos más maduros y seguros en relación a su propuesta musical, encuentran dentro de sus propias composiciones los elementos justos para ir dando pistas sobre una posible evolución a la misma. En ese sentido, se adelantan a sus contemporáneos –que parecen más interesados en buscar en las formas y estilos de moda para nutrir su lenguaje– al incorporar una amplia gama de recursos estéticos en pos de crear un disco vibrante (a pesar de su temática más bien oscura). Bien por Niños del Cerro, que en su inquietud constante, en su sonido amplio e incluyente, va generando nuevas facetas a descubrir en su futuro.

 

Felipe Kraljevich M.

 

 

 




Tags



Ultimos Contenidos

Chile

{{ x.type }}

{{ x.title }}

{{ x.created }}