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2007: La esperanza de cambio, siempre
2007-01-29

Somos trapecistas, el gremio más sufrido del mundo actual, el de la gente que nunca se agota de vivir haciendo equilibrio con lo que tiene en las manos. No importa si nos llegan con el comentario que el cambio de año no es más que matemática de días, meses y temporadas en nuestra existencia. Lo cierto es que el paso de un año a otro nos acerca inevitablemente a la esperanza de cambio.

Generalmente, aprovechamos para pensar que si el número cambia, algo debería modificarse en nosotros. Los más satisfechos pensarán, al menos inconscientemente, “que sea igual al que pasó”. Los exigentes suplicarán que “venga un año mejor en todo sentido”. Y la multitud humilde y recatada a la hora de pedir, rogará que al menos no sea peor del que pasó. Las opciones conformistas ofrecen el famoso, “de hecho siempre se puede estar peor” y los insatisfechos utilizarán el “espero que este año realmente consiga lo que merezco”. Cuestión que a fin de año, todos pedimos, exigimos, esperamos y sentimos en el aire que algo cambia.

Esos pedidos y deseos al aire no van dirigidos a Dios ni al Espíritu de las cosas. Simplemente es una especie de introspección, donde nos exigimos a nosotros mismos entrar en la carrera en la que creemos estar compitiendo. Así como quizás las fiestas religiosas nos llevan a la metafísica y a la conversación mística, el fin de año nos hace mirar de reojo a los gobernantes.

2006, quizás, pase a la historia por muchas cosas: por las imágenes televisadas de Bagdad y la ejecución de Hussein; por el presidente norteamericano finalmente reconociendo que si no está empatando la guerra, la verdad es que la está perdiendo; por los movimientos independentistas de siempre en todo el mundo reclamando autonomía; por el Mundial de fútbol en Alemania o el vaivén político internacional causado por la muerte de uno de los dictadores más famosos del orbe, Pinochet.

Cada uno habrá vivido sus historias personales en este 2006, pero más allá del balance individual, el año NO deja un sabor agradable en nuestras bitácoras. Los gobiernos mundiales, casi en un acto “casualmente” corporativo, han incrementado el control social. Casi en un acto “virtualmente” acordado, desarrollaron sistemas de presión muy semejantes a los fascismos que creíamos superados. Hace poco vi, de nuevo, “1984” y creo que nos vamos acercando a ese delirio de George Orwell, un Big Brother que nos vigila.

No se trata del Gran Hermano o de locos enfermos con delirios de Hitler hablando de la superioridad de una raza, tampoco de magnánimas marchas con el brazo en alto saludando a un emperador. Simplemente es la máxima expresión de una polarización que conviene al poder hegemónico: Estás de acuerdo con nuestro concepto de libertad y democracia o eres terrorista.

Este año escuché hablar mucho de guerra, de cumbres económicas, de desarrollo regional, de luchas por la libertad y la democracia, de terrorismo y peligros inminentes, de atentados y sistemas efectivos de control, etc. También percibí en todos los discursos, la corrección política del mundo civilizado en que ser moderno es ser más justo, pero mucho ruido y pocas nueces. Escuché mucho al respecto, pero no vi cosas prácticas y mejoras reales en la educación, en el libre acceso a la información, en la colaboración e intervención de los pueblos en las decisiones de fondo, en prestar atención sincera a los deseos de la mayoría, en la salud, en la garantía de un combate serio a la discriminación, en acuerdos políticos para un futuro donde se fomente la construcción y no la destrucción. No sentí mucha preocupación y nada de ocupación, de parte de los que ahora están al mando, por dar a las futuras generaciones las herramientas necesarias para solucionar los errores criminales que hoy se cometen confinando a la mayoría de la población mundial a la caridad.

La visión puede ser tildada de oscura, pero no me puedo mentir, el mundo no tiene en su balance 2006 muchas cosas de las cuales sentirse orgulloso (claro que hay gestos individuales y luchas solitarias con las cuales estoy siendo injusto al omitirlas), pero aún así me niego a utilizar el “podríamos estar peor”. No por ser un optimista contundente, sino por el contrario: “podríamos estar peor” y estamos trabajando para eso, por la tanto son pocas las dudas que me caben acerca de lo que vendrá.

Quizás este fin de año 2007 nos encuentre hablando de progresos mundiales para un mundo mejor. Muy poco probable que nos sorprenda hablando de educación, justicia y salud. Sobre todo de lo primero, porque lo que aprendimos del 2006 es que sin educación ni libre acceso a la información (previo estómago lleno), sólo nos repetiremos a nosotros mismos como las plagas se reproducen en el campo.

Alfredo Lewin

 

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