Hace dos años ya, David Gilmour de Pink Floyd declaró que los artistas que habían duplicado o triplicado sus ventas por el hecho de haberse presentado en el Live 8 (julio de 2005) también deberían ceder parte de ese dinero para la misma caridad que los puso en esa gigantesca plataforma mediática. “Es dinero extra que también podría ser ocupado para salvar vidas”, declaró el legendario guitarra de los Floyd. Más encima la cruzada del Live 8 era pura cuestión de juntar plata tal y como una Teletón global, ya que los billetes iban a África para paliar necesidades de gente hambrienta y enferma. Así que todos los dólares contaban. Porque si de verdad se trataba de sensibilizar las políticas económicas de los gobiernos G8 -crear conciencia, se dice ahora- con respecto a África, el resultado fue bien pobre.
De seguro las ventas de discos de AFI, Bon Jovi, Dave Mathews Band o Smashing Pumpkins (los grandes beneficiados con el show del Giant Stadium en New Jersey el pasado 7 de julio en el marco del Live Earth) se vieron incrementadas después de tocar en directo y vía satélite para millones de personas. Es obvio. Esto a propósito de que los números de ventas de los artistas que participaron en el anterior “Live 8” hace dos años crecieron increíblemente. El caso de Pink Floyd es el más gráfico; luego de su performance en el Live 8, las ventas del “Echoes: The Best Of” aumentaron a razón del 1343%. A buen entendedor pocas palabras.
¿Le crees a los rockeros su intención de salvar el mundo? Mientras que en Chile, Beto Cuevas mantiene un lucha ecologista contra la construcción de una central hidroeléctrica cerca del río Futaleufú, Bono fue el que lideró la cumbre de rock-humanitaria “Tu voz contra la pobreza” enfrentando la cumbre del G8, que luego se convirtió en el Live 8. Y ahora otro personaje llamado Al Gore impulsó el hasta ahora “mayor concierto de la historia”, llamado Live Earth, que resulta ser un desprendimiento del documental que él mismo produjo en 2006 llamado “Una Verdad Incómoda”. Es lógico que sus bonos personales se coticen ahora a otro precio con miras a seguir escalando en su carrera política que lo tuvo hace 7 años a sólo votos de distancia de ser presidente de Estados Unidos.
Gran parte de la plata de lo recaudado en el Live Earth fue a parar a una fundación que combate el cambio climático llamada Alianza para la Protección del Clima presidida por el mismo Gore. Eso es pura política, tal y como es una cuestión de dineros el enterarse de cuánto cobra Al Gore por cada una de sus presentaciones, como la charla que ofreciera hace poco en Santiago. De seguro cobra bastante más que lo que debe pedir Ricardo Lagos, por ejemplo, quien ahora también trabaja en el rubro.
Es mi mayor deseo creer que todos estos personajes tienen la mejor intención, sin embargo, por lo que he observado, cuando esto ocurre, lo hacen con la mirada desde arriba del show business -el del escenario o de la tribuna gubernamental- que muchas veces no les permite observar lo que en realidad le ocurre a los necesitados y se limitan a lanzar palabras, discursos, canciones y hasta regalías a los “afectados” sin importar mucho si el objetivo de crear conciencia, por último, se logra o no. En el caso de los shows del mes pasado en los 5 continentes se notó que la gente asistió a los conciertos para entretenerse y casi no prestó atención al entorno “verde”, más bien consumieron y desecharon sin reciclar nada. Era obvio que iba a ser así.
Para mí, el tema es que el impacto que los rock stars y figuras públicas logran con estas acciones es importante. Ellos logran lo que nosotros nunca soñaríamos: poner en la palestra temas tan importantes y, lamentablemente, tan desplazados como el hambre, la destrucción del planeta y el abuso de poder. Que si lo hacen de verdad o sólo por figurar en realidad da lo mismo, lo importante es que lo hagan.
En el caso del Live Earth la cuestión no giraba en torno al dinero constante y sonante recaudado, sino al de un propósito intangible, el de crear conciencia de que efectivamente estamos frente a una probable crisis medio ambiental que podría resultar en algo catastrófico. Pero debieran ser las campañas comunicacionales de cada gobierno en cada país afectado las que nos cuenten qué está pasando y qué medidas efectivas se van a implementar con fuerza de ley. Incluso más, YO mismo debería darme cuenta sin que me pongan a un grupo de rock por delante para que me lo informe.
Creo que, en realidad, uno no es quién para juzgar las motivaciones para realizar una obra solidaria como el Live Earth, pero cabe la duda y tremenda, porque las cosas nunca son tan simples como se podría pensar, partiendo en que siempre hay otros intereses asociados, poderes políticos, asesores varios, toda una mega industria del marketing tras bambalinas.
Yo creo que el punto no es si nos creemos todo el cuento o no, por lo demás no me gusta juzgar al resto por lo que hacen y no practican o cuáles puedan ser sus verdaderas motivaciones. El punto es que uno sabe que a la larga estos famosos eventos “gigantescos”, supuestamente en “pro de la Tierra”, de transparentes no tienen nada. Y, sin embargo, se debe reconocer que tanto ruido ayuda (y harto) y con el boom publicitario que se le ha otorgado al tema últimamente (partiendo por el ultra mediatizado documental del señor Gore), el asunto ha llegado a tocarnos hasta a “Nivel País”. Ahora cuando más lo necesitamos aquí mismo, con nuestra famosa campaña de ahorro energético con la que pretendemos salvarnos de nuestra actual escasez de energía chilena propia.
Alfredo Lewin
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