Maitena Aboitiz
Ediciones B
Digámoslo de una vez y a la primera: toda antología es subjetiva. Eso ya se sabe y es una verdad antigua, pero no está de más recordarlo a la hora de revisar este libro. Y esa subjetividad, inherente a una selección, es quizás lo mejor y lo peor de cualquier intento de esa especie. Muchas veces, lo que queda claro, más que los seleccionados, es la figura misma del “antologista”, que se muestra transparente en los parámetros de sus elecciones.
Pues bien. Esta antología se cubre de cualquier crítica, o trata de hacerlo, dejando desde la primera página claro que el hilo conductor va a ser la pasión y al amor que la autora siente por la producción rockera argentina. Maitena Aboitiz elige el camino de lo personal y vivencial, con la oportunidad de ir a la fuente misma. Así, el libro está basado en entrevistas con cada compositor, en su intensidad, locura y riqueza, según corresponda.
Claro que esto tiene el precio de no tratar algunas canciones ineludibles del rock argentino, como “Mañana en el abasto”, de Luca Prodán, ante la imposibilidad de entrevistar al fallecido gurú. Pero la óptica de enfocarse en las canciones más que en los discos nos parece que finalmente se justifica.
El libro es rico en anécdotas, citas sabrosas y frases para el bronce. Allí aparece Pappo en toda su estatura humana y carnal, tratando de seducir a la periodista. O Charly García abriendo las puertas de su meticulosa locura artística y vital, arrojando las llaves de su departamento dentro de un calcetín sucio para que la entrevistadora entrase.
Claro que de tanto leer dan ganas de escuchar cada canción para confrontar la pasión de la palabra escrita con la intensidad del sonido, para encontrar así la última experiencia, la fundamental. Debiera haber ya una edición con sus correspondientes discos, para redondear un trabajo fino y tremendo.
Lo que se le puede echar en cara en una primera mirada es que la selección es demasiado mainstream. Hay canciones notables de autores vivos que no tuvieron cabida dentro de la antología. Uno puede adivinar algo más que el gusto personal. Razones comerciales, líneas editoriales o quién sabe qué. Tal vez el puro y simple argumento del espacio sea la explicación más cuerda. Y en caso de ser así, quedamos entonces a la espera de la continuación de la saga, con otro volumen que dé cuenta de la riqueza de la escena transandina.
Urbano Matus
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