Harry Shapiro
Ediciones Cátedra
A veces, al hablar de un texto, es casi muchos otros. Esto es especialmente cierto cuando un volumen es parte de una colección temática, de especial interés para los que somos fanáticos de la cultura rockera.
Y a eso nos enfrentamos a través del presente libro. Se trata de la biografía de Eric Clapton lanzada por la editorial española Cátedra. Como parte de la serie “Cátedra Rock/Pop”, la casa editora presenta una ineludible lista de más de 60 títulos. En ellos, se repasa la historia y la discografía de diferentes artistas que han dado brillo y esplendor al estilo por cinco décadas.
Para esta ocasión, nos detenemos en la interesante biografía del mítico “Mano Lenta”. El autor inglés Harry Shapiro se presenta desde el inicio como un fanático del guitarrista y, en general, como un seguidor incondicional del rock. En ese sentido, el libro presenta una mirada cercana, pero no obsecuente ni cegada. La figura de Clapton se presenta en su justa dimensión, sin elevarlo a las alturas del fanatismo. Y esto no es nada fácil si el tema es la vida de alguien que ya en los inicios de su carrera fue catalogado como “Dios”.
La vida de Eric Clapton, más que la saga de un individuo, es el repaso de una época. La industria del rock crece y madura, se hace masiva y pasa a constituirse en un auténtico estándar de la cultura global. Su migración desde las guitarras Gibson hacia sus habituales Fender, por ejemplo, es la muestra de cómo un ejecutante, por la mera elección de sus instrumentos, puede definir la salvación o la caída de una empresa de instrumentos y equipos.
La guitarra rockera y bluesera le debe a Clapton el llegar a ocupar el primerísimo lugar en la atención del público. Kilómetros más allá de la destreza fría, Clapton fue capaz de construir una vibración que transmite sentimiento en cada nota. Quizás ese debe ser el gran mérito del inglés, colocándolo a la altura que se merece en el cielo de los elegidos.
Harry Shapiro, en la excelente edición de su libro sobre Clapton, cita un momento de la carrera del protagonista de esta historia, que bien sirve para cerrar el comentario de un texto imperdible. En un recital de 1974, en el Hammersmith Odeon de Londres, Clapton le dijo a la muchedumbre que lo aclamaba: “Yo no soy Dios, sólo soy el mejor guitarrista del mundo”. ¿Para qué falsas modestias cuando se está en la cima del planeta?
Urbano Matus |