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Estación Mapocho - Martes 13 de febrero del 2007
La Previa
Muchos aún mantenían inmaculadas en sus memorias, aquella mágica noche del 26 de enero del 2001, cuando Deftones en su aparente peak de popularidad, reventó el Estadio Víctor Jara y marcó con fuego su vínculo con los fans chilenos. Seis largos años tuvieron que acontecer para que el quinteto de Sacramento sumara nuevamente en su ruta una serie de paradas por Sudamérica.
El inicio de su periplo por esta parte del continente fue más que auspicioso y todos los comentarios hablaban sólo maravillas de las presentaciones de la banda. Los fanáticos brasileños pudieron vibrar esta vez de un show más íntimo y con un sonido de ensueño-recordemos que Deftones pisó Brasil anteriormente sólo en Rock In Rio-; lo mismo en Argentina, donde la experiencia en el gran Luna Park de Buenos Aires, fue infinitamente superior a cuando abrieron a Red Hot Chili Peppers en el Estadio de Velez Sarfield.
Contando con el lamentable antecedente de que uno de los principales recuerdos que poseían los californianos de su primer arribo a nuestras tierras era el “caluroso” recibimiento a base de escupos, una de las cosas que más se anhelaba era que esta vez nuestra imagen como plaza de shows no fuera mermaba por la actitud de un grupo reducido de simios e inadaptados.
Pero como si ya estuviésemos hablando de una conspiración para enlodar cualquier instancia que nos pudiera dejar bien parados, los malos ratos se hicieron ver desde que la banda pisó suelo criollo en el aeropuerto, donde fueron literalmente asaltados por un centenar de enfervorizados fans, quienes llegaron a apoderarse incluso de las pertenencias personales de sus ídolos. El descargo de los afectados ante la mínima preocupación de la productora no se hizo esperar. ¿Inoperancia de la organización o falta de cultura de los chicos? vean ustedes para donde se inclina la balanza.
Otra preocupación que a más de alguno le rondaba en la cabeza era la elección del local. La Estacion Mapocho ya poseía un largo historial de magnos eventos aminorados por la pésima acústica. Basta recordar los fiascos de Red Hot Chili Peppers en el 99 y el carnaval del rebote que fue Smashing Pumpkins, una noche que distó mucho de lo que un seguidor nacional esperaba del primer show de Billy Corgan y sus secuaces. Sólo el sólido sonido de las dos presentaciones de Placebo, alimentaba las esperanzas de que esta triste historia de desencuentros llegaría a buen término.
El anhelado reencuentro
Ya desde tempranas horas de la tarde, centenares de fans se agolpaban en los alrededores del centro cultural, dando crédito a todos los que apostaban a que habría una asistencia de público mayor a la del 2001. A minutos de comenzar el concierto, ya cerca de ocho mil personas aclamaban a la banda sin cesar; una postal digna del registro de un dvd oficial. Sale Deftones a escena y el rugido de millares de adeptos mostraba un decibel que no veía en bastante tiempo, incluso en mayor grado que en la primera ocasión del Víctor Jara.
“Korea” una de las cartas más potentes de “White Pony”, fue el preludio de una noche que al menos por set se venía con todo. Todo el éxtasis de un comienzo tan enérgico, alimentado por la entrega de los músicos, quienes se movían como si aún no sobrepasaran el cuarto de siglo -como en los tiempos de “Adrenaline”-, tenía un pero no menor, el sonido. “Knife Party” y “Feticeira” dos muestras más recatadas del incomparable caballo blanco, en especial la primera con suerte se distinguían, ya que el sonido rebotaba para todos lados, lamentable.
Una leve mejoría tuvo la hermosa “Digital Bath” que contó con un coro multitudinario que superaba las voces de los músicos, devoción que ya sacaba sonrisas en Moreno y compañía. La emotividad de “Be quiet and Drive” y un recinto que ya parecía olvidar los penosos problemas técnicos, se enceguecía con la entrega del grupo, saltando y vibrando a cada instante.
Un rápido cambio de switch se da cuando Abe da el toque inicial a “My Own Summer” y una Estación Mapocho noqueada coreando “Shove It Shove It!!!”, el jubilo se mantuvo con “Around The Fur”. Con la tranquilidad de ya tener suficiente repertorio para mantener la intensidad de un show durante un tiempo prolongado, una dupleta certera de su debut con “Nosebleed” y “Engine n9” desata el delirio de los más románticos adeptos de “Adrenaline”
Corría la primera mitad y luego de unos breves minutos, Chino toma la guitarra para interpretar “Beware” uno de los temas más oscuros de “Saturday Night Wrist”, inspirado en el difícil momento personal que experimentó el frontman de Deftones antes de grabar su último disco y que lo tuvo con un pie fuera del grupo. Lamentablemente sólo en los temas más atmosféricos del set list el sonido acompañaba, pero cuando ya nos acercábamos a la hora de presentación, la gente yacía resignada y sólo se dedicaba a corear y disfrutar de la pasión y energía que irradiaban los músicos en el escenario.
Llegaba una las de más gratas sorpresas de la noche, que erizó a más de alguno, al sonar los primeros acordes de la increíble “Passenger”, cuya replica multitudinaria sonaba con más presencia que el registro del mismo Moreno. Imposible no imaginar o soñar con presenciar un dueto en directo con Maynard James Keenan de Tool, un momento memorable que se dio durante la gira que Deftones y A Perfect Circle realizaron en conjunto para la época de White Pony en el 2000.
Nuevamente el lado más power se hacia sentir con “Bloody Cape” uno de los singles de la placa homónima que tuvo una nula rotación en los medios latinoamericanos, tribuna que ha tenido a destajo “Hole in The Earth” que le siguió y también fue coreada por toda la Estación Mapocho. El disímil último disco de Deftones mostró su faceta intimista con “Xerces”. Pese a evidenciar un notable entusiasmo en su performance, la comunicación con la gente no se vio reflejada en un dialogo fluido; sólo luego de interpretar ese tema, Chi da unas escuetas palabras de agradecimiento por la devoción demostrada y se da un abrazo con Chino, dando un vestigio palpable de que todas las asperezas de antaño fueron totalmente superadas.
Después de “Rats Rats Rats”, los riffs iniciales de “Bored” generan el fervor ensordecedor nuevamente con el clásico corte de su primera placa; “Minerva” y “Root” mantenían a la audiencia en un trance. Con la violenta “7 words” la catarsis se hizo presente en el Centro Cultural, avizorándose una panorámica con varios fosos de mosh efectuados por los fanáticos más hardcore de la banda. un breve relajo luego de la agitación, concilia “Change”.
Nos acercábamos a los noventa minutos de show y se infería el final de la performance, cuando Deftones regala “Back to School”, lejos la canción más celebrada de todo el recital, saldando una deuda que tenían del show anterior en Santiago, donde dejaron a la gente pagando con uno de sus temas más populares.
La clásica “Headup” culminó de gran forma un recital de sentimientos encontrados. Por una parte presenciamos una banda que se fue complacida por la gran respuesta de un público que tuvo un comportamiento de gran nivel y que deja la puerta abierta para una nueva visita, satisfacción que contrasta con la falta de respeto de las productoras nacionales, quienes a estas alturas del partido y con tantos años de circo, no son capaces de ofrecer un espectáculo con un sonido a la altura de un evento internacional. Para nadie era un secreto que la Estación Mapocho es un centro cultural, no un recinto idóneo para espectáculos de esta índole.
Apoyo hay y la asistencia de ayer, es una prueba más de la convocatoria que posee el rock en nuestro país. Por favor señores, un poco más de respeto para el público, que a las finales es quien les paga las cuentas. Este año con todas las visitas confirmadas sólo para el primer semestre, hay motivos de sobra para celebrar, pero no abusemos de la pasión de la gente que en la mayoría de los casos, hace un gran esfuerzo por asistir a los shows y lo seguirá haciendo. Aprendan de nuestros vecinos.
Francisco Reinoso Baltar
Fotos: Ignacio Orrego G./Claudia Lazo
BONUS REVIEW
¡Exclusiva: Deftones en vivo en Argentina!

Estadio Luna Park, Lunes 12 de febrero
Monday Night Wrist
El día anterior a la segunda presentación de Deftones en Chile, la banda de Sacramento actuó en la capital porteña en el mítico y legendario Palacio de los Deportes Luna Park, un sitio histórico para el deporte argentino donde ilustres como Carlos Monzón ganó varios combates por el título mundial de boxeo y donde Gullermo Vilas enfrentó a rutilantes figuras del tenis mundial como Jimmy Connors y Bjorn Borg.
Y a pesar de que el estadio con capacidad para 10.000 personas cuenta con 75 años de vida, los argentinos se han preocupado de mantenerlo modernizado y con todas las comodidades para un espectáculo de nivel: aire acondicionado, butacas numeradas en platea con una óptima y cercana visión al escenario y un sector de cancha bien demarcado, además de baños limpios y hasta vendedores de “panchos”, cervezas y bebidas.
En este contexto y con cerca del 90% del recinto copado, Deftones salio a escena, posterior a la actuación de 202, la banda telonera que se paseaba entre lo más melódico de unos Incubus a lo más oscuro y gótico de unos Type O Negative. El setlist de Deftones fue exactamente el mismo que el grupo interpretó en Santiago, en el mismo orden y con Chino Moreno diciendo las mismas frases en las mismas canciones que en la Estación Mapocho, como ven, todo muy poco espontáneo, salvo cuando un fan que estaba cerca del escenario le entregó a Chino Moreno un afiche con una caricatura de la banda que le sacó una carcajada a Moreno de buena gana. Cuando le mostró el dibujo al bajista Chi Cheng este dijo “está bueno, es una buena mierda” y también se largo a reír. Otra diferencia con el show de Santiago, es que Chino Moreno estuvo mucho más agresivo en su interpretación, saltando por todos lados y tirando en innumerables ocasiones su micrófono por los aires y enrollándose el cable del mismo en el cuello. También cabe consignar que la seguridad del escenario falló algunas veces, y al menos cuatro fans lograron subir al escenario, abrazar a Chino y realizar espectaculares stage divings. Lo otro es que el público de Deftones en Argentina es mucho más “adulto” por decirlo de alguna forma, ya que luego de la tragedia en la discotheque “Cromagnon” de hace algunos años, donde murieron casi 200 jóvenes en un concierto (la mayoría menores de edad), ahora por ley en Argentina, a ningún show en vivo está permitido el ingreso de menores de 18 años.
Pero la gran diferencia entre uno y otro show fue lo más importante: el sonido. En Buenos Aires desde el minuto cero, Deftones comenzó sonando a un volumen fuertísimo, con una perfecta ecualización que permitía disfrutar a cabalidad todos los matices de la música de la banda. Realmente el sonido fue impresionante y perfecto, tal como tiene que ser para disfrutar un show a concho y no esa bola de ruido que gran parte del concierto tuvimos que soportar en la apestosa Estación Mapocho, a pesar que la puesta en escena en cuanto a sonido y luces era la misma para ambos shows. Sólo he visto a una banda sonar realmente perfecto en la Estación Mapocho y esa fue Living Colour cuando talonearon a Chancho en Piedra en ese lugar varios años atrás.
Y al igual que en Santiago, Deftones dejó que los viejos temas poblaran la lista. Una equilibrada dosis de “Adrenalin”, “Around the Fur” y “White Pony”, y poco del material nuevo, que quedó para el momento previo a los bises. Apenas tres temas flamantes: ‘Hole in the ‘earth’ (que ya es todo un clásico y un exitoso hit single a ambos lados de la cordillera), ‘Xerces’ (muy a lo Coldplay) y la inolvidable ‘Rats! Rats! Rats!’ donde Deftones demuestra que es la banda estilísticamente más cercana al legado de los irremplazables Faith No More.
En definitiva, ambos shows fueron casi con calco, con la gran salvedad de ese imperdonable detalle de la calidad de sonido: mientras en Baires sonó perfecto, como siempre en Chile nos tocó bailar con la fea, por ello creo que el show del 2001 en el Estadio Chile estuvo mejor, a pesar de los, afortunadamente hoy erradicados “pollos” en los conciertos.
Cristián Pavez
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