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Jueves 6 de marzo Teatro Caupolicán

No hubo espacio para quejas. La performance otorgada por Interpol ayer por la noche en el Caupolicán, cumplió sin sorpresas significativas, con todo lo que el público chileno podía anhelar. No había espacio para el asombro, sólo para el deleite. Un concierto de sonido impecable, rígida presencia escénica y un pragmático dossier de arrebatadoras composiciones que resumieron, en gran forma, el minutaje de sus exitosos tres elepés.
En el entorno de los de la gran manzana, lo que siempre pesa en directo es la música y los adornos visuales jamás han sido protagónicos. Ambientados con el solitario soporte de un telón negro y con cerca de un cuarto de hora de retraso del inicio estipulado por la producción –21hrs-, luego de la entrada de los músicos al tablado del ex Monumental, el fervor se hizo presente de manera instantánea. Una lúgubre intro dio pie a ‘Pioneer to the Falls’, la primera pieza de “Our Love to Admire”. Ya en pocos minutos, el público chileno podía ponerse a tono, con el entorno que rodea los hipnóticos shows de la banda.
El sufrido registro de Banks, se tornaba más luminoso en las digeribles ‘Obstacle I’, ‘Narc’ o ‘C´mere’, estas dos últimas, símbolos absolutos de “Antics”, su segundo álbum y tal vez el menos celebrado de su tridente de largos por la critica. Sin refutación, el frontman de Interpol era el único que denotaba un ímpetu de interacción; el resto con precisión milimétrica, continuaba con su pulcra y compacta ejecución.
El aura casi impersonal, adornada con un set de guitarras crispadas, tomaba pausa y daban paso a un break más visceral con ‘Say Hello To The Angels’, una oportunidad para que la participación corpórea del público, se trasluciera con mayor elocuencia. Tras una potente continuación con ‘Mammoth’, se baja el pie del acelerador y ‘No I In Threesome’, uno de los sencillos más reconocibles y amigables de “Our Love to Admire”, da una oportunidad al segmento más “ondero” de la audiencia, para replicar un par de coros. Prosiguiendo con las directrices radiales ‘Evil’ y la rompe pista ‘The Heinrich Maneuver’-lejos uno de los cortes más “orejas” de la banda-, incrementan la esencia festiva que por esos minutos, merodeaba la cancha.
Con la espacial ‘Not Even Jail’, Interpol toma una breve pausa para el siempre pedido bis. Tras unos breves minutos, la alineación completa retoma funciones, para brindar uno de los puntos álgidos de la noche al ejecutar ‘Untitled’, el denso y cautivante punto de partida de “Turn On The Bright Lights”, que dejó hipnotizado a todo el teatro. De ese mismo álbum, ‘NYC’, mantiene sumergido al respetable en las lentas cadencias, que llegaban a instancias casi celestiales.
Para terminar, un completo cambio de switch con la dinámica ‘PDA’, también condimento estelar del aclamado opus del 2002, que sació con solvencia las exigencias de la parte puritana dentro de los asistentes. Así culminó esta esperada parada de Interpol en Chile, un show preciso, de ejecución irrefutable, el cual pese a confirmar el ya sabido camino horizontal que exponen gran parte de sus composiciones, argumentó con maestría todas las sentencias que los sindican en la actualidad, como uno de los grupos de referencia en el refresh del rock del nuevo milenio. Pueden haber puntos para la discordia, pero la integridad está a la vista y el directo presenciado anoche lo avala con creces.
Francisco Reinoso Baltar
Fotos: Ignacio Orrego
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