En los últimos cinco años, el rock duro ha sido testigo de una necesaria metamorfosis que ayudó a capear un aluvión de números que abusaron hasta el absurdo de los revisionismos en todas las ramas del género. Aplicando con astucia los pliegues progresivos de Mastodon y matices propios del sludge y el doom, desde Providence, Estados Unidos, Howl emerge como una de las fuerzas descollantes en esta nueva escena que se posiciona con cada vez más fuerza. Formados el 2006 y portantes de un background próximo a las artes visuales, en gran parte alineado por su recorrido en la School Of Design de Rhode Island, el cuarteto se encuentra en una posición expectante gracias a los múltiples elogios despachados por medios especializados en Europa, Asia y Norteamerica hacia su debut Full Of Hell” (2010).

Creadores de una colección de composiciones que definen su sello sonoro revalidando esa distancia, tan cercana a esta camada de bandas inspiradas en el sello inicial de Mastodon, hacia la alta fidelidad, lo que esta formación (encabezada por el guitarrista/vocalist Vincent Hausman) oferta es crudeza y profundidad en cada nota y letra. Todos venimos de la escuela de arte y decidimos, al mismo tiempo, dedicarnos a esto para ver hasta donde podemos llegar. Lo nuestro es el rock en su lado más duro, pero en los textos tratamos de obviar cualquier legado musical. De hecho, el nombre de nuestra banda, surge del poema del mismo nombre del autor de la Generación Beat, Allen Ginsberg”, aclara Hausman.
Luciendo notorias diferencias en cuanto a los flancos melódicos y psicodelia de pares, relativamente accesibles, como Baroness, Howl dirige su propuesta hacia la comunidad de nicho subterráneo. “Por ahora, estamos conformes con lo que hacemos y sabemos que es utópico anhelar a abrir a Metallica si alcanzamos algún punto cúlmine en nuestra carrera. Nos sentimos muy cercanos a bandas como Eye Hate God, giramos con ellos y son todo un ejemplo de vigencia y creencia por lo suyo. Con ser así de longevos ya nos podemos dar por pagados”. Igual, con la prestancia sonora de “Full Of Hell”, tanta fe no es necesaria. Su música es suficiente.
Francisco Reinoso Baltar