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BAUDA

Euphoria... of Flesh, Men and the Great Escape

2012. Pest Productions

 

¿Ha leído alguna vez el conocidísimo “Ulises” de James Joyce? Me refiero a un clásico de la literatura, un libro endemoniadamente complejo y tan lleno de referencias que el tiempo para digerirlo es inmensamente largo. Lleno de estilos distintos y poseedor del ejemplo más magnífico de la corriente de la consciencia, fue un obra tan estructurada y diversa que no estaba preparada -y creo que aún no lo está- para los cánones de la época. Pues bien, Bauda me ha dado una impresión dolorosamente familiar.

 

“Euphoria...of Flesh, Men and the Great Escape” es un disco que de frentón no resiste ningún tipo de análisis ni estilos; es una composición tan simple e intrincada, que al mismo tiempo que no logra ser clasificada. El metalero, ser melómano cuya necesidad de categorizar es peor que un libro de gramática, fácilmente entrara en shock en los primeros minutos de este trabajo del chileno César Márquez. De hecho, tratar de abordar este álbum desde un solo ángulo es -tal como caricaturizó Liniers una vez-  intentar leer “Ulises” de Joyce sólo con la experiencia literaria de “El código de Da Vinci”.

 

Bauda en este disco ofrece Folk, Rock, Atmospheric, Progressive, Gothic e -incluso- Drone en ocho temas que están por sobre el promedio de los lanzamientos chilenos. A diferencia del anterior álbum, “Onírica”, la nueva producción por fin cuenta con una banda completa y no con un estresado Márquez grabando como loco todos las pistas; esto hace que los instrumentos cobren más vida, juegos y direcciones más alejadas del sonido floklórico y original de su primera placa. Sin embargo, el problema de “Euphoria” sigue siendo el mismo de Ulises: ser un gran disco muy poco accesible a los oídos del mundo, insistente en la monotonía, silencios, rupturas de esquemas y repeticiones para nutrirse a sí mismo. Las voces, por ejemplo, son las mayores ausentes del disco desde el inicio de la placa con ‘Ghost of Phantalassa’, donde los primeros minutos repiten insistentemente un grupo de compases principalmente basados en la percusión, pero intervenidos con precisos silencios y bajas de tensiones hacia la mitad del tema (adornados, por cierto, con fugitivas notas de bajo). En el segundo track ('Humanimals') la tónica se rompe con riffs de guitarras propias del Black, aunque menos saturadas, para luego ser distendidas y correctamente reemplazadas por sonidos más atmosféricos.

 

Otro logro que se presenta como problema al auditor ya está esbozado a estas alturas: el álbum, además de todo su problema de categorías que trae, es conceptual. Todo el disco se convierte desde entonces en una interpretación muy personal, onírica y alegórica del terrible caso de la ballenera de Quintay, uno de los símbolos más vergonzosos que tiene nuestro país en la explotación indiscriminada de los recursos naturales y maltrato animal (cada barco mataba hasta dieciséis ballenas diarias… como dato no más). Curiosamente, es a esta altura donde se da el tema más oreja, 'Silhuettes', que en realidad es como dos distintos: una parte de inicio acústico que mezcla de manera magistral lo metalero y lo Folk en un rasgueo hermoso, para luego adentrarse en fórmulas progresivas y voces nuevamente atmosféricas.

 

Nadie ha podido decirme bien qué es ‘Oceania’, pues aunque tiene rasgos de Post-Rock, sonido ambiental y utilización de elementos Goth hacia la tercera parte del tema, uno simplemente se desorienta en él. La música es más fuerte y los metaleros dogmáticos de mentes quizás se mueran de aburrimiento por la duración del tema y el uso de voces no convencionales, pero la canción se escucha a ojos cerrados. Es un trabajo musical maravilloso y tremendamente visual en cuanto el auditor siente un verdadero sumergimiento en el mar que va desde la tranquilidad de la costa hasta las turbias profundidades.

 

'The Great Escape' y 'Ascension' son -básicamente- temas hermanados. En el primero predomina la voz y la guitarra acústica, un ambiente totalmente reflexivo y evocador de paz que contrasta con la fuerte sensación de desamparo que el mismo álbum había estado dejando. La canción no es sólo paz, es mirada de un pobre marino sentado frente al mar, es la lágrima de un porteño que no entiende por qué predomina la producción por sobre el dolor, es el cetáceo mismo deteniéndose en medio de altamar a velar su tristeza, cuyo dolor al final de la canción va siempre en ascenso, con dolor y riff cargados de rabia.

 

El tema hermano conecta de inmediato con este dolor, luego de un largo pasaje instrumental “in crescendo” que se sustenta totalmente en la dupla de Recaberren y Díaz en los ritmos, los cuales permiten a Márquez trabajar con psicodelia y algo de fusión que no dejan entrar a la voz hasta pasado los cinco minutos. Con un ritmo ascendente, distorsiones y voces bajas que recuerdan mucho a Anathema, está canción se anota entre los mejores momentos de álbum. La tensión se distiende en los poco menos cuatro minutos del siguiente tema, 'Crepuscular', lugar donde predomina el sonido acústico como forma de relajar tanta presión.

 

Finalmente, 'Mare Nostrum? (El llanto de Quintay)' es la única canción que tiene voces en español, una narración de Ramón Márquez que rompe toda ilusión del escape, incluso preguntándose si una tonada de Víctor Jara hubiera servido para detener tanta locura. Un sonido experimental, cuencas de cuarzo de Pedro Chávez y las guitarras de Márquez imitando el canto de las ballenas dan a este disco un poético y desolador final.

 

Todo esto refleja una producción muy, muy, muy personal, de alto nivel y que está íntimamente relacionada con la infancia de César. Ni siquiera es Metal según él y estoy de acuerdo, es mucho más que eso y califica en las mejores producciones del año. Críptico desde su título hasta el último minuto, pero tremendamente evocador y emotivo; fome para gente sin paciencia, pero una maravilla para quien se de el tiempo: “Euphoria...of Flesh, Men an the Great Escape” es una obra de alta calidad cuyo único problema puede ser el público, pues es una verdadera corriente de la consciencia digna de Joyce, un “Ulises” musical entre las producciones nacionales del 2012.

 

Felipe Contreras Reyes

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