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DORSO

Recolecciones Macabras Del Campo Chileno

2012. Independiente
 
Podrá sonar cliché, pero no por eso es menos cierto: “más que una banda, Dorso es una institución”. Casi 30 años de historia, 7 discos publicados (sin contar sus registros en vivo), cientos de presentaciones en vivo y una no despreciable -y más importante aún- fiel base de fans sirven como ejemplo, pero también avala la afirmación de esa complicidad indiscutible entre una música permanentemente inclasificable y una lírica escandalosamente imaginativa cuyo producto -ofrendado casi íntegramente en español- nos conecta con una extraña forma de sentirnos chilenos.
 
Tan peculiar es el universo de estos santiaguinos, que en esta oportunidad desarrollaron un proyecto diametralmente opuesto -tanto lírica como musicalmente- a “Espacium” y al que Rodrigo “Pera” Cuadra le venía dando vueltas hace casi un lustro: viajar por las leyendas y los cuentos de misterio y terror de nuestro campo. El resultado final es una fusión entre el mencionado componente autóctono y la propuesta propia de la banda que, de cierta manera, termina postulando una interesante manera de ser metalero en Chile.
 
El trabajo -CD doble presentado en un precioso digipack- arranca con ‘Vacalaca’, poderoso tema cuya melodía inicial nos invita a hacer una especie de cabeceo zapateado, dada su indiscutible vibra de metal mezclado con folklore. La sección intermedia tiene un break asesino con harto tuca tuca, aderezado con melodías tradicionales de nuestra nación. Quizás el único punto débil es que el relato es tan nutrido, que la canción se torna algo extensa y repetitiva. No obstante lo anterior es un muy buen opening. ‘Recolecciones Macabras’, en tanto, parte con un trabajo de cuerdas pesadísimo, donde destaca la labor de Cuadra y continúa con un riff muy ganchero con cierto aire a ‘Disciple’, de Slayer. La sección de leads está notablemente acompañada por toda la carga progresiva que caracteriza al conjunto y las letras son impactantemente deliciosas (¿Qué tal la frase “esta larga y angosta faja de tierra tiene sus cuentos, algunos más siniestros que el propio Satanás”?)
 
‘El Vampiro del Cogollo’ es, en mi opinión, el primer highlight del compacto y uno de los destacados en la discografía del cuarteto, contando con una dosis de brutalidad inédita sostenida por los machacantes “blast beats” de Fran Muñoz. Agresión sin respiro que me recordó a temas del “Blasphemy” de Incantation. ‘Garrafa Cuesta Arriba’, por su parte, tiene un inicio con atisbos doomeros cuyo trabajo de guitarras cuenta con cierto parecido a ‘Moonchild Domain’ de Dimmu Borgir y que en su desarrollo incorpora sonoridades folk, presencia de trutruca, teclados, atmosfera y furiosos cambios de ritmo para musicalizar de manera magistral la historia del carrete de unos metaleros que se encuentran entre niebla y seres nocturnos.
 
Aura hipnótica inquietantemente seductora y con muchos guiños al Black Metal gracias a las capas creadas por los teclados, los coros femeninos casi vampíricos y un trabajo en guitarras agresivo y demoledor es lo que nos regalan ‘Cuero’, quizás una de las piezas más atmosféricas de la placa. Continua ‘La Resurrección de Don Westancio’, la que en su dimensión etérea rememora de cierta manera a lo que hizo Cradle Of Filth en su “Dusk And Her Embrace”  y en su sección brutal al LP debut de los Ingleses, además de ‘Visión Chilenoide’ -canción que cierra el primer compacto- donde también ponen ante nuestros oídos las tan características partes jazzeras que la banda viene ejecutando desde sus comienzos. Mención aparte para los leads de esta triada, los que están llenos de técnica y un feeling maravilloso.
 
Sin mayores aderezos, los chicos nos emplastan la violenta obertura del segundo disco con ‘El Carchancho’, 5 minutos comandados por un riff machacante y partes calmas algo más reflexivas que dan paso a ‘El Culebrón’, corte marcadamente experimental que cuenta con unos teclados con cierto halo a King Crimson o a los actuales Opeth y que en el último tercio fusiona de manera asombrosa el metal, el progresivo y el folklore dando forma a un tema diferente, pero brillante. Reconocimiento aparte merece “Pera”, el que desarrolla su trabajo vocal con un énfasis y dramatismo de alto impacto.
 
Más que una canción propiamente tal, ‘Walterio’ sirve como un puente entre el corte anterior y ‘Descensos en Chile’, el tema más extenso en la discografía de la agrupación y que representa una travesía de 18 minutos por líneas de piano, teclados atmosféricos, guitarras acústicas, pulso cinematográfico y riffs a la vena que atraviesan casi todo el espectro metalero, vocalizaciones con inspiración blusera, mucho progresivo, significativas cuotas de feeling y cientos de otros detalles que cada uno tendrá el gusto de descubrir. De hecho, la composición tiene tantos y tan diversos matices, texturas y rincones tan exquisita y maravillosamente cuajados, que me hicieron pensar en el alucinante LP 2001 de los noruegos Green Carnation (“Light of Day, Day of Darkness”); no tanto en lo musical, sino en la inteligencia para articular de manera coherente tal cantidad y diversidad de elementos. De hecho, varios han relacionado este “Recolecciones” con el impactante “Romance”, dado su marcado tinte “prog”, lo que es bastante acertado; sin embargo, me atrevería a decir con mucho respeto que el Dorso modelo 2012 es significativamente superior al de 1991.
 
Tras la maravillosa odisea vivida con “Recolecciones”, aparece la pieza que mejor sabor de boca me ha dejado de las 13 que componen la placa (‘El Triunfo del Metal Chileno’), la que más que una canción es derechamente un monumental manifiesto épico construido sobre la base de una genial combinación entre un mid tempo de carácter evocativo, aplastantemente, alucinante, el que ayuda a captar de mejor manera el mensaje y el metal más salvaje y virulento que los nacionales saben hacer. Para mí, una de las cumbres en la historia del grupo.
 
Cierra el trabajo ‘Pico de Gallina’, la que cuenta con un trabajo de guitarras tan veloz y crudo que me conectó con bandas como Autopsy. Sin embargo, no todo es chacalidad, pues este relato del Necronomicón encontrado en Talcahuano está armonizado por unas hermosas voces femeninas a cargo de Marcela Perales (cantante lírica y esposa del talentoso Yamal Eltit) y también cuenta con las ya habituales dosis de folklore y  progresivo que Dorso expresó a través de todo el minutaje, colocando  de esta manera un delicioso punto final a la obra.
 
A pesar de las similitudes entre las propuestas de ambos CD, cada uno de ellos tiene énfasis distintos que los dota de características propias: el primer compacto, por ejemplo, cuenta con composiciones más metaleras, más directas y la banda se pasea por sonidos Thrash, Death e incluso Black, de manera inédita hasta la fecha; el segundo disco, en tanto, tiene canciones con más atmosfera, exploratorias, más progresivas y donde recorren sonidos lejanos al ámbito más purista del metal, configurando un trabajo con mayores tintes experimentales.
 
Por cierto, como la misma banda lo reconoció, estamos en presencia de un LP con sabor chileno, no solo por las guitarras de palo o las trutrucas, sino por la perspectiva y el aproach compositivo en su conjunto. Existe, indudablemente, una intención de cueca y zapateo que definen la música, pero la producción tiene muy poco de acústico. De hecho, el componente anclado en nuestras raíces no es exagerado ni tiene un afán chauvinista, calzando de manera perfecta con el concepto de la placa y manteniendo su equilibrio, permitiendo de esta manera no mover un milímetro la identidad de la agrupación.
 
En consecuencia, encontramos a un Dorso aumentado exponencialmente: más complejo, con más capas y texturas, con mayor uso de guturales, más progresivo, más Thrash, más Death, más Doom, más Black e incluso, más pesado. Quizás lo único que no aumentó -enhorabuena- fue la atmosfera espacial y los tintes industriales de su anterior LP. Obviamente esto no es al azar, pues a través de los años cada uno de los músicos ha adquirido tal envergadura que terminan desarrollando performances magistrales, destacando especialmente el multifacético Fran Muñoz, quien ha permitido que la banda alcance otro nivel de ejecución, de fuerza, de matices y colores musicales, transformándose en la pieza que ayuda a dibujar a un Dorso más macizo, más compacto, más fluido y mejor trabajado. En síntesis, una banda más madura que quizás haya facturado su mejor opus a la fecha sin sacrificar sus admiradas características.
 
Mauricio Salazar
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