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KILL DEVIL HILL

Kill Devil Hill

 

2012. SPV
 
Durante toda su larga y reconocida carrera, el portentoso baterista Vinny Appice siempre puso su habilidad tras los parches al servicio de proyectos musicales donde otros músicos eran los “jefes” creativos. De esta forma, el baterista de 54 años desde muy joven tocó en discos de John Lennon y Rick Derringer antes de saltar al Heavy Metal como baterista de Black Sabbath en 1980, para luego acompañar a Ronnie James Dio durante varios años y discos en su banda solista, tener un paso por WWIII y sendos regresos a Black Sabbath y Dio antes de formar parte de Heaven and Hell. 
 
Por ello, tras la muerte de Dio, el baterista pensó que era hora de liderar por primera vez su propia banda y comenzó a componer temas, los que luego le mostró a su amigo y compañero en Dio, el bajista Jimmy Bain (Rainbow), quien se sumó al proyecto. Pero luego de un tiempo, el propio Bain se bajó del tren aduciendo complicaciones familiares. Tras ello Appice, se acordó de Rex Brown (Pantera, Down), a quién había conocido en 1992 en un tour de Pantera/Black Sabbath y supo que él era el indicado para el puesto. Brown escuchó el material y le gustó de inmediato, asi que ahora faltaba un guitarrista sólido y un vocalista potente, plazas que fueron ocupadas por Marc Zavon (guitarrista de gira de Ratt y WASP), y el cantante Jason Bragg (Pissing Razors). De inmediato el cuarteto se metió a grabar su disco debut y apenas estuvo terminado, salieron de gira con Adrenaline Mob, cosechando muy buenos comentarios de la prensa y los fans tanto por el disco como por sus sólidas y contundentes performances en vivo.
 
Y el disco homónimo no hace más que reflejar el historial musical de Appice, un Heavy-Doom clásicamente Sabbath con algunos toques de modernidad y oscuras melodías a lo Alice in Chains. Y el resultado es simplemente fantástico, con una colección de canciones muy bien trabajadas y producidas, como se refleja de inmediato en el acelerado inicio de ‘War machine’ donde la base de Appice y Brown reparte peso y groove en porciones iguales y la guitarra de Zavon suena gruesa, con cuerpo y muy fluída en los solos. Digno de destacar también son las grandiosas voces de Bragg que puede pasar de la melodía a algo más gutural si problemas. ‘Hangman’ continúa de gran forma el explosivo comienzo y aquí aparecen las primeras melodías a lo AIC, pero siempre con el beat de la batería de Appice, de un feeling exquisito y mucho peso específico, liderando la canción. ‘Voodoo doll’ completa una trilogía de apertura de los más contundente, donde Appice va acelerando los ritmos con su bombo ágil y pesado, acompañado de gran forma por grandes líneas de bajo y mastodónicos riffs de guitarra. La gran química musical de la banda se percibe en cada surco.
 
Con ‘Gates of hell’ llega el momento del Doom, lento, pesado y arrastrado. Para hacer aún más oscuro y macabro el ambiente, al inicio del tema incluso suena un terrorifico ringtone de un iPhone como apoyo en los efectos de sonido. Aquí Vinny Appice está en su salsa tocando con su habitual peso demoledor que emerge de sus manos y piernas, golpeando su kit con una técnica tremenda. ‘Rise of the shadows’ sigue en una línea Sabbath absolutamente purista, tirándote un paredón de sonido encima, con crujientes riffs de bajo y guitarra y nuevamente con un Appice estelar, haciendo redobles, breaks y “masas” llenos de magia con su espectacular estilo de batería old school. Y si quieren más Doom, ‘We’re all gonna die’ rebosa melodías lentas y desgarradas a lo Alicia encadenada y es que de verdad pareciera que el propio Jerry Cantrel fuera el creador de estos estupendos riffs. Jason Bragg sin duda es un gran cantante que encajó como un guante con la música de la banda, sabe cuando seducir con una melodía y cuando pasar a un grito desgarrador, un vocalista dúctil, efectivo y con una gran presencia escénica.
 
‘Strange’ el primer single y video, tiene un groove simplemente infeccioso, con algún leve resabio de Pantera y COC, la banda se mueve como pez en el agua y suena ajustádisima, totalmente compenetrada, quizás por ello el propio Vinny Appice describió el sonido del grupo con una frase de antología: “This band sounds tight as a fuck” (no me pidan que se los traduzca). La recta final del disco emerge con la energética ‘Old man’, con un deje sureño, muy a lo stoner de COC, para pasar a la más acústica y baladística ‘Mysterious ways’ en plan Led Zep. ‘Up in flames’ es un track bastante himnótico donde Bragg usa tonos bien altos que fluyen en el aire, montados una vez más sobre una genial base rítmica, de una banda que pareciera que llevara años tocando junta y no sólo unos meses. El último track de la placa es ‘Revenge’, y es el último sólido combo de un disco gratificante y soprendente, donde hay un gran cuerpo de trabajo, mucha pasión y dedicación y un puñado de músicos, que ha pesar de ser veteranos de mil batallas, nos entregan un disco fresco, atractivo, monolítico y absolutamente disfrutable. No siempre los súper grupos o los grandes nombres logran plasmar un trabajo de calidad a la altura de sus pergaminos, pero Kill Devil Hill es un grandísima sorpresa. Ojalá hayan llegado para quedarse. ¡Felicitaciones maestro Appice, lo hiciste!
 
Cristián Pavez

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