2007. RoadrunnerA mediados de los noventas, cuando todos quedaron peinados para atrás con “Burn My Eyes” ni el más osado de los predicadores, habría vaticinado una debacle como la que experimentó Machine Head cuatro años atrás; un cúmulo de infortunios cuya primera estocada se vio en un abrupto despido de su compañía de años, pasando por la falta de un guitarrista estable y un nulo interés en su tierra natal, tanto por presentaciones como hacia cualquier tipo de prensa o publicidad.
La respuesta a todos los problemas y razón predominante de la resurrección artística de los cabezas de maquina tiene nombre y apellido, Phil Demmel. Su llegada se efectuó en el instante preciso, cuando en el resto de la banda ya se pensaba en colgar los botines tras casi humillarse por obtener una acogida corporativa; incluso Rob Flynn estaba considerando la posibilidad de enlistarse en las huestes de Drowing Pool, hasta que llegó el espaldarazo de su ex dupla de Violence, para tomar las riendas en el asunto y dar un vuelco digno de final de filme de acción a una situación que pintaba para catástrofe.
“Through the Ashes of the Empires” fue claramente un digno aperitivo para comenzar a degustar nuevamente los atributos de lo que fue en su momento –en el año previo a “The More Things Change”-, el más firme candidato para suceder en el trono a Pantera y una de las revelaciones del metal de fines del siglo XX. Pese a haberse realizado contra la marcha, ese disco los puso en la cima de las listas y marcó un inédito reencuentro con la filial norteamericana de Roadrunner.
Toda la seguidilla de updates acerca de este disco, no dejaron indiferente a nadie. Desde el anuncio de temas que sobrepasarían los 9 minutos, a la autocomplacencia de Flynn por las nuevas composiciones. Nada nuevo bajo el sol para el que conozca la pretenciosa personalidad del frontman, quien en cada fase previa a un lanzamiento posterior a su aclamado debut, se despachaba reseñas con puras flores.
Machine Head tras varios años inmersos en una pelea inservible, estando en algunas oportunidades al borde de caer en la lona noqueado, logró sobreponerse a cuanta condición adversa se cruzó en el camino, afloro de recuperación que tiene en “The Blackening”, un precedente más que valedero para sacar pecho. No sólo porque hablamos del único disco que en su totalidad expele el espíritu de su obra prima “Burn My Eyes”, sino porque con propiedad podemos situarlo a la altura de su debut o a lo bajo como lo mejor que han sacado desde su clásica entrega de 1994.
Les aconsejo no caer en juicios apresurados, no nos referimos a una fotocopia de sus “Golden Years” y eso queda claro al sólo desglosar la apoteósica"Clenching the Fists of Dissent", un popurrí del mejor thrash con tintes progresivos e inagotables cambios de más de diez minutos; sólo en esta primera pieza la impresionante cantidad de momentos denotados hace pensar que lo que viene después, difícilmente pueda inquietar o sorprender.
Treinta segundos de la devastadora “Beatiful Morning” enunciada a todo pulmón por Flynn con un enérgico “Fuck You All!”, bastan para sepultar cualquier inferencia realizada a corto plazo. Los instantes melódicos son más que oportunos y el frontman se luce como de costumbre con sus cuerdas vocales, incluso me atrevería a decir que estamos en frente del trabajo de voces mejor logrado de su carrera.
Con una partida cuya reminiscencia automática apunta a “None But My Own”, sigue “Aesthethics of Hate” una endemoniada protesta contra el controvertido artículo realizado por William Grim, colaborador del conservador sitio Iconoclast, en donde se ataca sin compasión al fallecido Dimebag Darrell y a la comunidad metalera; la estructura del corte al menos en su primera mitad es lo más hardcore que se le ha conocido a Machine Head desde “Struck a Nerve”.
Dentro de los condimentos más característicos del cuarteto cabría “Now I Lay Three”, el instante más calmo que siempre se incluye en un disco de los headbangers de Oakland. Estando al tanto del apego generacional y vínculo pasado que existe entre Phil Demmel y Rob Flynn, mal que mal formaron una de las duplas más letales de la vieja escuela de la Bay Area -o si no revisen “Opressing The Masses” o “Eternal Nightmare” de Violence-, se supone cierta compenetración, pero hay extractos en “Slanderous” o “Wolves” que definitivamente te dejan pidiendo clemencia. Una sobrecogedora exposición de solos donde ambos melenudos se lucen hasta la saciedad y es un verdadero banquete para el oído.
“Halo” compila todos los elementos narrados anteriormente y les da una textura uniforme, cuyo bálsamo principal es el registro vocal del inspirado Flynn que en “The Blackening”, acerta en todos los roles habidos y por haber; renacimiento puro sin lugar a dudas. Una densa composición con aire de balada pero que por su complejidad estructural esta lejos de ese tipo de pasivas composiciones hechas para el karaoke.
La impresionante “A Farewell to Arms”, cuyo título homenajea al galardonado libro del escritor y Premio Novel de Literatura, Ernest Hemingway, es una majestuosa y épica canción que también supera la barrera de los nueve minutos y posee una riqueza en recursos simplemente encomiable. Un broche de oro que solo aporta números positivos en la sumatoria final de “The Blackening”.
Los cabezas de máquina han despertado a su bestia y se han aventurado en un trabajo magistral cargado de honestidad, poder y técnica. Habiendo escuchado los advance de Megadeth y Shadows Fall, sumado a la confirmación de lanzamientos para este año, es poco probable que alguien les haga la pelea en este 2007 dentro de lo mejor del año. Ya los novicios “Wanna be Metallica” Trivium, pagaron caro el precio -a base de pifias ensordecedoras- de tocar después de Machine Head hace algunas semanas, durante un tour nacional del que también participaron Lamb of God y los franceses Gojira. A prepararse retadores, la tienen más que difícil.
Francisco Reinoso Baltar