
2012. Century Media
En sus más de 30 años, la biografía de esta leyenda está llena de hitos. Pocas agrupaciones en la historia de la música tienen el honor de erigirse como pioneros y fundadores de un estilo, señal suficiente e inequívoca para subirlos al pedestal. Sin embargo, hace aproximadamente 15 años, el escenario era bastante menos decoroso para los ingleses, puesto que la banda entró en una profunda crisis –sobre azul a “Barney” incluido– que amenazaba su existencia. A la postre, lo que parecía el abismo terminó transformándose en el punto de inflexión que le dio a los europeos el empuje para seguir adelante y transformar otro conflicto (su pelea con Earache por la falta de apoyo de la etiqueta, debido a las exiguas ventas en USA de “Inside The Torn Apart” y “Words From The Exit Wound”) en la matriz del magnificente acto del que hemos podido disfrutar a partir de “Enemy Of The Music Business” (2000, Dream Catcher Inc.)
Desde ese entonces Embury y sus secuaces se han dedicado a consolidar el estilo “In Your Face” e inmisericorde que, con un pie en sus raíces, han desarrollado durante el tercer milenio, obsequiándonos en esta ocasión “Utilitarian”, verdadero compendio de brutalidad incesante y violencia musical reivindicativa.
Las luces se encienden con ‘Circumspect’, instrumental slow tempo que a pesar de no ubicarse dentro de las coordenadas del Grindcore, reparte sendas dosis de inquietante elegancia con un aura levemente industrial, voces sampleadas, groove y mucha atmosfera, ejemplificando de gran manera que puede existir diversidad dentro del vértigo. Sin embargo, si creíamos que todo sería solemnidad, el cuarteto se saca el frac para dispararnos justo en medio de los ojos con ‘Errors in the Signals’, un latigazo de principio a fin que no solo pone las cosas en (des)orden, sino que también nos hace envidiar la vitalidad de “Tornado” Herrera, quien a sus 42 años castiga los tambores como un verdadero veinteañero.
‘Evreday Pox’ nos envenena con la misma dosis de ‘Errors…’, regalándonos además la primera sorpresa del registro al presentar al notable John Zorn, quien mete unas notas de su inconfundible saxo alto, timbrando de esta forma un gran momento avant garde y ayudando a llevar al siguiente nivel la deliciosa aura de caos y frenesí a la que nos tienen acostumbrados los de Birmingham. Los cambios de ritmo (varios de ellos bajando la velocidad) que caracterizan a ‘Protection Racket’, en tanto, hablan de la versatilidad y el talento de los chicos, quienes en el quinto corte (‘The Wolf I Feed’) vuelven a asombrarnos con ese inicio ganchero (casi “rockanrollero”), la voz desgarrada de Harris y una sección a la Fear Factory que redondea un corte diferente, pero completamente distinguido.
El recuerdo de su anterior placa se hace presente con ‘Quarantined’, el que tiene un trabajo de guitarras muy parecido al del tema que daba título al CD 2009; acompañada también de variaciones en los tiempos muy bien logradas. Por otra parte, si la palabra respiro estuviese en el vocabulario de los británicos, su expresión sería ‘Fall On Their Swords’, composición que en largos pasajes recorre los caminos de la calma y que -en su mitad- abre paso a unos coros multitudinarios y grandilocuentes (que ya habían aparecido, por ejemplo, en ‘Order Of The Leech’), los que dejan una cierta sensación de opresión. Por cierto, el diseño de esta canción me recordó a ‘When All Is Said And Done’, de “Smear Campaign”, porque al igual que la mencionada pieza, perfectamente podría alzarse como single.
Continua con esta suerte de sección “lenta” la ondera (en la lógica Napalm Death, por supuesto) ‘Collision Course’, la que a su vez se hermana con ‘Orders of Magnitude’. Esta canciones de alguna manera rememoran los trabajos que los de la isla produjeron durante la segunda mitad de los 90’; sin embargo, no hay de qué preocuparse, pues esta decisión obedece más bien a una incorporación de elementos que dotan de matices a la placa y en ningún caso representan una modificación en la intencionalidad artística, lo que queda demostrado con ‘Think Tank Trials’, verdadera inyección de virulencia y apocalipsis sonoro. ‘Blank Look About Face’, por su parte, es quizás el corte más débil de este esfuerzo, pues carece de la fiereza y determinación que abundan en el resto del compacto.
El último tercio del la placa se inaugura con ‘Leper Colony’, donde vuelven a aparecer los coros de ‘Fall…’, pero esta vez sobre la base de una composición inmisericorde y despiadada, características que comparte ampliamente ‘Nom de Guerre’, 66 segundos de artillería pesada donde la banda pareciera sonar incluso más intensa que de costumbre, recordándome por alguna razón a los suecos de Nasum.
Ya acercándonos al final del opus aparece ‘Analysis Paralysis’, tema que tuvimos la oportunidad de conocer el 16 de Enero (fecha en la que se liberó el E.P. del mismo nombre y que cuenta con video clip) y que se alza como una buena muestra del conjunto del álbum (posiblemente por eso lo eligieron como single), aunque por las razones mencionadas no resulta especialmente novedoso.
‘Opposites Repellent’, en tanto, continua castigando y prepara el terreno para un cierre maravillosamente escalofriante a cargo de ‘A Gag Reflex’, el que tiene una aceleración comandada por un riff arrastrado y machacante que se complementa a la perfección con los doble bombos de Danny, sección que de alguna manera trae a la memoria algunos pasajes de la época deathmetalera del conjunto (álbum “Harmony Corruption”, específicamente). Gran punto culmine para un notable álbum.
Es cierto, de los Napalm se ha dicho casi todo, por lo que cuesta hacer un análisis que no raye en la siutiquería o el lugar común. No obstante lo anterior, y asumiendo los riesgos, es necesario decir que estas glorias del metal mundial siguen acumulando elogios, porque sus vitrinas exhiben trofeos que otros ni siquiera sueñan con alcanzar. ¿O es que existen muchas bandas en el planeta que cuenten 31 años de vida con toneladas de ejercicios discográficos casi sin puntos débiles?
Por cierto, es admirable que un colectivo con ese background solo sepa de superación, lo que se expresa en la entrega de discos con patente de imprescindibles uno tras otro. “Utilitarian” no es la excepción. La obra es brutal, veloz, grind, crust, sin contemplaciones; pero también es audaz, diversa, actual, siendo capaz de recorrer distintos ángulos que permiten mejorar su propuesta haciéndolos sonar frescos (ahí está Zorn con su Saxo Alto, ahí también las voces a lo Burton C. Bell, por citar un par de ejemplos) sin resignar sus convicciones.
El apartado técnico es otro highlight: tal vez me equivoque, pero este es uno de los álbumes que mejor suena en toda la historia del conjunto (si es que no el número 1). Está impecablemente bien producido, mezclado y ejecutado, permitiendo percibir nítidamente las performances de cada uno de los músicos sin necesidad de sonar pretensioso o sobreproducido. La alianza estratégica con Russ Russell, obviamente, tiene mucho que ver en eso.
Así, la vibra de este Larga Duración, esa sensación que te deja un disco y que no puedes expresar con palabras, me pareció inmensamente atractiva y cautivante. Para mi representa la síntesis de varios elementos arrojados en muchos de sus discos, sobresaliendo la vibra, el groove y el gancho de “The Code Is Red…” y la variedad de elementos, la atmosfera y la inteligencia de “Smear Campaign”, en mi opinión los mejores (junto a “Utilitarian”) de la “Russell era”.
No podría ser de otra manera: “inspirador” y “satisfactorio” son las palabras que más se repiten cuando constatamos que una agrupación tan legendaria y longeva no resigna ni transa nada y que, con el correr de los años, sólo acumula victorias gracias a su música, pero también a esa entrañable ética que los define e identifica.
Mauricio Salazar Rodríguez
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