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OPETH

Heritage

2011. Roadrunner Records

 

Tres años después del lanzamiento de “Watershed” y luego de una gigantesca gira por todo el mundo, Opeth vuelve a sorprendernos con un álbum que ha dejado a fanáticos -y no tanto- rayando la papa con uno de los discos más experimentales de Mikael Akerfeldt y compañía. Y es que “Heritage” viene a quebrar con todos los esquemas impuestos hasta ahora por los suecos, los mismos que con el tiempo los han acercado cada vez más al progresivo de finales de los setenta.

 

Si tuviésemos que decir cuál es la influencia más clara en este disco, podríamos decir que es la musicalidad oscura y vanguardista de King Crimson; sin embargo, acá lo más relevante fue la estrecha relación que tiene Mikael con Steven Wilson de Porcupine Tree. Lo cierto es que Wilson siempre ha sido un tipo que experimenta con la música, compartiendo criterios con un Akerfeldt que también está en constante búsqueda de nuevos sonidos que puedan enriquecer a Opeth.

 

La verdad es que -si bien había varios presagios- nadie podía augurar a ciencia cierta el cambio estilístico que sufrió Opeth. Es más, ni siquiera Mikael tenía bien claro qué iba a hacer. Al momento de comenzar a componer, hizo los dos primeros temas muy en la onda del último disco, pero esta vez sin la utilización de los guturales (algo que ya habíamos visto en el “Damnation”). Es así como después de la Intro ‘Heritage’, donde destaca la interpretación del invitado (y hasta ahora sesionista) Joakim Svalberg y su teclado, notamos un Opeth renovado que procura despegarse tangencialmente de lo realizado hasta ahora. ‘The Devil's Orchard’ suena más progresiva que nunca, con un bit muy rockero y definitivamente lejano al Metal. La melodía de la guitarra se mezcla con una batería disonante y un teclado muy setentero que acompaña en todo momento a la voz limpia de Akerfeldt. La parte intermedia, fantástica, dándole preponderancia al bajo que sutilmente crea atmósferas oscuras con su línea melódica. El final, denso y tétrico, dando un excelente pie para la guitarra acústica del inicio de ‘I Feel The Dark’, un tema con mucha una ambientación muy sutil, pero efectiva, que desemboca con el correr de los minutos en otra composición de toques muy progresivos y ciertas pinceladas del electrónico más ambient.

 

Mikael hasta acá pensaba hacer sólo un par de canciones “similares” el disco de 2008, pero nada de eso ocurrió. En plena composición se dio cuenta que todo el álbum debía ir en esa tónica, extremando los recursos más progresivos y rockeros, que los metaleros más clásicos. Es más, ‘Slither’ tiene una mixtura muy peculiar; suena como un Queensryche más oscuro, con el toque que sólo Akerfeltd puede entregar. Una rola corta y muy movida.

 

En adelante el disco se pone aún más denso. ‘Nephente’ tiene claros toques de Jazz, que se mezclan con un fresco Doom y tintes de la vieja escuela. Algo similar sucede con ‘Haxprocess’, un tema que comienza muy denso y disonante, pero que con el correr de los minutos se transforma en una de las canciones con el sonido más Opeth del disco (pese a que ya dijimos que este álbum -en general- no tiene casi nada que ver con todo lo realizado anteriormente). Este tema guarda además un inicio psicopático, la banda sonora de lo que podría ser perfectamente una película de suspenso. Una de las mejores canciones del álbum, sobre todo ese solo final que juega libre en compañía del bajo.

 

‘Famine’ guarda toques de Oriente Medio de la mano de las flautas de Björn Jason Lindh, mientras las percusiones tribales de Alex Acuña se ven amenazadas por unas risas maquiavélicas. Corte directo, y el piano se hace presente en una composición que se desata con un toque progresivo muy de los setenta. Los vaivenes son constantes, una montaña rusa por diferentes sonidos que hacen de esta una de las mejores del CD.

 

El disco continúa con la más rockera y muy intensa ‘The Lines In My Hand’, para seguir con ‘Folklore’, la canción más extensa del disco y un resumen de lo expuesto en todo “Heritage”: desde los espacios más densos y oscuros, hasta los acústicos de un Akerfeldt de voz limpia. Un final épico que sólo se cierra con la instrumental ‘Marrow Of The Earth’, el toque final para este disco que termina en una onda muy melancólica.

 

Otra de las cosas interesantes en “Heritage” es su portada, explicada muy bien por el mismo Mikael: “El árbol representa la banda floreciendo en el presente, mientras que sus raíces ‘bajando al infierno’ representan la historia Death Metal de la banda. Las caras en el árbol son los miembros actuales, con la cabeza de Wiberg cayendo del árbol puesto que él estaba en la banda durante la grabación del álbum, para dejarla poco tiempo después. Los cráneos abajo del árbol representan a los miembros anteriores”.

 

“Heritage” comenzó a escribirse en Septiembre de 2010, para ser grabado en Enero de este año en Atlantis/Metronome en Estocolmo. De ingeniero nuevamente estuvo Jens Brogren, pero esta vez fue el mismísimo Steven Wilson el mezclador. Por ahí también viene un poco esa cercanía con los últimos trabajos de Porcupine Tree, abduciendo las sonoridades metaleras para dejar desnuda la columna vertebral de Opeth, rock-doom progresivo. Es cierto, a ratos se echa de menos un gutural o las potentes guitarras de otros discos; sin embargo acá la propuesta es otra, y para Akerfeldt éste es el presente de Opeth, una banda que está en constante evolución y que cada día sorprende más.

 

Rodrigo Bravo Bustos

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