
2011. Mechanix Records
Es cierto eso de que en el metal hay espacio para todos, pero también es cierto que no todos pueden hacer buena música. Desde que la música se hizo un producto masivo, hemos visto bandas que no sólo se preocupan de hacer canciones que sean del agrado de sus integrantes, sino que también hay muchas que han visto en esto un negocio. No obstante… ¿cuál es la fórmula del éxito?
Pareciera ser que hay una banda chilena que pareciera tener esa fórmula. Al menos se trata de la misma fórmula que se está ocupando en Europa, con bandas como Amaranthe, esas que sobre los riffs aguerridos muy del metal melódico sueco, incluyen una voz femenina que además guarda una estupenda presencia.
Sacramento es uno de los proyectos que se ha presentado con los mayores atributos comerciales del último tiempo. De hecho, ya en su concepción el objetivo era ese, llegar a impactar de una u otra manera el mercado nacional e internacional. Sólo a modo de profundizar en el tema, les cuento que este proyecto se viene gestando desde el 2009, cuando Alejandro Espinosa (en ese entonces UDK) ya tenía varios de los temas que hoy forman parte del repertorio de Sacramento.
No resulta extraño que el sonido de la banda tenga que ver con la movida sueca, puesto que otro de los músicos que formó el proyecto es el ex Kanatrán, Francisco Martin, quien junto a los ya mencionados y Jorge Guerra en la batería, dieron forma a Sacramento. Luego del EP homónimo de 2009, los nacionales ya se encuentran en forma para presentar el primer larga duración titulado “Weight Of Sin”, una verdadera sorpresa para la escena chilena que a veces no resulta tan original, ni vanguardista.
El disco comienza con ‘Left Hollow’, un hit metalero que perfectamente podría sonar en cualquier radio del mundo. Muy actual, con bases melódicas que se hacen vertiginosas con el correr de los minutos, entre la placentera discordancia de las voces limpias de Laura y los guturales de Alejandro. Algo distinto sucede con ‘Let The Death Embrace You’, un tema mucho más arrastrado, denso, pero que guarda en la simpleza de las guitarras una exquisita sonoridad que se complementa con los teclados ambientales y la muy correcta voz de Laura. Sin embargo, el final resulta inconcluso, tanto que podría verse como un aspecto positivo, pues en verdad quedan ganas de más.
‘Forsaken’ es un tema de menos de 3 minutos, bastante radial, pero que no sé si sea lo mejor de la banda. Entiendo que la canción busca ser un single, pero creo que le falta un poco de potencia. Destacados eso si son los puentes que hace la guitarra, muy al estilo de At the Gates. Para continuar, ‘Purple’, una estupenda canción que resulta casi una balada oscura y muy metalera. A mi parece uno de los grandes temas del disco, que guarda fantásticos toques ambientales y pequeños solos de guitarra que la enriquecen profundamente.
‘Everything To Waste’ retorna con las primeras sonoridades del disco, estupendas bases de riffs pesados, toques ambientales y la duplicidad de unas voces que correctamente cumplen con su cometido. ‘Falling Apart/Save Me My Son” es mucho más experimental: un teclado que abre paulatinamente los primeros sonidos de una guitarra muy sobria, mientras Laura despliega la línea melódica vocal, que es la que finalmente sobresale en esta composición muy melancólica.
Para despegarnos un poco de lo anterior, resalta uno de los mejores temas de la banda, ‘Die Alone’, que ya era conocido por abrir el EP de 2009 y que además tuvo su versión en español, “Fallecer”. ‘All Betrayals’ es mucho más moderna, con una guitarra que se despega en gran medida de los clásicos sonidos del metal melódico y se acerca más a lo moderno que está haciendo In Flames. Destacados son los coros limpios, que dan nuevos matices a los ya entregados por la voz de Laura.
Para ir finalizando el disco: ‘Forgotten In Time’ y la más oscura ‘Take Me Away’ dan los últimos toques a un álbum que sorprende gratamente con un sonido que si bien se realiza en otras partes del mundo, resulta original para nuestra escena. Es cierto que Laura acusa falta de matices, pero su color es perfecto para este proyecto, donde sin duda destacan las guitarras de Espinosa.
Hay que reconocer que a Sacramento le falta algo para encontrar un sonido propio, pero el camino se está pavimentando con composiciones que van más allá de un simple proyecto metalero convencional. Si en el mundo hay bandas como Amaranthe o -incluso- el último disco de James LaBrie, que cuenta con la participación Peter Wildoer de Darkane, no me resulta extraño que en esta parte del mundo haya un Sacramento que pretenda hacer música profesional al nivel de los grandes de la escena internacional. Todo el éxito para este proyecto debutante, pues se augura un gran futuro.
Rodrigo Bravo Bustos
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