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SAINT VITUS

Lillie F-65

2012. Season of Mist

 

Luego de haber sacado aquel maravilloso disco “Die Healing”, por allá en el lejano año de 1995, los californianos no habían vuelto a dar señales de vida con una nueva placa que viniera a reafirmar que estos pilares del Doom -y referentes de muchos grupos- aún siguen en la lucha y de buena manera.

 

“Lillie F-65” es la octava placa de Saint Vitus y el cuarto álbum con Scott Wino en la voz, transformándose en una esperada reunión de estudio, y digo esto porque después de 22 años (exceptuando el hecho de que el baterista ícono de este grupo, Armando Acosta, ya no se encuentra, debido a su lamentable deceso el año 2010) volvemos a contar con el line-up que nos entregó placas tan intensas y recordadas como “Born To Late”, “Mournful Cries” y “V”.

 

Este nuevo disco es un regreso impecable, ya que es como si se hubiese congelado el tiempo. Todo se mantiene intacto, la voz limpia, poderosa, agonizante y a veces hasta emotiva de Wino. Las guitarras saturadas y sucias del mismísimo Dave Chandler acompañando los crudos relatos del frontman. La lentitud, firmeza y potencia de la base rítmica del bajo de Mark Adams y la batería del nuevo integrante Henry Vásquez. Lo mejor es que todo este disco suena con una calidad de audio que ninguno de sus discos anteriores presenta, sin dejar de lado la suciedad y obscuridad que caracteriza a Vitus.

 

Todo comienza con el tema ‘Let Them Fall’, un track de casi cuatro minutos y muy típico de esta banda, es decir, lento, arrastrado, con una voz que va de la mano con el riff de la guitarra. Es la primera carta de presentación en la que podemos percibir este nuevo sonido más prodigioso, que de alguna forma puede desconcertar hasta al más fanático de los “doomeros”. Luego sigue ‘The Bleeding Ground’, un tema que comienza con un acople de Chris para dar paso al riff que me trajo inmediatamente a la memoria el comienzo de ‘Dying Inside’ (“Born Too Late”); pero todo cambia cuando en los 35 segundos entra la voz de Scott, dando a entender que a pesar de los años su tono sigue intacto. En esta canción hay un juego interesante en ciertas partes donde va sólo la voz con la batería y la guitarra de Chandler se inmiscuye entre verso y verso. Luego, a los cuatro minutos aproximadamente, queda sonando un acople que antecede a un cambio de riff que hace la guitarra. El ritmo se apura y Chandler aprovecha para mostrar sus dotes en un solo muy a su estilo, bien sucio y lleno de “wah wah”.

 

Luego de estas dos primeras entregas llega ‘Vertigo’, un tema instrumental semi-acústico donde las guitarras fueron compuestas por Wino y es justamente él quien nos muestra sus dotes interpretando este tema, algo corto quizás, dos minutos y algo. Un interludio absolutamente melancólico y sin trabas que da el paso a ‘The Blessed Night’, canción que el grupo ya había estado tocando en vivo desde antes del lanzamiento del disco y que formó parte del Ep denominado de la misma forma.

 

Toda la oscuridad regresa de la mano de ‘The Waste of Time’, tema número cinco de la placa y en el que volvemos a lo lento, a lo arrastrado, casi seis minutos de un Doom clásico, potente y directo a la vena, sin trabas, sin complicaciones, sólo Vitus. Continuamos con ‘Dependance’, el que muchos han catalogado como el mejor tema del álbum; con una introducción más melodiosa de aproximadamente un minuto veinte, un silencio y el comienzo con un riff lento, oscuro y tenebroso. Aquí se encuentran reunidos muchos de los elementos de las composiciones de Saint Vitus: saturaciones, melodías, riffs pegados y solos sucios. De hecho, en los tres minutos con veinte, empieza un solo absolutamente saturado por parte de Chadler que parece interminable y de fondo se sigue escuchando la potente base rítmica que lleva el bajo y la batería. Luego en los cinco minutos queda sólo la guitarra, acoplando con unas voces extrañas que se escuchan cada cierto rato. Por último y después de ejecutar un solo atmosférico, el riff principal del tema vuelve a sonar en los seis minutos. ¡Simplemente Vitus!

 

Todo termina con ‘Withdrawal’, que viene pegada junto con el final del tema anterior y que es la continuación del acople con el que termina ‘Dependance’. Casi cuatro minutos de acople y ruidos fantasmales de unas voces que podemos escuchar cada cierto tiempo.

 

El disco es un amor a primera vista para todos los fanáticos de esta banda, pero cuando ya le das una segunda vuelta puede que encuentres ciertas cosas que no te convenzan o simplemente que no te gusten, como por ejemplo: el exceso de acoples y el tema con el que finalizan, que al final transforma esta propuesta en una placa de seis temas y no de siete. De hecho he leído en algunas partes y he escuchado comentarios como que “el séptimo tema pudo haber sido otra canción en vez de esos acoples”. En fin, yo creo que “Lillie F-65” es un buen regreso, una vuelta honesta y sin pretensiones por parte de los californianos, que a pesar de las críticas que se le pueda hacer, vale la pena darse el tiempo de escucharlo seas un adicto al Doom o no.

 

Julián Inostroza

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