
2012. Trust No One Recordings/Denovali
Los suecos de Switchblade fueron conocidos por años como un cuarteto, luego como un trío y ahora como un dúo, ya que uno de sus miembros fundadores se dedicó a otras cosas (el bajista/vocalista Anders Steen abandonó la banda después del lanzamiento de su quinto álbum en el 2009). Ahora Switchblade es: Tim Bertilsson (batería) y Johan Folkesson (guitarras).
Su nuevo álbum “S/T” (2012), con el sello Denovali Records, circula por un camino casi demoníaco. Desde el rumbo establecido en el “Switchblade” del 2000, publicado hace unos tres años ya después de que se reunieron, este “S/T” hace lo mismo estéticamente hablando, con mucho de la clase de dogmas que la banda ha desarrollado a lo largo de su década y media de existencia, presentándolo todo en tres movimientos extendidos, cada uno con su propia progresión, definición y elementos sobresalientes.
“S/T” rompe con ‘Movement I’ (14:34), que lentamente va bajando hacia ‘Grave I/Dissonance I/Coda I’, ‘Movement II’ (10:48), ‘Nocturne/Mezzo/Coda II’ y para finalizar ‘Movement III’ (11:33) junto al ‘Grave II/Dissonance II/Elegy/Finale’, por lo que la impresión que tenemos aquí es de que se trata de un solo gran tema, trabajado principalmente bajo el aspecto instrumental y unido por diversas melodías. Pese a lo expuesto, igualmente cada uno de estos tres movimientos posee su propia identidad dentro de esta gran marcha fúnebre, dirigida principalmente por la campana del ride de la batería.
Para este “S/T” Switchblade ha invitado a algunos músicos amigos, entre ellos al gran Per Wiberg (Spiritual Beggars, Candlemass, ex Opeth) en el Hammond B-3, cuya interpretación puede ser simplista y minimalista, casi limítrofe, pero acaba convirtiéndose en un avión no tripulado, obligatorio para el ambiente que se trata de recrear. Casi como un dolor de cabeza palpitante que no parece querer irse, pero con el cual viajarás sabiendo que parte de la solución es tomar ese dolor y convertirlo en algo tuyo… hasta cómodo.
En cuanto a los demás ilustres huéspedes podemos mencionar a Jonas Renkse (Katatonia) -cuya aparición es casi blasfema-, David Johansson de Kongh, The Cuckoo (vocalista de Terra Tenebrosa) y el mencionado “Key Master” (Per Wiberg), dando forma a la atmósfera de Switchblade de una manera enorme. Aunque las voces aparecen casi en la segunda mitad del álbum, su integración es perfecta y exacta con el concepto de estos tres movimientos. Desde hace mucho tiempo los fanáticos de Katatonia deben estar interesados en saber si Renkse aún puede gruñir y aquí hay una prueba de que… ¡claro que si! Renkze no se basa en el enfoque emocional limpio que está acostumbrado a ofrecernos con su banda, aquí ha dejado a Johansson (Kongh) las voces limpias, medio habladas y perfectas para el conjuro que se enciende en las capas que conforman el ‘Movement II’. La aparición de The Cuckoo en ‘Movement III’ es de temer, y tan sólo luego de su bizarra aparición en la segunda mitad de ‘Movement I’, cuando crees que el tema está por terminar, es justo cuando te das cuenta de que todo forma parta de una misma canción, transformándose simplemente en otra, y a partir de ahí las cosas sólo van cuesta abajo (metafóricamente hablando claro está). Enfréntate a otro paseo.
Si bien estos tipos pueden ser llamados “Drone Metal”, yo diría que son un poco más que eso. Para mí, el Drone es estar tocando una nota y permanecer allí durante toda la canción o incluso el álbum. Aquí hay algo de melodía, pero obviamente más lenta de lo normal. El camino para llegar hacia el final de esta placa es una prueba de resistencia, y eso es lo divertido. Entendiendo estos métodos sabremos el camino lento e irresistible que han tomado dos hombres al hacer esta música bajo el nombre de Switchblade.
Este disco tiene algunos grandes momentos, cada canción tiene una parte que realmente patea traseros. El problema es que Switchblade toma el camino más largo para desarrollar sus temas y eso es algo que puede aburrir a algunos, mucho más dentro de este género. Es pesado, no se puede negar, pero si lo tomamos de una manera más exigente, alrededor de la mitad de ella es "esto es asesino!" y la otra mitad "sí, como sea". Recomendado para oídos más arriesgados.
Alexis Pérez Escalante