Miércoles 25 de Julio de 2012 – Teatro Caupolicán
Probablemente ni la imaginación más afiebrada hubiera concebido un julio como el que tuvieron los metaleros chilenos, pues el séptimo mes del año se convirtió en el momento en el que recibimos a dos números icónicos y seminales dentro del underground mundial, los que gracias a sus inconfundibles propuestas sonoras fueron capaces de crear escuelas en sus diferentes estilos.
Si hace muy pocas semanas los responsables de regalarnos una actuación inolvidable fueron los estadounidenses Immolation, esta vez - y en el exacto mismo lugar – el turno le correspondía a ese pedazo de historia europea que dio forma – junto con In Flames y Dark Tranquility – al Death Metal melódico “sonido Gotemburgo”, de gran impacto en la última década del siglo 20 y el que, a la postre, permitió que bandas como The Black Dahlia Murder, y muchas otras, pudieran existir.
Es así como la trascendencia de la jornada tuvo su caja de resonancia ideal en la tremenda respuesta del público, el que prácticamente repletó el primer piso del Caupolicán y lo que quizás es más admirable, no solo al momento en que los suecos salieran a escena, sino también a la hora en que nuestros compatriotas abrieron los fuegos.
NUCLEAR
Lo que sucede con este quinteto de origen ariqueño es tremendamente relevante pues, de alguna manera, lideran el interesante momento que vive la música extrema made in Chile - la que en el último tiempo ha crecido significativamente, tanto en exponentes y variedad de estilos como en registros de muy buena factura - ocupando, quizás, esa posición de avanzada que Criminal tuvo en los ’90 y que hace pensar que la tan esquiva internacionalización (exitosa) no es una fantasía o un delirio.
En ese contexto, la presentación de ese miércoles no solo servía para estrenar su última publicación en estudio (el E.P. “APATRIDA”) y para dar a conocer a su miembro más reciente (el ex UDK y ex THE OUTSIDE, Roberto Soto), sino también para confirmar los auspiciosos pergaminos ad portas de una nueva gira por el extranjero y nada menos que después de casi 7 meses sin actuar en vivo. De esta manera, y siendo las 20 horas con 56 minutos, se apagan las luces para que con el sonido de una estridente intro los 5 thrashers tomen posiciones y descarguen ‘My Own Anarchy’, pieza que abre “Apátrida”, la que pese a sonar algo saturada y con problemas en el micrófono de su frontman, dio paso a un notable mosh y mostró a un Roberto con mucha fuerza y presencia, en fiato perfecto con el resto de sus compañeros. Sin tiempo para respirar, los nucleares escupen ‘Sadistic Method For Crime’ de su LP 2008 “10 Broken Codes”, contando con un muchísimo mejor sonido, el que permitía escuchar claramente cada uno de los instrumentos, especialmente esos deliciosos riffs en plan Testament con los que cuenta el tema. Ambos momentos contaron con gran respuesta de la multitud, la que se incrementó en ‘Heaven Denied’ (“Heaven Denied”, 2006), donde surgieron enérgicos “Hey, Hey, Hey”. Si en estudio el track es notable, en vivo es sencillamente demoledor: Ahí están Haussmann y Puente riffeando con un groove envidiable, Sudy azotando con seguridad el crash y el doble bombo, Soto engordando el sonido con prestancia y actitud y Matías repartiendo labia rabiosa salpicada con guturales certeros. Highlight total.
Al llegar a la mitad de su set, Leonicio aprovecha la pausa para señalar que la noche era muy especial, por contar con nuevo disco e integrante, y también para decirnos que estamos a punto de presenciar el momento “cariñoso” de la velada, dedicado a todos los “hueones” que trabajan en el congreso (‘F.P.S.C.’). Notable es la sección intermedia, donde el cantante demuestra un dominio de audiencia respetable haciendo levantar el dedo del medio a gran parte de la concurrencia en señal de odio y desprecio por la clase política, quienes “siempre estarán arriba y nosotros hundidos en la mierda”.
Su último Larga Duración a es visitado, primero, a través de ‘Criminal Solicitation”, lapso en el cual cada centímetro de calle San Diego fue sacudido por los bombos de “Punto” y la pasión de Leonicio - especialmente en las líneas “The path to salvation is an excuse for aberrations” - y luego por ‘Belligerance’, cuya intro épica y sus reminiscencias a Kreator fueron una oda a la insanidad, al punto que Matías se acercó a las primeras filas para brindarles el micrófono y permitirles que cantaran una parte de la letra.
La despedida llegó de la mano de ‘Apátrida’, la primera composición en castellano en la historia del grupo y posiblemente uno de los peak de toda su discografía, demostrando de paso que no siempre el metal “debe” ser en inglés para destacar. Tras 30 minutos exactos, Nuclear se despidió de la audiencia bajo calurosos y fuertes aplausos y gritos, timbrando una actuación sólida, entusiasta, compacta y muy consistente que explica rotunda e irrefutablemente porqué ocupan – y merecidamente – un lugar de vanguardia en nuestra escena.
AT THE GATES
¿A cuántos de los qué colmaban la planta baja del teatro los habrá dominado la ansiedad al saber que aquella banda que redefinió de manera excelsa buena parte del metal de mediados de los ’90 estaba a punto de saltar ante nuestros ojos? ; ¿Cuántos habrán estado al borde de estallar al respirar la inminencia de un espectáculo que hace algunos años era terreno exclusivo de la entelequia más optimista? Lo cierto es que a las 21:55 (felicitaciones a la productora por su trabajo, el que se reflejó con peculiar énfasis en la precisión milimétrica con la que fueron manejados los tiempos) todo se fue a negro para que los nórdicos se ubiquen en el stage al ritmo de la intro y, acto seguido, desenfunden ‘Slaughter Of The Soul’ con un sonido tremendo, desatando la euforia de los presentes, la que se mantuvo con ‘Cold’, pese a que el solo de Anders Björler prácticamente no se escuchó. Tras un breve pero potente “Hola Santiago” a cargo de “Tompa”, los suecos lanzan ‘Terminal Spirit Disease’, clásico que fue coreado a rabiar y donde la masa saltó como si fuera el último concierto que presenciarían.
Con la fanaticada en el bolsillo, el conjunto ejecuta los arpegios de ‘Raped By The Light Of Christ’ bajo una animada compañía de palmas, sacando chispas luego con el rasgueo arrastrado tan característico del corte. Luego, Lindberg ensaya un jocoso “Viva Chile Mierda” para continuar diciendo que en una noche como la del 25 de julio era muy fácil decir “We shall all live as one” (‘Under A Serpent Sun’), obteniendo una repuesta tan fiel como extasiada para ese inmisericorde ataque de esa gema contenida en “Slaughter Of The Soul”.
El primer rescate de su álbum debut corrió por cuenta de ‘Windows’, ejemplo de Death Metal crudo y desgarrado que abrió la puerta al poco divino mundo de mentiras (‘World Of Lies’), donde nuevamente la guitarra de Björler se perdió, aunque sin comprometer el resultado final. En ‘The Burning Darkness’, por su parte, Lindberg se tomó unos segundos para contarnos que era un gran honor para el y sus compañeros estar en esta bella ciudad y para recordar a su amigo y compañero en Lock Up, nuestro Anton Reisenegger , dando paso a una dupla del “Terminal Spirit Disease”, formada por ‘The Swarm’ y ‘Forever Blind’.
El retorno a su opus más importante se produjo con la solemne y majestuosa instrumental ‘Into The Dead Sky’ la que se conecto - como no – con ‘Suicide Nation’ y posteriormente ‘Nausea’, la que masacró todo a su paso con su velocidad inhumana y su atrapante trazo medio. Luego de la gruesa y potente ‘The Beautiful Wound’ vendría un silencio interrumpido por los gritos de “AT – THE – GATES, AT – THE GATES” y los primeros acordes de lo que parecía ser un cover de ‘South of Heaven’, lo que no fue más que una manera distinta de aproximarse a ‘Unto Others’.
Bajo unas muy características muestras de afecto por parte de la multitud (“ohhhh - ohhhh, ohhhh, o-o”), los europeos le hacen un guiño a la vieja escuela ofreciendo la letárgica, pesada y tortuosa ‘All Life Ends’ (“Gardens of Grief”) para que posteriormente el preciso y contundente Adrian Erlandsson castigue su kit en el arranque de ‘Need’, la que, tal como en su versión en estudio, erizó la piel de los metalheads, especialmente en su parte catchy.
El final estaba cerca, pero faltaba quizás el tramo más esperado, no solo de la noche, si no de varios años con la que posiblemente sea la canción más emblemática de estos monstruos, la inconmensurable ‘Blinded By Fear’, donde los presentes dejaron todo en uno de los mosh más espectaculares que el corazón de la capital ha podido presenciar para luego bajar irremediablemente el telón con la agresiva y brutal ‘Kingdom Gone’ (a estas alturas ‘Kingdom fucking Gone’).
Es cierto, el recital no fue perfecto pues a los problemas de sonido que tuvo Anders (los que impidieron apreciar gran parte de sus leads) habría que sumar el – en mi opinión - excesivo volumen con el que los escandinavos tocaron, el que a medida que avanzaba la jornada les hizo perder algo de definición y nitidez. Tampoco hay que olvidar que no hubo absolutamente ninguna sorpresa en alguno de sus 19 asaltos, stock idéntico, por ejemplo, al de Wacken 2008, del cual existe un registro oficial. Sin embargo, la actuación estuvo a la altura de su cartel de leyenda pues desplegaron exactamente lo que todos esperaban, es decir, la crema y nata de su repertorio, llevándolo a cabo con un temple maravilloso y la categoría de un coloso.
La presentación tuvo, además, ese componente extra que hace memorables solo unos pocos gigs y que tanto nos enorgullece: la comunión especial entre artista y base de fans. Tanto es así que la alegría con la que los de Gotemburgo se pararon al borde el escenario al despedirse era enorme e innegable e incluso publicaron en su Facebook oficial la frase “Gracias Santiago por todo. Ustedes se quedaron con nuestras almas”, sin duda un tributo para una horda que brindó lo mejor de sí.
¿Tendremos la oportunidad de ver nuevamente a At The Gates en nuestro territorio? Difícil saberlo. No obstante lo anterior, quienes estuvimos ahí presentes fuimos testigos de que un gigante vino, vio y venció.
Mauricio Salazar Rodríguez
Fotos: Sebastián Jiménez
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