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Yajaira
[Y la década de los estados alterados]

 

Desde las largas sesiones de improvisación en los subterráneos de la Estación Mapocho, hasta las extensas expediciones por los bares más bizarros de Europa, la banda santiaguina sindicada como responsable de darle nuevas energías al Rock chileno independiente, ha logrado demostrar que mantener la autonomía musical y lograr trascender, no es tan sólo una quimera. Así es como con “Desolazion” (sic), su cuarto álbum de estudio, logran coronar 10 años de existencia bajo la misma premisa de libertad creativa absoluta y también de una admirable actitud rockera frente a la vida, o dicho de otra forma, una década bajo los “perturbados estados mentales” de la agrupación. 

 

 

psicodélico, ca. 1. adj. Perteneciente o relativo a la manifestación de elementos psíquicos que en condiciones normales están ocultos, o a la estimulación intensa de potencias psíquicas. Estado psicodélico./ 2. adj. Dicho especialmente de drogas como la marihuana y otros alucinógenos: Causantes de esta manifestación o estimulación./ 3. adj. coloq. Raro, extravagante, fuera de lo normal.

 

Quizás la definición de la palabra “psicodélico”, extraída del diccionario de la Real Academia Española, nos proporcione un gran aporte a la hora de definir o describir lo que es el sonido de Yajaira, y a pesar de que no es el único adjetivo que se viene a la mente a la hora de escuchar sus discos, la ilustración textual del léxico proporciona tres elementos importantes. Por una parte tenemos aquello de la manifestación de nociones psíquicas ocultas. Luego, nos encontramos con la presencia de alucinógenos varios, para finalizar con algo demasiado fuera de lo normal. Justamente todos esos factores se encuentran presentes en la música de la agrupación. Es una liberación de emociones y sensaciones que se llevan dentro y que se perciben más fuertemente cuando te encuentras en un particular estado metal, que te hace ver lo que otros no ven. Todo al ritmo de guitarras duras y setenteras, esas que los “rockers” más antiguos catalogan como “a parafina”, por su lenta y pesadas sonoridad.

 

Ya con seis producciones a su haber -considerando el split CD junto a Hielo Negro editado el 2003, y el compilado de rarezas “Sonidos Ocultos 95-03”, del mismo año- una de las grandes gracias de Yajaira es su increíble actitud, que al parecer de muchos demuestra lo corajuda que debe ser la vida de los rockeros en nuestro país. Son 10 años de creación artística caminados por los intrincados senderos de la independencia musical y el underground, lo que según los mismos integrantes de la banda, obedece a la concepción de lo que es Yajaira en sí, o sea, “una catarsis absoluta de todo lo cotidiano y establecido, canalizada de una manera intensa”. Pero también tiene mucho que ver con su percepción de que “el Rock debe contener necesariamente una cuota de rebeldía, ya que por definición, no puede ser algo complaciente sino que rupturista, buscando siempre algo más que lo meramente impuesto”.

 

Basados en esos preceptos, en 1995, el guitarrista Samuel Maquieira (ex Jusolis), el baterista Sebastián Arce y el bajista/vocalista Miguel “Comegato” Montenegro (ex Supersordo) comenzaron a usar los subterráneos abandonados de la estación Mapocho como cuartel secreto para ensayar y componer intensamente por un lapso de dos años… hasta concretar, en 1998, su primera producción discográfica bautizada sencillamente como “Yajaira”.

 

Pero, con su segundo álbum “Lento y Real”, editado en 2000, el grupo logra hacerse notar dentro de la escena rockera nacional ,obteniendo excelentes críticas de las prensa especializada tanto en nuestro país como fuera de él. Editado por el sello C.F.A. (Corporación Fonográfica Autónoma) -el cual ha estado siempre ligado a la carrera de Yajaira-, la excelente acogida que logra el disco abre las puertas para la escurridiza proyección internacional, consiguiendo que el sello holandés Freebird Records, edite y distribuya la placa en Europa y Australia. Esto sería el preámbulo de una gira totalmente autogestionada por el Viejo Continente, justo después del lanzamiento de “La Ira de Dios”, en 2002, donde visitan varias ciudades de Alemania, Holanda y Bélgica, presentándose en bares, clubes y casas okupa.

 

“EL ROCK ES EL BÁLSAMO PERFECTO PARA SUAVIZAR LOS EMBATES DE LA VIDA”

 

Actualmente, celebrando sus 10 años de existencia con el lanzamiento de “Desolazión” (sic) y una serie de tocatas conmemorativas, los músicos de Yajaira se sienten orgullosos de sus logros, pero siempre cautos a la hora de hablar de sus virtudes como grupo. Conscientes de que su música difícilmente pueda ser digerida por la masa y menos expandirse más de lo que ellos pretenden, ven en su lanzamiento más reciente un gratificante salto cualitativo en cuanto a sonido. Según ellos, “lo que hacia falta en producciones anteriores como para quedar totalmente satisfechos con el resultado final”.

 

Es que por naturaleza son inconformistas. A pesar de no pretender nada más de lo que hasta ahora -a base de constancia y sacrificio- han conseguido: el respeto de sus pares y la consolidación de un público que, a pesar de ser reducido en número, siempre está presente donde quiera que toque el grupo.

 

Ya totalmente afiatados como trío, Comegato (Miguel Montenegro) en la voz y el bajo, Piri (Héctor Latapiat) en batería y Sam (Samuel Maquieira) en las guitarras, poseen una visión en común liberadora de la música. Es una banda que tiene una íntima aura punk como motivo de existencia. No podría ser de otra manera, tomando en cuenta sus raíces y el hecho de que están todos los días rodeados de diferentes grupos y personajes ligados a la corriente más rebelde de Rock nacional. La C.F.A y los Fiskales como grandes “padrinos”, que han acogido en su “cubil felino” ubicado en un cité de la calle Carrera, a muchas agrupaciones de diferentes estilos, que comparten el mismo espíritu, entre ellas, Yajaira.

 

Es justamente ahí donde me citan. En su sala de ensayo instalada en esta especie de okupa, donde varios conjuntos, “supervisados” por el Roly (bajista de Fiskales), trabajan incesantemente en comunidad para lograr concretar sus sueños de poder expresarse mediante el Rock. Al llegar reconozco inmediatamente este lugar cargado de historias, cervezas y rebeldía. Tuve la oportunidad de entrevistar hace cinco años atrás al “dueño de casa” (Roly). Acá, después de la acogedora bienvenida de ese mismo personaje, me encuentro con Comegato y Piri, después de una agotadora sesión de ensayo. Sus caras denotan cansancio, pero sus amigables estrechones de manos, expresan disposición a conversar…

 

Actualmente Yajaira está compuesta por Comegato, Piri y Sam, pero ha habido varios movimientos en la alineación de la banda, ¿se acostumbraron definitivamente a funcionar como trío?

Comegato: “Sí, nosotros comenzamos como trío. Partimos el ‘95 de esa forma. Sebastián Arce, nuestro baterista, se fue a Francia con Pánico. Al poco tiempo entró Piri y quedamos como cuarteto, y hace un par de años, hemos vuelto a nuestros orígenes tocando tres músicos”.

 

Hablando de esos comienzos, ¿cómo han sentido el proceso de evolución en cuanto a sonido que han tenido desde ese período?

C: “La verdad es que hemos evolucionado bastante en muchos aspectos. Son 10 años desde que comenzamos y varias cosas nos han pasado. Pienso que hemos avanzado en lo relativo al sonido y en lo que hacemos nosotros como músicos, ya que tocamos y también cantamos (risas), mucho mejor que hace una década. En lo referente a nuestra música, el progreso se ha basado en ir hacia lo simple, más que hacerla compleja, sobre todo en el último trabajo. Dejamos de lado los detalles para centrarnos en lo que es la esencia del Rock, o sea, simplemente el sonido del la guitarra, el bajo, la batería y la voz. En nuestro álbum más reciente logramos un sonido buenísimo. Alcanzamos un nivel que no habíamos logrado en registros anteriores”.

 

¿De dónde les surge la inquietud por ese estilo Stoner?

C: “Es una mezcla de muchas cosas, pero es por gustos personales y por la situación del momento también. Cuando surgimos era difícil encontrar con quién tocar. Fue una lotería el toparnos, porque no había mucha gente que quisiera tocar este estilo. No queríamos hacer ni Hardcore Punk, ni Death Metal, tampoco hacer una banda de covers. Lo de nosotros era algo más simple, rescatar la esencia del Rock duro de los 60’s y 70’s, pero con la intensidad y el ritmo de nuestros tiempos. Tampoco fue algo planificado, nos juntamos a tocar y fue fluyendo naturalmente”.

 

...por eso también se nota la gran cuota de improvisación en su sonoridad…

C: “Claro, pero también existen momentos súper estructurados. Tratamos de equilibrar la impulsividad creativa, así como las intensidades, pero en general las composiciones van surgiendo espontáneamente”.

 

En el nuevo lanzamiento, “Desolazión”, pareciera ser que las temáticas son las que no evolucionan demasiado.

Piri: “En general no, aunque ahora las canciones tienen más letras, pero no tenemos alguna temática muy definida. Son más que nada palabras que expresan alguna cosa”.

 

C: “Nuestras letras son muy abstractas, eso no ha cambiado mucho. Hay más pasajes instrumentales también. Tratamos que nuestra música tenga secciones de calma y pasividad, pero también momentos de salvajismo y saturación. Manejar esos dos polos y todo lo está entremedio, o sea, lograr en los discos desde canciones arrulladoras y piolas, o pegadas y casi hipnóticas, hasta momentos de Rock denso con toda su potencia.

 

Este nuevo álbum lo editan por C.F.A y Algo Records, ¿por qué siempre se la han jugado por mantenerse independientes?

C: “Es que el ‘mainstream’ es un mundo tan raro y tan lejano para nosotros, que no nos interesa”.

 

P: “La música de Yajaira tampoco es para eso. No es masiva, cuesta demasiado entenderla y más aún digerirla”.

 

Pero si se les acercara un ejecutivo de una multinacional con un contrato, diciéndoles que los quieren editar, ¿lo harían?

C: “Ya nos pasó durante los 90’s. Fue absurdo porque no tenía ninguna relación con lo que ocurría en el país. Fue como tratar de inventar un fenómeno de afuera. Pensaban que el éxito que la música alternativa tenía en Estados Unidos y Europa, podía darse en nuestro país... acá el Rock es underground y marginal. No creo que nunca se pueda masificar. Es mucho más lúcido estar haciendo algo de manera independiente. Es algo más real estar rodeado por gente que ame la música, que transar con ejecutivos tecnócratas que solamente ven números y que no escuchan música”.

 

Ese pensamiento se está dando como tendencia, incluso a nivel de Rock comercial…

C: “También hay que considerar que ahora es mucho más fácil autoproducirse debido a los avances tecnológicos. Entonces, la cosa es más acción directa. Haces tus discos y los entregas a precio más accesible”.

 

A pesar de mantenerse siempre en el underground ustedes lograron concretar una gira por Europa, ¿cómo pudieron gestar ese viaje?

C: “Más que una gira fue una aventura. Tuvo sus momentos bien caóticos, pero la experiencia nos sirvió demasiado. La hicimos totalmente autogestionada... un año pagando los pasajes a crédito (risas). Tocamos en bares, clubes más taquillas y okupas. Todo con el apoyo de gente del sello Freebird y algunos chilenos residentes en Europa, pero siempre manteniendo una actitud totalmente Punk”.

 

Volviendo a esa idea de que es bueno rodearse con gente que le guste la música, dicen que por sus gustos afines fue casi una lotería el haber podido encontrarse para tocar, pero Piri viene de un mundo totalmente distinto, el Hardcore. ¿Te resultó difícil ese cambio?

P: “Alcancé a estar en el comienzo de R.E.O., fuimos a tocar a Argentina con Agnostic Front y guardo excelentes recuerdos de esa etapa. Pero siempre me han gustado diferentes tipos de música. El hardcore, algo de metal, música negra, rock de los 70’s y esa era la diferencia que tenía con gente de mi edad que solamente se encierra en un género. Yo escuchaba otros estilos y tenía ganas de componer y tocar otro tipo de cosas. Tanto es así que también formé una banda Doom, que se llamaba Ébano”.

 

¿Y percibiste muy brusco el cambio en cuanto a público?

P: “Sí, la escena Hardcore es otra cosa. Son más jóvenes en general. El público de Yajaira es más crítico y más contemplativo, se dedican más a ver el show. Hay gente en el Hardcore que va a puro ‘huevear’, a tomar y armar mochas (risas)”.

 

En todo caso no es el único integrante de Yajaira que viene de otra escena. Comegato, tocaste en Supersordo, eso sí que era algo de otro mundo…

C: “(Risas) Sí, los que conocieron Supersordo saben que era una banda ultra experimental, donde se tocaba a improvisación máxima, todo lo que no fuera establecido”.

 

En ese sentido Yajaira y Supersordo se parecen. Percibo a su banda como una liberación de emociones, pero no necesariamente de manera agresiva, sino que más atmosférica…

C: “Personalmente, yo siento a Yajaira como una catarsis. Una abstracción a toda la mierda flotante alrededor y que podemos canalizar de una forma sana. Si no es por la música, en realidad no sé qué estaría haciendo. Es una válvula de escape a la cotidianidad de la vida. El bálsamo para poder sobrellevar de alguna manera todo lo malo de la sociedad actual”.

 

Cristian Jara B.

 
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