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Teatro Teletón Viernes 29 de agosto de 2008
Sin lugar a dudas que era bastante ambiciosa la propuesta de Felipe Toro y Cía. tenían en mente con el lanzamiento de “770”, ya que por primera vez en sus nueve años de trayectoria, se planteaban ocupar más de mil localidades en el Teatro Teletón, una apuesta que iba dirigida a entrar a las grandes ligas del rock and roll chileno con éste, su cuarto álbum de estudio, que según ellos, ha captado cien por ciento la esencia de la banda en vivo.
Con un poco de retraso de la hora de inicio, comenzaba el show basado en tres set lists, tres juegos de vestuario y casi tres horas de música, que tenía todo un concepto audiovisual bastante bien logrado, en el cual se pasaron imágenes de la banda de casi toda su trayectoria.
Con un Teletón cargado de blues y rock and roll, comenzaba a sonar el riff de la excitante 'A encender el blues', que con un lírica bastante sencilla, directa y con una actitud rockanrolera, despegó del suelo a los más de 700 asistentes, quienes disfrutaban de la primera fiesta del blues criollo. Luego vendría el clásico -a estas alturas- mix de 'Para de odiar', 'Chica ideal' y 'Bájate de la nube', en el cual notamos a Claudio “Bluesman” Valenzuela, bastante más animado que en otros shows, en donde alentó la fiesta de principio a fin, acercándose mucho más al público que el resto de sus compañeros, prueba de eso, fue el solo de armónica que realizó, con micrófono inalámbrico, entre el público, cruzando todo el teatro interpretando la intro de 'Para de Odiar', hasta ese momento el sonido no acompañaba muy bien a la banda, ya que carecía de una nitidez y fidelidad, en el cual el mayor perjudicado fue Quinteros en la batería, que paso desapercibido en la primera media hora de concierto. Ahora hay que considerar que el Teletón nunca se ha caracterizado por ser un recinto con una acústica de lujo.
'Su servidor' y 'El Blues del Yoni', esta última con la participación de Christian Gálvez en el bajo, quien fue presentado por su alumno y bajista Eduardo "El Negro” Silva, sirvieron para corregir algunos problemas de sonido, que en esta etapa se acoplaban en la armónica. En la experiencial 'La vida al revés', un shuffle ondero y bastante pegajoso, el fantasma del mal sonido iba en retirada. Una de las composiciones más hermosas de la banda, junto con 'No dejaré de pelear', es 'Hasta siempre pueblo lindo', con una intro muy Jimmy Page, la que sonó tan emocionante como el estar viviendo la historia del protagonista y más aun, cuando encontramos en los coros a Andrea Rodríguez, que en esta oportunidad realiza esta función completamente sola, pero que gracias a su tremendo poder vocal, no es necesario tener una segunda corista.
Uno de los momentos peak de la noche, fue cuando interpretaron la versión del Temucano, 'Dicen que soy Borracho', aquí los caminos del Cruce se cierran en la verdadera identidad del blues criollo, en el que la estrella fueron los chinchineros, que se auto homenajearon en casi cinco minutos de presentación. Esto fue como volver al barrio, al escuchar la clásica melodía del organillero junto a sus remolinos de papel. Ellos quedaron solos realizando la performance, ya que detrás del telón, la banda trabajaba en un nuevo set up de escenario, que lo llevaría a revisar seis temas acústicos.
Vestidos de riguroso negro y con una corbata amarilla (que me recordaron a Memphis la Blusera), sentados y en un ambiente más íntimo, comenzó el set con 'Llévenme' y 'Blues a un amigo'. Hay que reconocer eso sí, que hacer un set acústico en medio de un show completamente eléctrico, es más que arriesgado, ya que se mantiene un ritmo y una movilidad en el escenario que es contrarestada por este formato, que de todas maneras pudo ser aún más intimo, ya que la pantalla gigante que mostraba la imagen de "770" nunca se apagó, que en esta parte del show fue bastante molesto.
'Mi negra', 'Sentir' (nuevamente con Gálvez en el escenario), 'Hoy no lloraré por ti' y la tremenda 'No dejaré de pelear' conformaron este set acústico, que aparte del detalle de la proyección en la pantalla, fue bastante entretenido y el público lo siguió muy respetuosamente. Cabe destacar la tremenda organización por parte de la producción en coordinar cada uno de los elementos que implicaba realizar un acústico en la mitad del show, sin dejar absolutamente nada al azar, ya que por mientras la banda cambiaba su set up, se pasaban imágenes de sus fans, saludando a la banda, lo que hizo que las esperas entre “seteos” fueran bastante llevaderas, dándole un ritmo que no te dejaba tiempo para ni siquiera ir al baño.
Nuevamente cambio de vestuario para dar inicio a la última parte del show, que la componía 13 temas, empezando por 'La Gata' y la argento 'Me tienes loco', que seguramente el paso del tiempo la convertirá en uno de los hits más grandes de la banda. 'Galán' y el derroche de blues y rock and roll característico y que fue también uno de los más coreados por la gente. Si algo creo que quedaron en deuda, fue el acercarse al público, para tratar de hacerlos un poco más participes del espectáculo, quizás las ansias de lograr un show sin cortes e interrupciones, ya que eran casi 30 temas, les quitó la posibilidad de poder dialogar con la gente.
'Mapuche', 'Situación de calle' y 'Todo se devuelve', tres temas del disco “770”, sirvieron como muestras perfectas del nuevo sonido de la banda, una evolución al rock, pero dejando sus raíces bluseras intactas. Luego vendría el turno de los invitados, ya aquí me quiero detener para comentar lo mejor de la noche, ya que era inesperado lo que la pareja de Denisse y su esposo Carlos Corales iban a logran en el escenario del Teletón. En el set list estaba en carpeta 'Heartbreaker' de Grand Funk, pero este cambió a un blues como los que Aguaturbia realizaba a fines de los 60, en el cual podemos decir que la voz de Denisse se mantiene exactamente igual que hace 40 años. Si bien, nuevamente era arriesgada la propuesta de llevar a personas tan populares como invitados, ya que podían quitar créditos a la banda, lo que hizo El Cruce era tremendamente necesario, ya que más que llevarlos como un gancho comercial, era un tributo a sus maestros, y cómo no, si fueron ellos los que comenzaron el blues en nuestro país y era imposible no reconocerlos en el evento más importante que ellos habían realizado hasta entonces.
Lo mismo pasó con otro invitado, Gonzalo Araya, quien desplegó todo el virtuosismo de su armónica, en un instrumental bien hot como es 'Sexoul', que solo le falta la voz de Barry White para que sea parte de un film porno, y poco faltó, ya que de fondo y sobe una tarima, una linda chica realizaba sensuales movimientos al ritmo de los soplidos de Araya, sin duda que muy bien logrado... ¿queda algo más que decir?
En la recta final encontramos a 'Me gustan todas', que su letra tocó a más de alguno en el Teletón, la hipnótica 'Billetera o puñalada' y el bis a cargo de 'Trato de hacer blues', pero en la versión que mostraron en el show acústico del año pasado en Batuta, que simplemente supera en creces al slow original.
Cierre de telón y los aplausos correspondientes a una tremenda fiesta que asistimos el viernes por la noche, fiesta que por sobre todo tuvo una puesta en escena jamás vista, ni siquiera en shows anteriores y menos en alguna banda que se le parezca habíamos visto algo similar. Quizás muchos aún no se dan cuenta del tremendo paso que El Cruce ha dado, y no tanto para el beneficio propio, sino que para todo un circuito de blues chileno, que siempre se ve mermado por bandas de tercera categoría.
Tal vez, y por qué no, esta sea la oportunidad de que muchas agrupaciones que quedaron en stand by, puedan jugársela y realizar espectáculos grandes y masivos como éste. ¿Quién sabe si Vintage Blues pueda llenar el Teatro Oriente?, o ¿que los Magnolia llenen el Victor Jara? ¿por qué no? El Cruce van a la cabeza de un movimiento que no conoce de victorias ni menos reconocimientos. Pero ahora la cosa cambió, y se ha de esperar que sirva de ejemplo para que, los que vienen de atrás, absorban las tremendas bases que la banda les ha mostrado con “770”, como reales promotores y fieles exponentes de un nuevo sonido para el rock chileno.
Claudio Ibarra Fotos: Ignacio Orrego
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