La génesis del reverendo Manson

"Portrait of an American Family", prédica contra el sueño americano

Mientras que Seattle y su sonido aún dominaban a las estaciones radiales, desde el estado de Florida aparecía una banda que se escapaba a los moldes y disparaba de forma directa a la sociedad de Estados Unidos, acusándola de hipócrita. Una carta de presentación completamente atípica a la época y que, no obstante, se transformaría en la pieza angular de un artista que siempre ha buscado remecer a las conciencias.

1994 fue un año productivo si tu banda quería autonombrarse como “alternativa” o, mejor aun, querías a toda costa ser llamado “grunge”. Registros insignes como “MTV Unplugged in New York”, “Superunknown” y “Vitalogy”, de Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam respectivamente, eran al mismo tiempo una mezcla curiosa de cenit creativo y ocaso generacional, en particular porque la aparición del primero de estos tres registros sería a la postre el álbum póstumo de Kurt Cobain. Quizás por ello es que Green Day y The Offspring pegaron sendos hits con “Dookie” o “Smash”, y ni hablar de lo que hizo Beck con “Mellow Gold”, un pastiche en el conviven desde el hip-hop hasta ciertas nociones más vanguardistas del pop.

No obstante, estas obras siempre deambularon por el lado más luminoso de la industria. Tuvo que llegar un tipo como Trent Reznor y su “The Downward Spiral”, el segundo elepé de Nine Inch Nails, para que la crítica tomara en consideración temáticas más oscuras, las que serían puestas a prueba con la aparición del disco debut de un oscuro personaje llamado Marilyn Manson, “Portrait of an American Family”.

El registro, lanzado en julio de 1994 (tres meses después del álbum de NIN), llamó de inmediato la atención y generó dispares críticas. Mientras en la Rolling Stone lo basureaban (“El debut de Manson, bajo la tutela de Trent Reznor de Nine Inch Nails, no es la cruda crítica a América que les gustaría que el auditor creyese. La mayor parte del disco parece salir de una película de terror de bajo presupuesto”), en Revolver lo escogieron como el mejor disco del año.



Puede que haya sido el nombre del vocalista, un híbrido entre la belleza estadounidense por excelencia y la peor clase de criminal de ese país, lo que haya volatizado las opiniones respecto a “Portrait of an American Family”. Claramente, líricas tan explícitas como las de ‘Cake and Sodomy’ (“I am the God of fuck/virgins sold in quantity, herded by heredity”) ayudaron a que los comentarios no fuesen del todo favorables.

A esto, se sumó más de algún problema con la gente de Interscope, que se encargó de la distribución del disco, aunque con más de una polémica de por medio. “Se quedaron pasmados”, diría Manson en una entrevista de la época. “Creo que el tema de Axl Rose con Charles Manson le dio pánico. Todo pasó por el nombre de la banda, que creo que no lo leyeron de forma atenta y cuando lo hicieron, les temblaron las rodillas”. Para Manson, la razón de esto se debió a que para 1994, el álbum “The Spaghetti Incident?” de Guns N' Roses hizo polémica por tener una canción de Charles Manson.

Asimismo, también hubo problemas con una fotografía que Manson quiso colocar en el arte del disco. La imagen en cuestión, un montaje con imágenes de mujeres mutiladas y una suya en su niñez, desnudo, causó más de un escozor a la distribuidora y al sello, quienes recomendaron evitar esta “postal” para evitar posibles acusaciones de pornografía infantil, aun cuando las partes íntimas del pequeño que después sería Marilyn Manson ni siquiera aparecían. Al respecto, el “Reverendo” dijo molesto, “eso es a lo que me refiero. Esta foto la tomó mi madre y es muy inocente y normal. Pero si ustedes quieren verla como pornografía, ¿por qué soy yo el culpable? Ustedes fueron los que se excitaron. ¿Por qué no son ustedes los castigados?”.

Con todas estas polémicas, “Portrait of an American Family” resultó un éxito inesperado. La mezcla entre metal industrial y temáticas perversas, resultaron todo un éxito. Gran parte de este hay que dárselo a Trent Reznor, quien produjo el trabajo luego que Manson no quedase conforme con la labor de Roli Mossimann, colaborador de Celtic Frost. “Una vez terminado todo, escuché lo que hizo Roli y resultó lo contrario a lo que yo quería. Pensé que nos traería un elemento más oscuro pero lo que quiso hacer fue pulir el sonido hacernos sonar no como una banda de rock, sino un grupo de pop, y en ese tiempo era lo que menos me interesaba. Pensaba que el disco que habíamos hecho no tenía vida y, curiosamente, Trent pensó lo mismo, por lo que se ofreció voluntariamente para reparar el daño que se había hecho”, diría Manson.

“Trent y yo siempre dijimos que sabíamos cómo debía sonar esto”, explicaría Manson en la época. “Así es que nos fuimos con la banda a Los Angeles y pasamos siete semanas volviendo a grabar partes, arreglando otras, en ocasiones, partiendo solo desde algunas ideas. Esta fue nuestra primera experiencia como grupo en un estudio de verdad, en un proyecto así de grande. No sabíamos qué esperar. Fueron jornadas de quince horas al día, con un equipo en el que estaban Trent junto a Alan Moulder, Sean Beaver y yo, tratando de que apareciese el sonido que queríamos”.

Manson explicaría el concepto de este disco como “la denuncia de este talk show que es América, en el que la moral se usa como una medalla para hacerte lucir bien y en donde es mucho más fácil hablar de tus creencias que demostrarlas”. Esta temática, con matices, crisis y otros asuntos, se ha mantenido a lo largo de los años. Sería ésta, entonces, la pieza angular que soportaría esa inmensa catedral que ha levantado Marilyn Manson y en la que no caben dobles lecturas ni discursos a medias: o seguir al reverendo o seguir sumergido en la hipocresía.

Orlando Matamoros






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