Guns N' Roses: relatos salvajes

La rebeldía de la banda más peligrosa del mundo

Cuando los Guns N' Roses iniciaron su historia en 1985, lo hacían en un momento en donde el rock mainstream estaba caracterizado por los excesos. Se pueden ver videos de sus primeros shows tocando en pequeños escenarios, pero rodeados de strippers que los seducían en pleno show. Esa desvergüenza funcionó como combustible esencial para llevarse puesto todo lo que tenían a su paso y convertirse en el ambicioso combo que movería a millones de seguidores – autodenominados “gunners”- alrededor del mundo.

Todo tipo de crónicas y anécdotas desproporcionadas están yuxtapuestas a su biografía. Poco ayudó a la construcción de ciertas etiquetas que su codiciado álbum debut se llamara “Appetite for Destruction” (1987), frase que fue como maná para que la prensa los llamara rápidamente “la banda más peligrosa del mundo”. Tanto arriba del escenario, donde se convirtieron en la maquinaria de rock más perversa y mejor engrasada de su generación, hasta las pasiones delirantes que provocaban en su audiencia, eran sinónimo de amenaza, riesgo e inseguridad. Polémicos episodios extramusicales que, paradojalmente, los convirtieron en soberanos absolutos de la escena rockera de fines de los ochenta y comienzos de los noventa. Peligro era su segundo nombre.

Vive y deja morir

"¿Dejaría que su hija se case con un Rolling Stones?" fue la famosa frase ideada por Andrew Loog Oldham para vender la imagen de rebeldía de la longeva banda británica. Frase que puede ser usada para todo músico que haya asumido de su carrera, un tren de desorden, líos y cualquier otro tipo de exceso. Un slogan que, además, generó una publicidad millonaria y un estatus en el salón de la fama de la élite rockera, al que los Guns entraron desde su aparición, pateando y tumbando la puerta. Sin pedir permiso.

Fiestas dantescas, consumo de estupefacientes y alcohol en altas dosis, destrucción hotelera masiva y reiterada, negocios con prostitutas. Sexo, drogas y rocanrol. Desde ese universo –que permeó en su música-, Guns N' Roses escribió bajo su propia ley una serie de relatos salvajes que dan cuenta de su “peligrosidad”. Desenfreno burdo, muchas veces al límite de la ilegalidad y donde hasta la muerte se hace presente.

En el libro “Watch You Bleed: The Saga of Guns N' Roses” (2008), el biógrafo Stephen Davis revela pasajes de la estadía que vivió la banda en La Casa Infernal, una turbia sede en donde se reunían con prostitutas, proxenetas y traficantes. "Vendíamos drogas, vendíamos chicas. Si uno de nosotros estaba en el apartamento y estaba teniendo sexo con una de ellas, nosotros sacábamos lo que podíamos de su bolso", cuenta Izzy Stradlin, otrora guitarrista del grupo.

Los erráticos comportamientos de Axl Rose también vislumbran otros excesos, partiendo por su seudónimo, que no es otra cosa que el anagrama para “oral sex”. Proveniente de la recóndita Lafayette, desde que llegó a la jungla urbana de Los Angeles, se hizo dueño de ella, heredando el encanto, excentricidades y fuerza misteriosa de Led Zeppelin, el peligro tóxico de Aerosmith, y el glamour ofensivo de New York Dolls. Su agresividad y debilidad sexual fueron caldo de cultivo para cuanta situación pendenciera protagonizó, como cuando en 1991 se arrojó desde el escenario en pleno concierto para golpear a un asistente que estaba tomando fotos entre el público. “Solía ser una persona que se enojaba por todo, si algo me sacaba de quicio simplemente destrozaba todo lo que tenía a mi alrededor, golpeaba a alguien y me iba”, contó alguna vez Rose. Otro capítulo de sus arrebatos es cuando en plena grabación de 'Rocket Queen', intimó con su novia Adriana Smith (una bailarina que había sido pareja de Steven Adler), en pleno estudio para grabar los gemidos que salen en la parte final de la canción. El episodio lo relata Slash en sus memorias: “Encendimos unas velas para crear ambiente, entraron en la cabina de grabación, se echaron en el suelo junto a la batería y lo grabamos todo. No se me ocurre una muestra más reveladora para compartir con los fans lo que era nuestra vida en aquel momento".

El guitarrista no lo hacía nada de mal tampoco. Se embriagaba y drogaba al punto de perder el conocimiento, no recordar conciertos, orinarse encima y sobornar a la policía. Todo a la vez. Incluso, en una ocasión cuenta que estuvo “muerto” por más de cinco minutos, por efecto de una sobredosis. Otro famoso episodio es el que protagonizó junto a Duff McKagan en la entrega de los MTV American Music Awards de 1990, al subir absolutamente borrachos y drogados al escenario a recibir el premio que había ganado la banda, en la categoría de álbum favorito de heavy metal/hard rock. “Gracias a mí instauraron el delay de siete segundos en estas galas. No volvieron a invitarme en años", recuerda. En tanto, el bajista ha contado cómo pasó a ser una persona nueva a base de ejercicio y estudios académicos, luego de tomar diez litros de alcohol diarios y tener el páncreas al borde del colapso.

La muerte era algo que los rondó de cerca en más de una oportunidad. Directa e indirectamente. A lo sucedido con Slash, la banda sufrió en 1985 un grave accidente automovilístico después de realizar su primera gira en el que se salvaron de milagro. Ya en 1992, durante su exitosísimo “Use Your Illusion Tour”, el vendaval que provocan sus fanáticos era casi de la misma magnitud de violencia que la que provocaban ellos. La gira sudamericana de aquel entonces no estuvo exenta de disturbios, conciertos suspendidos, amenazas de muerte y caos al extremo. Panorama complejo para nuestra escena local aún en ciernes, con un evento catalogado por las autoridades como de alto riesgo. No estuvieron equivocados. Axl inició su guerra con la prensa rompiendo una cámara de TV en el hotel donde se hospedaban. Una pérdida minúscula en comparación a la tragedia que se vivió durante el show en el Estadio Nacional, donde una avalancha de fanáticos provocó lesiones de extrema gravedad a una adolescente que fue literalmente aplastada, falleciendo una semana después.

Para cuando Axl Rose, Slash, Duff McKagan y Dizzy Reed –integrantes históricos de la banda- se reunieron el 2016, la jungla había cambiado. Aunque ya no sean los lozanos y dionisíacos personajes que recubrían las pecadoras paredes de toda una generación de adolescentes, atraídos por su grandeza y rebeldía, los Guns N' Roses siguen llenando páginas sobre su actitud prepotente, aunque rock y peligro ya no conjuguen en nuestros tiempos.

César Tudela

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