2008. EMI
Aseverar que pocos músicos han tenido una carrera tan camaleónica como Bowie a estas alturas del partido no es mucho cuanto pueda aportar al análisis de este nuevo-viejo lanzamiento, “Live in Santa Monica 72”. Lo especialmente llamativo es que son pocos los seguidores y auditores del mismo Bowie que han sido capaces de entender y absorber la totalidad de su obra. Sus etapas están demasiado claras, son muy reconocibles y generan un nivel de adhesión, me atrevería a decir, irrestricto.
En este caso, habría que hablar del Bowie más rockero, y probablemente más relevante en la historia del rock: sus primeros pasos como Ziggy Stardust. Aquellos opositores a los golpes bajos a la nostalgia, se preguntarán cuál es la justificación de la edición de este (entre los coleccionistas de bootlegs setenteros) reconocido show, ahora disponible desde la primera a la última nota que David tocó la citada noche. Bueno, esa pregunta finalmente es tan tonta como preguntarse para qué escarbar el suelo en búsqueda de un cofre lleno de monedas de oro. Jugando con terminologías usualmente utilizadas para describir a Bowie, por medio de este CD es imposible notar si el tipo era o no “un espectáculo” cuando se presentaba en concierto en esta bizarra pero luminosa parada de su camino (digamos entre 1971 y 1973). Sin embargo, el formato de audio sí nos habilitará a decir que su música en vivo era “espectacular”, porque esa sería la palabra más idónea para calificar “Santa Monica 72”.
Esta grabación corresponde al primer recital de David Bowie transmitido por la radio norteamericana. Se nota, claro, si en la introducción y previo al bis se oye a un locutor hacer las de relator. Pero el resto es solo música. Grandiosa música. El rocanrol feroz de ‘Hang on to Yourself’, la perfecta ‘Ziggy Stardust’ o la intocable y fiel interpretación de ‘Changes’ se suceden para dar comienzo al show. El dramatismo de ‘The Supermen’ y la desnudez con la cual se presenta ‘Life on Mars’ (con esa desgarrada y desgarbada entrada al primer coro) ponen los pelos de punta. ‘Five Years’ y, sobre todo, ‘Space Oddity’ son vivos ejemplos de cómo para Bowie interpretar es mucho más que solo cantar, y es ese el terreno en que su figura se eleva con una fuerza que pareciera no haber nada que pueda mantenerlo anclado al suelo.
‘Andy Warhol’ es un temazo desde siempre, y eso no cambia aquí. La soledad de la voz de Bowie en ‘My Death’ lo muestra mucho más Jones que Stardust, y es parte del juego en el que este personaje tan buenos resultados consigue. Como todo disco en vivo, tienen que haber momentos que uno considere dignos de ir y mostrarle a alguien. ‘The Width of a Circle’ puede no significar mucho para una buena mayoría, pese a ser uno de los tracks estelares de “The Man Who Sold the World”. Para quienes no la hayan escuchado, bueno, ahora háganlo, en una incendiaria versión de más de 10 minutos, con los Spiders From Mars inspiradísimos, en particular ese héroe anónimo al cual se le conoce como Mick Ronson. El sonido es perfecto, la interpretación alucinante, y su inclusión en los set lists de la época un total acierto. Les va a volar la cabeza.
‘Queen Bitch’ mantiene el vigor de siempre, continuando con la seguidilla rocker en la actuación, en donde también podemos incluir la más potente aún ‘Moonage Daydream’. ‘John, I’m Only Dancing’ es otra inclusión acertadísima, un gozo de principio a fin. ‘Waiting for the Man’ parece un respiro de tanto guitarreo, y es un cover que Bowie hizo tantas veces que no es de extrañar que su revisión a la composición de Velvet Underground tenga tanta personalidad. El show llega a su fin con ‘The Jean Genie’ y, cómo no, la callejera y llena de bolas ‘Suffragette City’, que deja a todos pidiendo por más. Otra versión gloriosa. El bis lo hace ‘Rock n’ Rol Suicide’, que Bowie la canta con la misma desfachatez con que lo hizo con ‘Space Oddity’ (escuchen y sabrán a qué me refiero) y, ahora sí, pone fin al concierto. Sin estar ahí, es para pararse y aplaudir.
Para concluir el comentario, aprovecho para otra aclaración. Cuando hablamos de David Bowie, estamos tocando el nombre de un auténtico icono pop del siglo XX. Y a un muy alto porcentaje de los (que dicen ser tan) rockeros, “pop” es una palabra que les revuelve el estómago. A no confundirse, e interpreten bien el mensaje. Esta es una de las actuaciones que la historia más recuerda en el mejor momento de la carrera de uno de los pocos iconos pop que nos dio la música popular alguna vez. Y es una auténtica clase de rock.
Juan Ignacio Cornejo K.