2010. La Renga DiscosVamos con la verdad de frente: hay que darle un par de vueltas al nuevo disco de La Renga para comenzar a degustarlo y gustarlo. El dato no es menor, considerando que las dos anteriores entregas de estudio (“Detonador de sueños” y “Truenotierra”), pusieron bien alto el nivel de los de Mataderos.
En “Algún rayo”, La Renga confirma que es difícil crecer infinitamente. Es decir, después de placas tan tremendas como las mencionadas, no era un desafío fácil seguir en esa senda de ascenso. Más allá de que la marca registrada de la banda sea un rock pesado y sin dobleces, se extrañan los matices en “Algún rayo”. Y hablamos de matices en varios sentidos.
Primero, en cuanto a sonidos y texturas. Cada vez más blindados en el esquema de power trío, acá hay muy poco espacio para otros timbres que no sean bajo, guitarra y batería, más la ruda voz de Chizzo. Todo se resuelve en marejadas de electricidad y poder desatado, donde quien más destaca es, una vez más, Tanque desde los tambores. Seguramente la fanaticada más acérrima agradezca las dosis masivas de decibeles. Pero a veces no basta.
También se extrañan matices en cuanto a la composición. Las canciones son poderosas pero algo planas musicalmente. En ese sentido, el contraste es grande con respecto a “Truenotierra”, donde se dieron el gusto de mandarse un enorme disco doble, donde una de las placas era instrumental (y de buena factura, más encima). Claro, se nota que La Renga persevera en grabar sus discos en vivo, con mínimas mezclas y dobles registros, y por eso suena de esa manera.
Las letras están cruzadas de ensoñaciones cósmicas y planetarias, lo que a veces aburre. Hay un cierto aire a lo que Chizzo publicó en su libro de poemas “Estaciones de tinta negra”, con una lírica atrevida y algo retorcida. Quizás se extraña ese filo más directo tan propio de La Renga en anteriores lanzamientos.
El álbum mismo se percibe como una masa, un bloque sólido de sonidos rockeros. No quedan estribillos pegados en la mente, ni tampoco los riffs. Sin embargo, no es que sea un desastre completo. De hecho, en sucesivas audiciones como que poco a poco va convenciendo. Pero esta sensación es extraña para un disco de La Renga.
Forzosamente, se podrían destacar un par de temas de “Algún rayo”: ‘La furia de la bestia rock’, por ser una especie de manifiesto o declaración de principios sobre el rock en vivo y la relación simbiótica entre la masa y la banda. Hay materia prima de himno ahí. El otro puede ser ‘Poder’, debido a un estribillo de fácil acceso y el sonido ionizado del grupo. Y la rabiosa ‘Disfrazado de amigo’ también puede ser tomada en cuenta. Para lo demás, quedamos a la espera de que algún rayo nos golpee.
Andrés C. Martínez