2006. La Renga DiscosCon la urgencia de lo que recién sale a la luz, recibimos en calidad de tráfico entre amigos la última producción de La Renga. Tras una espera que se hacía demasiado larga para los adictos, el conjunto de Mataderos se dio el gusto por partida doble: “Truenotierra” despliega en dos discos un afilado hard rock. El primer disco presenta doce canciones con la banda en todo su esplendor. El segundo disco muestra cinco cortes instrumentales (o “zapadas”) que redondean una propuesta de alto voltaje.
“Truenotierra” es claramente heredero y continuador de lo que apareció en “Detonador de sueños”, de 2003: poder rockero llevado al máximo. Claro que, en el caso del presente disco, se dan tiempo de mostrar otro tipo de matices. Veamos. En el tema 1, ‘El monstruo que crece’, un riff contagioso captura en el acto la atención y comienza a agitar a quien lo escucha. Como anuncio, es de fácil llegada y con mucho gancho. ‘Almohada de piedra’, el tema 2, ahonda en un sonido duramente depurado. La batería comparte más el protagonismo con el bajo y la batería de lo que aparecía en el “Detonador”.
En tercer lugar se nos aparece a todo motor ‘Ruta 40’, donde una vez más La Renga nos saca de viaje por los paisajes del interior (de un país, de un espíritu, da lo mismo). Esta carretera nos lleva directo a la cuarta canción, ‘La boca del lobo’, donde la angustia y la sorpresa se toman la voz del Chizzo, quien atropelladamente se manda una ráfaga verbal y existencial. Llegando al quinto corte, se nos aparece la ‘Montaña roja’, con un medio tiempo que permite descansar el cuerpo, pero no la mente, que se inquieta con la sangre que late entre estas notas.
Con ‘Palabras estorbantes’, en el número 6, la pausa se hace más profunda. Chizzo canta un breve texto, y luego “habla sin palabras” en un largo y emotivo solo de guitarra.Ya vamos por la canción 7: ‘Cualquier historia’. Mantiene el ritmo cansino y de reposo, la letra repasa también de manera oscura el cansancio del alma. En el octavo lugar aparece ‘Mujer del caleidoscopio’, una canción de las que uno se imagina cantadas en un estadio repleto, la Arena Santiago por ejemplo, en algún “eterno atardecer”.
‘Llenado de llorar’, en el 9, debe ser una de las canciones más sólidas, dentro de su simplicidad, de los últimos tiempos de La Renga. Su registro acústico a lo Led Zeppelin la pone a punto de ser un clásico instantáneo. En el décimo corte nos encontramos con el primer single, ‘Oscuro diamante’, un buen tema ideal para el enganche en primera. Bien como destacado. Para el lugar 11 aparece una de las sorpresas del “Truenotierra”: la voz y la autoría es asumida por el talentoso Manu Vera, uno de los saxofonistas de la banda. Es una composición intensa y con garra.
Junto con el tema diez y cerrando el primer disco, ‘Cuadrado obviado’, deben ser las composiciones más apropiadas para las carreras de Teté, el bajista del grupo, a través del escenario, ante el fervor de la masa. Todo eso en cuanto al disco uno. Para el segundo, atención aquellos que quedaron con gusto a poco con la pista oculta del “Detonador”, porque a estas alturas, La Renga no quiso esconder más sus juegos de rock sin letras. Como llevando al extremo el contenido del corte ‘Palabras estorbantes’, en cinco intensos temas se dan amplio margen para el juego y la improvisación. Sin necesidad de demostrarle nada a nadie, por el puro placer de ir y tocar, la agrupación toca largos pasajes de un afiatado rock and roll sin límites. Entre otras, aparece la composición que le da nombre al disco.
En resumen, “Truenotierra” salda la deuda de tiempo y espera entre La Renga y sus fieles, que encontrarán en esta doble placa lo esencial de una banda que se instaló en el corazón. Quizás se extrañe por momentos la lírica más directa de otros tiempos, pero lo actual es muy interesante, con un Chizzo lanzado al discurso vivencial y metafísico con pilas recargadas. Dato final para que vayan juntando plata y ganas: La Renga se presenta en Chile el sábado 19 de mayo de 2007, en la Arena Santiago. Allí se juntarán otra vez el trueno y la tierra en una nueva celebración colectiva.
Urbano Matus