2011. Autoedición
El debut de Molo, trío oriundo de Valparaíso y compuesto por Pedro Pavez (guitarra y voz), Pepe Benavidez (batería) y Mauricio Sanguinetti (bajo y voz), está dado por una interesante mezcla en el que, a través de 12 temas, la banda porteña desarrolla una idea de lo que bajo su prisma musical es el rock como lenguaje.
Si bien es cierto que uno podría remitir a grupos trasandinos para dar cuenta de ciertas influencias (Divididos, Mandrácula, conjunto señero del rock criollo, también podría entrar a la palestra), la banda logra un lenguaje más que llamativo, por lo menos en la primera sección del registro. Así, pasan ‘Despacito’, tema introductorio decidor en cuanto a la propuesta de Molo, ‘Ná de nuevo’, rock clásico al igual que ‘Tiempo muerto’, aunque esta última tiene unos interesantes matices en las guitarras.
Lo llamativo de “Molo”, esta placa homónima, viene de la mano con ‘Sol’, un blues-rock lleno de emoción, que llega en el momento preciso a entregar colores distintos al elepé. Tras esto, el trío decanta en la potencia de ‘Papiche’, un llamativo funk-rock que cumple con los cánones del estilo: una base sólida, a cargo de Benavidez, y un bajo lleno de detalles. De la misma forma, pero mucho más rockera, ‘No vuelve a creer’ podría haber sido un temón por donde se lo escuche, pero el intermedio acústico antes de la sección final la verdad es que no junta ni pega con lo que la composición misma estaba desarrollando.
Aún así, Molo sigue rockeando alto, y con ‘Control’ recuperan el paso en falso dado en la canción anterior y decantan en un rock más directo y en sutiles pero adecuados matices en la sección intermedia. Todo lo contrario es lo que sucede con ‘Las migas’, un mid-tempo también en clave blues-rock, aunque no tan marcado como en ‘Sol’. Lo interesante de ‘Las migas’ es cómo se va desarrollando la idea musical del tema, con distintos elementos más actuales, los que de alguna forma entregan un color y una sensación distinta a un surco que, por sus características, podría haberse estancado tras su primera estrofa.
Al igual que en la primera parte del disco, tras la “pausa” que ejerce ‘Las migas’ Molo vuelve con un rock pasado por el filtro funk en ‘No sé si me atreví’. Este corte, en particular, se despega un poco del sonido general del disco incorporando ciertos arreglos más “contemporáneos”, a falta de una definición mejor. Como sea, Molo en su debut no varía mucho la fórmula y estos momentos son, a lo sumo, un color más para dar relieve a sus composiciones.
Sin embargo, los mejores momentos de Molo dan cuenta de su lectura del rock más descarnado en ‘W’. Musicalmente es directo, sin grandes aspavientos, pero sumamente efectivo a la hora de ratificar la propuesta de Molo en su debut homónimo. El momento álgido llega con ‘Jesús se fue de Valpo’, tema que explota toda la raíz rockera de la banda. Por lejos, lo mejor de ese debut junto con ‘El mar’, cuyo inicio, al menos en el bajo, es una suerte de homenaje al gran Jaco Pastorius.
En los dos cortes que finiquitan “Molo” (el disco), el trío muestra retazos propios de lo que significa apropiarse de un estilo y deconstruirlo en tus códigos locales. La banda, en este debut, suena como cañón pero sólo por momentos logra dar con una sonoridad que los identifique tanto como un grupo de Chile y, al mismo tiempo, oriundo de Valparaíso. Eso es lo que logran en el cierre de un registro que, si bien no es para nada desechable, adolece de momentos en los que uno logre identificar una apuesta propia, por más arreglos que se hagan en los temas.
Eso sí, si lo que trabaje Molo ahora sigue el patrón de las canciones que cierran este cedé, el análisis cambiaría por completo. Por ahora, a esperar como se van dando los acontecimientos y como estos porteños van madurando una apuesta que en este primer apronte, ya muestra atisbos de una genuina identidad sonora.
Felipe Kraljevich M.