
2012. Anthem
Tanta espera por un nuevo álbum de Rush después de 5 años (la segunda espera más larga en su carrera después del break tras las muertes de la hija y señora de Neil Peart) parecía justificarse, más allá de las extensas giras y la época de vacas gordas para los canadienses, en el pesado trabajo conceptual que había detrás de "Clockwork Angels".
Este es el primer disco cuya temática envuelve cada una de sus canciones y funciona casi como una ópera-rock. O al menos así lo han reconocido sus propios autores, asumiendo que siempre hubo en su obra tópicos dominantes (difícil creer que "2112" no era de la misma familia que esto). De entrada podemos advertirles que "Clockwork Angels" es tan incuestionablemente bueno que el concepto es, al menos, secundario.
No es un álbum fácil de escuchar, es cierto. El que la placa arranque con dos temas que ya conocíamos sólo suma a la ansiedad por llegar a lo realmente novedoso. Lo otro es que 'Headlong Flight', el tema escogido como single promocional, era épico y tremendamente pesado y no es el mejor indicador de lo que trae el LP; este es un disco con numerosos colores y volúmenes, por lo que si el adelanto te había dibujado ya un mapa mental de lo que encontrarías, aquí hay una sorpresa tras otras.
Nunca pensamos que de esas dos canciones que adelantaron ('Caravan' y 'BU2B'), la que no fue el single fuese la que haría casi de hilo conductor en el recorrido pista por pista. Y el tema que da nombre al disco, intenso y tan épico como 'Headlong Flight', está lejos de la luminosidad que abundará en los tracks por venir.
Rush no necesita probar fórmulas y no tiene nada de malo que pruebe con recursos ya probados. 'The Anarchist' – uno de los varios cortes que rozan la perfección – tiene una línea melódica que tiene todo de su iluminada serie de fines de los 70 y que remató con 'Limelight' en "Moving Pictures". Lo mismo ocurre con los coros de 'Wish Them Well': sabemos que eso lo hemos escuchado antes, pero no hay nada de malo en ello.
'Carnies' se deja llevar y sus aspiraciones están en el espacio, no en la tierra; 'Halo Effect' se resuelve sola y no necesita más de 3 minutos y 15 segundos para hacer el tema que el trío buscó durante todos los 90; 'Seven Cities of Gold' es tan redonda que suena compacta y dura más de seis minutos (!).
Si 'The Anarchist' no es el mejor tema del disco sin discusión es porque los canadienses supieron encontrar alimento en la calidez de una pieza de joyería que lleva por nombre 'The Wreckers'. Impresiona que en ninguna de las dos hay excesos; Lifeson, Lee y Peart tocan lo que tienen que tocar y no más (la rítmica de 'The Anarchist' es una locura, pero una perfecta locura). Quizás sólo el final con 'The Garden' suene demasiado recargado, más por un asunto sónico que interpretativo.
El joven que intenta desenvolverse en un mundo caótico en todo sentido y con elementos ficticios que ya podíamos imaginar abundarían (bolas de luz flotando en el aire, cuerpos y mentes poseídas, países para perder la cabeza, ángeles y varios otros que desafiarán a los fanáticos) es el personaje central sólo en la intención inicial de Neil Peart. Cada canción está perfectamente hilada como para obviar que en cuanto a la construcción de sus canciones esto es lo mejor que Rush hizo en décadas. "Clockwork Angels" valió la pena la espera. Con esto tenemos para rato.
Juan Ignacio Cornejo K.
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