2012. Atlantic
La posición actual de Shinedown es, a lo menos, privilegiada. En menos de 10 años se han convertido en uno de los actos más requeridos del rock americano con una simplista fórmula que cuadra el post grunge, el AOR y algunos vestigios orejas de hard rock. Al igual que formaciones como Nickelback o Godsmack su suceso solo es validado a nivel masivo en Norteamérica y el sonido de su cuarto disco, “Amaryllis”, denota con soltura dicha focalización de mercado.
Curiosamente, Brent Smith (cantante) había advertido que este trabajo rompería el molde de lo escrito por Shinedown. Un “golpe a la cátedra” inspirado en el vuelco personal que significó el dejar una larga adicción a las drogas y que a los primeros segundos de ‘Adrenaline’ queda absolutamente desacreditado. En el inicio del álbum se explota la aspiración más rockera con un buen octanaje de riffs que el reputado Rob Cavallo (Green Day, My Chemical Romance) capitaliza como es esperable, pero el sustento es casi nulo.
El punto es que cada nota o letra escrita en “Amaryllis” pareciera haber sido diseñada por una agencia de marketing. Todo suena estratégicamente armado, plástico por decirlo menos. Y créanme, no hablo por el tema de la pomposa producción, nada malo con ello. En esa misma liga, Disturbed lo logra a cabalidad pero el contenido de los de Chicago es distinto.
Negar la efectividad de ‘Bully’ o ese medio tiempo con aroma épico llamado ‘Unity’ sería injusticia pura, pero, ciertamente, no colaboran para evitar evaluar a “Amaryllis” como un disco sumamente prescindible y saturado en guiños reiterativos ofertados por una infinidad de agrupaciones en la última década. Osea, si realmente te mueven el piso números como Nickelback quizás encuentres una total maravilla la más reciente propuesta del cuarteto de Florida. Eso sí, comparándolos con exponentes como Alter Bridge, Shinedown parece un grupo sacado de un reality. Todo va en la escuela del oyente.
No hay por qué culparlos, la jugada es justificada con creces. Shinedown apostó por no romper el molde. Esa misma dosis que los tuvo 120 semanas en el Top 200 del Billboard con el elepé predecesor, “The Sound Of Madness” (2008). Sin ir más lejos, la inserción en los charts americanos de propuestas como la power ballad, ‘I´ll Follow You’, rectifica lo escrito anteriormente. Nadie niega la vistosa capacidad de componer temas gancheros que te entran con pasmosa facilidad (y los norteamericanos vaya que lo han corroborado), pero simplemente ante otros consagrados como Staind, Chevelle o la ya mencionada banda liderada por Myles Kennedy, ellos no tienen nada que hacer. A la segura y con justa razón. Mera sobrevivencia.
Francisco Reinoso