2004. Geffen Records/ Universal
La verdad es que el nombre de "enfermera sónica" no es malo para describir los constantes cortes e intersecciones operatorias, que ya este legendario grupo del pop/rock experimental estadounidense, hace en el silencio. Ruidoso y disonante a la vez que fino; punk-rock directo a la vez que música densa; estructuras de gran espacio para el desarrollo musical, a la vez que constructos sonoros complejos y, por pasajes, llenos de potencia rockera. Todo esto con melodías pop flotantes, psicodélicas, mezcladas con otras agresivas y rebeldes. Como que de algún modo, la música de Sonic Youth no se agota, aunque en esencia es lo mismo a través de su historia, siempre un nuevo disco sorprende y demuestra la madure-solidez musical que han obtenido. Además, es un referente y precedente del rock alternativo de los 90, pero a diferencia de muchas bandas que tuvieron su feroz auge y caída en el mainstream, con todo lo que ello conlleva, Sonic Youth se mantuvo y se mantiene -porque su música lo define en ese lugar- en un limbo muy propio, que aunque no de culto, tampoco masivo.
Otra cosa importante que creo percibir, es que con "Sonic Nurse" del 2004, "Murray Street" del 2002 y "NYC Ghosts & Flowers" del 2000, el grupo completa una trilogía esencial dentro de su carrera. Muy independiente, poco condescendiente con temas radiales, en una apuesta que sigue siendo tan interesante y original como en la de su época de gloria de "EVOL", "Sister" y "Daydream Nation". A grandes rasgos, en 10 temas el álbum nos lleva por un equilibrado viaje por todas las características musicales de Sonic Youth, con composiciones muy variadas, donde llaman la atención, por un lado, las canciones muy volátiles de Thorston Moore, pero por otro, las más punkies y violentas de Kim Gordon, donde su figura se hace muy omnipresente en el resumen final del álbum.
Justamente "Sonic Nurse" abre con gran fuerza con Gordon en la voz con "Pattern Recognition", quizá en el tema más directo de la placa, y que como siempre, nos recuerda la figura de la mítica Nico. El disco sigue adelante, con el groove cadencioso de "Unimade Bed", y ese siempre ingenioso cruce de guitarras, que por momentos hacen una especie de tejido sónico, con líneas de bajo muy presentes y profundas, además de partes intrincadas en la batería de Steve Shelley. Con "Dripping Dream", entramos de lleno en el álbum con 7 minutos de la mejor psicodelia alternativa del momento, con ingeniosas quiebres melódicos por parte de Moore, desgarradores arreglos sónicos de Jim O’Rourke -el dueño del sonido- y pasajes musicales de guitarras que van evolucionando en fuerza, arreglos y armonías por parte de Moore y Lee Ranaldo.
De este modo, continuamos el viaje con la crudeza ruidosa de Kim Gordon y la potente y directa "Kim Gordon And The Arthur Doyle Hand Cream" y después, con un puñado de exquisitas composiciones, empezando por la muy volada y lisérgica "Stones"; la muy sensual "Dude Ranch Nurse" -con Gordon nuevamente a la cabeza, pero esta vez en un tema más reposado y muy en la onda de las canciones de Nico en The Velvet Underground-; y luego, con la más pesada y rockera "New Hamsphire". Ranaldo se hace presente con la extraña y perturbadora "Paper Cut Exit", la que sin duda, le da un contrapunto distinto más que interesante, a un álbum dominado en lo vocal y compositivo por Moore y Gordon. Las dos últimas entregas, las geniales y penetrantes "I Love You Golden Blue" y "Peace Attack" -esta última, a todas luces en relación a la guerra en Irak- cierran un disco a lo menos apasionante y que se disfruta sin parar de principio a fin.
Para terminar, sólo quiero decir algo que es muy simple y claro al escuchar este disco y en general la obra del grupo: Sonic Youth debe ser una de las bandas que ha logrado conjugar con mayor precisión, originalidad y calidad los aspectos melódicos e instrumentales del pop, con diversos elementos de la música experimental -o avant-garde si quieren-, en una real búsqueda sonora y estética, que sin duda, nos representa e identifica como seres conscientes de este tiempo y este mundo.
Héctor Aravena