
El actual escenario de la industria norteamericana, particularmente en el rock, no deja espacio para grandes estrellas. La ética Indie indica que la única manera de mantenerse como un referente válido es con trabajo; tocar y grabar, grabar y tocar. Las cifras de The Black Keys son decidores: 7 álbumes en exactos 10 años, sin considerar varios EPs, el disco solista de Dan Auerbach y proyectos como BlakRoc.
Lento pero seguro (aparentemente, la única manera de hacerlo en estos tiempos) fueron Auerbach y Patrick Carney escalando posiciones, hasta convertirse en una de las más destacadas bandas de su generación, sin tomarse nada de esto muy en serio. El éxito de Brothers, con “Tighten Up” convertida en la primera canción auténticamente masiva de su carrera, era el impulso que faltaba. Hoy nadie cuestiona la reputación de los Black Keys, y eso le dio un sabor especial a la espera de El Camino.
El primer adelanto que dieron de su séptimo LP fue un manjar. “Lonely Boy” es entretenida, bailable, llena de energía, y da cuenta de una frescura de ideas que ya se quisieran otros contemporáneos. Puede ser junto a “Strange Times” y “Howlin’ for You” de lo más inmediato que hayan producido.
Hace rato que The Black Keys se aceptó como un dúo que podía dar todavía más en términos sonoros. Con el fundamental Attack & Release mostraron por dónde iría la mano, expandiendo caminos con Brothers, y replicando recursos en El Camino. Bajo y teclados son indispensables, sin embargo siempre en un marco estilístico tan variado pero reconocible del dúo.
Parte de esta colección puede calificarse como un set de composiciones más alegres, así como “Lonely Boy”, casi saltarinas. “Gold on the Ceiling” es una gran canción, “Stop Stop” es pistera, y qué decir de la peliculesca “Run Right Back”, tremenda.
“Little Black Submarines” es quizás la canción que más se sale de la regla (por
su crudeza), y que bien pudo estar en Rubber
Factory, hace ya un lustro. Bella entrada acústica, y un estallido épico a
los minutos, haciendo de “Stairway to Heaven” una referencia obvia. Impecable.
La segunda mitad del álbum ofrece melodías y arreglos especialmente retro, del más melódico rock de garage y el soul de los 60. “Hell of a Season” cae bien, el cierre de “Mind Eraser” es irresistible, pero es “Nova Baby” la merecedora de todos los aplausos. Una canción redonda, y que remonta a un lugar en el inconciente donde no habían llegado aún, y a estas alturas del partido eso vale mucho.
Siendo
justos, El Camino no tiene canción
desechable. Para ser un dúo, The Black Keys sigue renovándose una y otra y otra
vez. Qué etapa se está iniciando ahora para ellos es un misterio, pero sí
podemos estar seguros de que Auerbach y Carney están conscientes de hacia dónde
están apuntando en lo artístico. Los casi 40 minutos de su nuevo disco suenan
homogéneos, con una idea común. Si es lo mejor que han hecho a la fecha puede
ser discutible, pero sí parece ser el más adictivo y entretenido cóctel que
jamás produjeron. Anótelo como imprescindible.
Juan Ignacio Cornejo K.
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