Teatro Caupolicán
14 de agosto de 2012
En Chile, la mayoría de edad significa asumir ciertos compromisos. Uno de ellos es, en teoría, hacerse responsable de tus actos. Para Chancho en Piedra, eso se tradujo en armar un recital como Dios manda: más de 4 horas de show, dividido en tres secciones, que posteriormente será editado en un CD/DVD, es la forma que tienen Lalo, Toñito, Felipe y KBZón de festejar y hacer parte del jolgorio a la comunidad marrana, una de las más fieles del país.
El hecho se ratifica con un dato sencillo: que el Caupolicán estuviera repleto y saltando siempre. Nunca hubo un bajón por parte del público, menos quejas. Si de algo se puede jactar Chancho en Piedra, y tienen muchas cosas por qué hacerlo, es que su base de fanáticos es devota. Ya sean treintones e incluso, cuarentones, o alumnos de básica, de 12 o 13 años, todos se unen en una fiesta interminable en la que el cielo funk es el límite a alcanzar.
Pero vamos por partes. Enfrentarse a este show resultó un ejercicio en el más amplio sentido de la palabra. De por sí, las cuatro horas demandaban una condición física acorde. Además, la paciencia también fue puesta a prueba y, para ello, el combo nacional armó un espectáculo que se paseó prácticamente por toda su discografía. Ahí también aparece otra arista del concepto de ejercicio: el resumir 18 años de carrera.
Para fortuna de muchos, el grupo eligió muy bien el repertorio. De esta forma, la paciencia podía ser aquietada ante la variopinta cantidad de canciones, la gran mayoría ya inscritas en el cancionero popular criollo, que desplegó la banda. Y a esto, sumémosle un espectáculo de calidad, que incluyó invitados, arreglos muy bien ejecutados y la onda marrana llevada al extremo. En definitiva, show que mostró a Chancho en Piedra en su plenitud, tocando prácticamente todas las aristas musicales de la banda.
La primera parte de esta fiesta de los 18 años se inició en el Infierno. Sí, así tal cual. Con Gonzalo Frías oficiando de maestro de ceremonia, y la participación especial de DJ Humitas de Sinergia como el rector del candente sitio, la banda desplegó toda su potencia rockera, apareciendo en el escenario desde la galería, deslizándose gracias a unas cuerdas y arnés.
Si el inicio fue arrollador con ‘Peor es mascar lauchas’ y ‘Chancho’, de su clásico álbum debut, el periplo por el hogar de Satanás fue in crescendo, con soberbias interpretaciones de ‘Mona Chita’ (“Comboshow”), ‘Insolencio’ (“Desde el batiscafo”) y ‘Güeina’ (“La dieta del lagarto”).
No obstante, uno de los puntos altos de esta primera parte fue la presentación de ‘Realizo todo bien’. La energía dispuesta en este tema fue sobrecogedora, tanto así que la voz de los cuatro mil marranos que llenaron el Caupolicán tapaban incluso la de la banda. Ahí uno podía decir que la fiesta estaba literalmente en llamas, y eso sin contar el gran arreglo para ‘No joda’ (“Ríndanse terrícolas”) o la inclusión de ‘Smack my bitch up’, de The Prodigy, en una desatada versión de ‘Moscardón’. Para juntar energías, Chancho tocó ‘Ella quiere’ (“Comboshow”), en el que se pudo apreciar cómo la banda ha crecido en los arreglos vocales.
Otro de los puntos altos fue el homenaje al fallecido Adam Yauch. Reconociendo a Beastie Boys como una influencia directa de la banda, el cuarteto logró interpretar ‘Hacia el ovusol’ (“La dieta del lagarto”) con ‘So What’cha Want’, un clásico de los neoyorkinos. La imagen del fallecido rapero adornó las pantallas de fondo, y los Chancho lograron, y acá hay que destacar a Humitas en el scratch, mezclar ambos cortes en uno furibundo y lleno de feeling.
Tras un chiste de Lalo, todo seguía con ‘Vacaciones’, en un tono más de calipso y reggae, para regresar al rock duro con ‘Asimov’ (“Comboshow”), con unos coros de Toñito atronadores. Pero el momento más emotivo llegó con el agradecimiento de la banda a la enorme y leal comunidad marrana, interpretando el tema dedicado para ellos: ‘Hermanos marranos’, del “Marca chancho”. Luego de esto, la parte del Infierno finalizó con ‘Historias de amor y condón’, del mismo disco.
Para la segunda parte, en la que Humberto Sichel ofició de maestro de ceremonias, Chancho en Piedra debió enfrentarse al Purgatorio en aras de alcanzar el Cielo Funk. Lo mejor es que fueron recibidos por Tulio Triviño y Juan Carlos Bodoque, de 31 minutos, quienes los acompañaron cantando ‘Almacén’, mientras se burlaban de la banda y del consumismo.
El conjunto siguió explorando las sonoridades de ese disco e invitó a Joe Vasconcellos para ‘La telaraña’. Lamentablemente, en esta segunda parte del show se evidenciaron los problemas de audio. En este corte, la voz de Vasconcellos y la guitarra de KBzón sufrieron, pero con la interpretación de ‘Hijo del diluvio’, presente en el disco de versiones “Otra cosa es con guitarra”, hubo un bajón general. Una lástima porque la versión que la banda hace de este tema clásico de Congreso es de una gran calidad.
Lo bueno es que las vicisitudes quedaron atrás con ‘Pueblo fantasma’ y, además, Chancho sacó a relucir toda su chilenidad mandándose un hauyno en el que, además, hicieron suyo el discurso de educación gratis por el que actualmente luchan los estudiantes en sus movilizaciones. Para acompañar eso, la banda entregó su versión del clásico de Sol y Lluvia, ‘Largo tour’, regalando a la audiencia otro de los momentos álgidos de esta maratón musical.
‘Entre la fe y la espada’, la que también mezclaron con la lucha estudiantil, antecedió la invitación de Lucho Castillo y la interpretación de cuecas choras por parte de Chancho en Piedra, en el momento de mayor chilenidad de la noche. Asimismo, siguiendo con los invitados al Purgatorio, Florcita Motuda y su hijo aparecieron en el escenario para cantar junto a la banda ‘Y aún sin voz quería expresar con gestos y aleteos... algo’, en la versión que aparece en su último largaduración.
Este también fue un momento cúlmine, por la confesa admiración que la banda tiene con Florcita, quien además ya anunció su retiro. Y siguiendo con esta sección, la invitación de Pedropiedra y May Schuster al escenario del Caupolicán para cantar la versión que los marranos tienen de ‘Romance de barco y junco’. Claramente, este fue un pequeño descanso para que el grupo, ahora junto a La Mano Ajena, sacaran una furibunda y genial versión de ‘Baldor’.
Con ‘Multi-ricachón’, los Chancho comenzaron a pavimentar el final del viaje por el Purgatorio. Eso sí, no sin antes interpretar la versión del tradicional Rapa-Nui ‘O oe bahine anhani tamure’ con Hotuiti y su grupo, en lo que fue uno de los momentos más hilarantes de la noche y, en la conclusión de esta segunda parte, la desatada versión del clásico popular ‘Cirilo Murruchuca’.
Tras dos horas y algo más, Chancho en Piedra llega finalmente al ansiado Cielo Funk. Y fueron recibidos por San Pedro, ni más ni menos. Además, la Maldita Big Band acompañó a la banda en lo que a mi juicio representó lo mejor de la noche, tanto en forma como fondo. El soporte en temas como ‘Volantín’, ‘Niño peo’ y, en particular, ‘Mandinga’ hicieron que la musicalidad de la banda brillara con todo, lo que claramente se notó por la respuesta de los marranos, haciendo temblar el sueño del Caupolicán.
La voz de Felipe Ilabaca comandó en la interpretación del ‘El juego’ y después, el grupo se la jugó con el son de ‘Pregonero’, aunque con un resultado menor en comparación con los temas ya presentados. Lo bueno es que con el arreglo tipo swing de ‘Da la claridad a nuestro sol’, y en particular con la sentida interpretación de KBzón, Chancho de inmediato volvió al rumbo de esta gran presentación.
Los bronces también le dieron color a ‘Me vuelvo mono’, aunque la canción que brilló fue ‘Voy a resucitar’, que gozó de una versión que quedará en la memoria de la comunidad marrana. Sin dudas, éste debió ser el mejor tema de la noche.
Y así, Chancho en Piedra llegó al último cuarto de su fiesta de 18 años. De la Maldita Big Band quedaron un saxo, una trompeta y un trombón, y se unieron a la fiesta un grupo de bellas coristas para dar el vamos a la sección más funky de la noche, la que iniciaron con ‘Kiltro virtual’, pegada con ‘Siameses’. El conjunto iniciaba el final del Cielo Funk a toda velocidad y, por lo mismo, querían desatar la fiesta eterna.
Por lo mismo, esta última parte fueron los cortes más festivos de la banda. ‘Una aguja en un pajar’ siguió con el baile, que con la notable versión de ‘Empresaurio’, hicieron que el Caupolicán se moviera al ritmo del funk marrano. Ni hablar de ‘La vida del oso’, que hizo estallar al respetable en esa mezcla de baile y rock que propone el funk criollo de Chancho en Piedra.
Ya anunciando el final de este cumpleaños, la banda se mandó una increíble versión del clásico ‘Guach perry’, metiendo otras canciones en la sección intermedia del tema y mezclando, también aquí, la potencia de sus primeros años con sonoridades más soul. Un golazo y que el público agradeció cantándolo y coreándolo como corresponde. En la misma, ‘Condor’ y luego un festivo medley de ‘El durazno y el vino’, ‘Viejo diablo’ y ‘Discojapi’, hicieron que aún pasadas las tres horas de show, la gente siguiera bailando con todo.
Pero el final tenía que ser acorde a la celebración y los Chancho, con ‘Edén’, hicieron eso. No sólo porque mezclaron una nutrida gama de elementos, desde las voces femeninas a los bronces, sino porque lograron transformar una maratón en una fiesta de colores, baile, salto y canto. Era notorio que, con el cierre del recital, la afluencia de público no se hubiese mermado. Ahí se nota la fidelidad marrana, y cómo Chancho en Piedra debe ser una de las pocas bandas del país que puede decir algo así de su público.
Confeti, fiesta, cielo funk. Todo eso y más fue lo que Chancho en Piedra desplegó en el Teatro Caupolicán, que seguramente vio una de sus jornadas memorables en lo que a rock nacional se refiere. Son 18 años cosechando éxitos y eso se notó. Sí, hubo problemas en algunos temas y, seguramente, algún retoque habrá para el disco que recordará a este show, pero incluso eso hace al conjunto nacional tan querido. Y es como dijo Lalo, al final del show: no son talentosos, pero sí trabajadores. Salud por la mayoría de edad de Chancho en Piedra, que la demostraron con creces ante su público y al país.
Felipe Kraljevich M.
Fotos: Sebastián Jiménez
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