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LOLLAPALOOZA CHICAGO 2012

Día 3

2012-08-055 Comentarios


El papel lo aventuraba como el mejor día de festival. Con nombres de sobra en cada uno de los horarios, el domingo de este Lollapalooza fue todo lo que uno proyectaba e incluso más. Sorpresas, decepciones, muy buena música y el mejor sabor de boca dejaron estas últimas 10 horas de música en Chicago.

 

En favor del espectáculo los favoritismos estaban mucho más repartidos que en los días anteriores; no hubo colapso en el show del headliner como sí aconteció con los Red Hot Chili Peppers, por ejemplo. El clima también ayudó y el calor fue mucho más llevadero. Y en general hubo mejores canciones flotando en el aire, tan simple como eso. A revisar la oferta.

 

El triunfo moral: Jack White. Quizás no todos lo asimilaron de entrada. Pero que Jack White fuese el encargado de cerrar un festival que tenía también a Black Sabbath, Black Keys y Red Hot Chili Peppers como de cabezas de cartel era curioso. El primer desafío sería que el ex White Stripes lograse atraer suficiente gente como en el mismo Red Bull Soundstage lo habían hecho los Keys y los Peppers. Y sin llegar a un lleno absoluto, la fama de White estuvo a la altura.

 

El que falló fue el propio y cada vez más indescifrable Jack. O quizás su sonidista. Una masa de sonido cubrió el Grant Park, en especial durante la primera mitad del concierto en la que se hizo acompañar por su banda de soporte masculina (Los Buzzardos). Un baterista desbandado y los volúmenes excesivamente altos del violín y la lap-steel. Nadie sonó tan pesado como él y eso no es necesariamente una virtud.

 

Al exasperante sonido White le sumó una rutina de colisiones instrumentales entre la mayoría de sus canciones (que no alcanzaban a desarrollarse siempre como improvisaciones), lo que hacía aún más pesado el asunto para quienes estaban cerca del escenario. El entusiasmo del respetable nunca despegó del todo y es sencillo entender el porqué. ‘Black Math’ fue casi indescifrable y ‘Dead Leaves and the Dirty Ground’ se intentó sostener sobre una poco ortodoxa entrega en piano de White. Al menos con esa banda costó encontrar un verdadero acierto: ‘Wasting My Time’ es lo más cerca a una versión a la altura de lo esperado.

 

Durante ‘Love Interruption’ White cambió de banda y ahí llegó lo mejor de lo suyo. Con el tino esperable y una energía bien conducida, su primer sencillo solista, ‘Whip Yourselves to Sleeps’ y ‘Hotel Yorba’ fueron auténticos respiros. Claro, en formato más acústico, pero en la generalidad estas chicas (The Peacocks) controlaron más su entrega. Más allá de algunos inexplicables (como ‘Top Yourself’ una canción muy menor en el catálogo de White con una versión extendida), el final se lo echaron al hombro clásicos triunfantes que para muchos compensan por todo lo anterior y dejaron los ánimos engañosamente arriba (especialmente ‘Steady, as She Goes’ y ‘Seven Nation Army’, coreados incluso a la salida del parque).

 

Más de un tercio del público se había marchado para el momento del bis, pero Jack White no acusaba el golpe. Él es de seguro el que más se entretiene con todo esto. Pero en algún minuto tendrá olvidar lo nominal y enfocarse en lo real. Por ahora, le alcanza. Por ahora.

 

De más a menos: At the Drive-In. Empezaron como unos leones, terminaron con lo justo. La primera mitad del esperadísimo show de At the Drive-In en Lollapalooza fue todo lo que se podía pedir: precisión instrumental, público en éxtasis y un Cedric Bixler-Zavala rindiendo a todo nivel.

 

Fueron gloriosos 30 minutos dominados por el favorito de todos, “Relationship of Command”. ‘Arcarsenal’ y ‘Pattern Against User’ fueron auténticos mazazos. Omar Rodríguez no tendrá el mismo entusiasmo de hace 12 años, pero realizó su trabajo a la perfección. Jim Ward no dio descanso machacando también riffs y voces. Pero el presente de los reunidos parece ser frágil, y después de una coreada ‘Napoleon Solo’, comenzaron algunos problemas técnicos que distrajeron a los protagonistas y de a poco fueron aflorando falencias.

 

Sí, el registro de Cedric es más alto de lo ideal y por momentos simplemente chilla. Pero es tolerable cuando sus compañeros están en sintonía. No se puede decir lo mismo de la última parte de la actuación, instantes en los cuales asomó el ruido por el ruido. ‘Pickpocket’, gran rescate de “In/Casino/Out”, mostró a una banda con ganas de mostrar ganas, pero nada más. Incluso los matices que ofrece un tema como ‘Non-Zero Possibility’ se desarma si no encuentra a todos los intérpretes con las mismas pilas.

 

At the Drive-In debía ser dinamita y esa sensación de peligro real a manos de unos profesionales duró media hora. El resto, más bajos que altos. 10 minutos menos de lo prometido duró una presentación que alcanzó para ilusionar respecto de su criticado show en Coachella. ¿Suficiente?

 

Tocaron con gusto: The Gaslight Anthem. Con un nuevo álbum recién publicado, estos oriundos de Nueva Jersey deberían haber andado en plan promocional a fondo. Pero lo que Gaslight Anthem hizo en este Lollapalooza fue optar por pasarlo bien antes de cualquier cosa. Con un show en Chicago programado para un mes más, no se complicaron y pese a mostrar unos cuantos temas de “Handwritten”, tocaron las canciones justas para mantener caliente a su gente.

 

Un escenario curiosamente mezquino en producción para los Gaslight Anthem que se vio repleto rato antes de que comenzara el set con ‘Great Expectations’ y su single ‘45’. Brian Fallon estaba con el mejor de los ánimos y bromeó con la gente, no ocultó nunca su sonrisa e hizo lo imposible por dar la talla vocalmente, tarea que extrañamente lo desafía demasiado temprano en su carrera.

 

Cada corte fue coreado una entusiasta fanaticada. ‘Even Cowgirls Get the Blues’ fue un punto alto; pero la adrenalina se concentró en la seguidilla de ‘The 59 Sound’ y ‘American Slang’, rematando con la nueva pero fantástica ‘Too Much Blood’. 45 minutos justos, redondos y esencialmente entretenidos. Gaslight Anthem hizo lo que tenía en mente. Lolla, agradecido.

 

El Headliner del futuro: Gary Clark Jr.: Todavía no ha publicado un álbum y ya es capaz de acaparar toda la atención tras él. A las 3 y cuarto de la tarde muchos miles corrieron a ver al artista que más presencias marcó en los festivales americanos en este 2012. Gary Clark Jr., el bluesman soñado para los tiempos modernos, parece ser el tipo más cool que jamás haya tocado blues. Sea o no sea cierto, el tipo sabe hacer su trabajo.

 

Con dos EPs publicados, Clark tiene más música que canciones para ofrendar, pero esto no es impedimento para realizar un show de primera. Extendidas y orgánicas jams combinadas con un puñado de originales y algunos covers de blues hicieron llover aplausos y vítores.

 

Incluyó el sexy soul de ‘Please Come Home’, como para que no queden dudas de cuán amplios son sus dominios. Presentó un tema nuevo, ‘Give it Up’, como para calmar el hambre por su disco. Y llevó blues con historia a los oídos de Lollapalooza: quizás no muchos ahí hayan conocido el cancionero de BB King, pero nadie olvidará el ‘Three O’ Clock Blues’ que Clark ofreció. Y qué decir de la pegada de ‘Third Stone from the Sun’ de Hendrix con ‘If You Love Me Like You Say’ de Albert Collins… Cómo sabe el moreno.

 

Los más apresurados lo comparan con el propio Jimi Hendrix, lo que es un despropósito. Uno de los defectos de Gary Clark Jr. es lo que le cuesta comunicarse con la gente cuando no está tocando una nota. Pero está recién empezando y ya tiene seguidores por montones. Parece ser apuesta seguro. Ya veremos.

 

El mejor solo de guitarra del día: Quinn Sullivan. No, Jack White no fue el único “guitar hero” de este domingo en Lollapalooza. También estuvo Quinn Sullivan, un prodigio que ya tiene 13 años, seis de los cuales lo han tenido soltando notas sobre el escenario. En Kidsapalooza vimos la mayor demostración de talento genuino, sin egos ni luces de por medio.

 

En la mitad de su breve segmento de 25 minutos Sullivan anunció “esta es una canción de Jimi Hendrix pero haré la versión de Eric Clapton”. El atrevimiento con ‘Little Wing’ (a la Derek and the Dominos) dio espacio al adolescente de dejarse llevar por las emociones que su edad recién le está permitiendo entender y sorprendió con un solo que dejó los pelos de punta a todos quienes estábamos ahí. Por casi media hora el escenario de niños estuvo inundado de adultos que desde lejos sentían el fuego de Quinn Sullivan.

 

Juan Ignacio Cornejo

Foto: Billboard.com

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