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CONGRESO

Cuatro décadas de permanente obsequio de grandeza

2009-12-020 Comentarios



Teatro Municipal
Miércoles 2 de diciembre de 2009

Como bien define el periodista David Ponce, en su libro “Prueba de sonido”, Congreso pertenece a la triada de los “patronos”, vale decir, de los grupos que son fundamentales y fundacionales a la hora de hablar de música popular chilena contemporánea y su relación con el rock como elemento de ésta. Los de la quinta región forman parte ya consagrada dentro de la memoria auditiva y emocional de cada uno de nosotros, ya sea de tiempos pasados, presentes o futuros.

Hay que referirse a la historia al momento de abordar este comentario. Mal que mal, eso es lo que se celebra: la historia de uno de los “patronos”. Corría el año 1969 cuando tres hermanos dejan las ambiciones beat y se embarcan en un proyecto con muchas más ilusiones que certezas. A eso, hay que sumarle a otro muchacho, también llegado de una experiencia relacionada con el beat y la sicodelia, a encargarse de textos llenos de metáforas y una voz que, con los años, demostraría ser de las mejores.

Así han transcurrido, grosso modo, las cuatro décadas de Congreso: entre la pasión y la incertidumbre. Casi 20 años de esta historia se mantuvieron en el ostracismo de la dictadura. Las cuatro décadas de la banda, asimismo, han visto pasar a varios integrantes, aunque siempre han quedado uno: Sergio “Tilo” González, maestro compositor de la música de este conglomerado.

Historia. El mismo Francisco Sazo, o Pancho Sazo si prefieren, se refirió a ella cuando recordó los momentos en los que ya habían estado en el céntrico Teatro Municipal, hogar de expresiones artísticas que, en una madeja que no es pertinente analizar acá, están (casi siempre) alejadas del mundo del rock, como lo son la ópera, las orquestas o el ballet, por nombrar algunas.

Sabemos, no obstante, que eso no es tan así. Como sea, Pancho Sazo contó cuando, por ejemplo, tocaron en ese recinto en el año 1970, en el festival de la Nueva Canción Chilena, para después volver en 1992 con “Los fuegos de hielo”, como siguiendo el rito de la apertura tras la cruel y despiadada dictadura de Pinochet y compañía. Y en esta ocasión, fue el escenario para que, junto con la orquesta filarmónica del Teatro, dirigida por Eduardo Browne, nos dejaran ingresar a un mundo imaginable, sí, pero sin dudas sorprendente: el amalgama entre la fusión latinoamericanista de Congreso y el sinfonismo propio de músicos doctos.

Los arreglos, a cargo del mismo Tilo González en conjunto con el maestro  Browne (quien ya había trabajado con el grupo en “Los fuegos de hielo”), permitieron una transición fluida, sin espacios ni divisiones del estilo “esto es Congreso y, aparte, está la orquesta”. En esta celebración, eran un solo conjunto, un ensamble completo que fue ovacionado continuamente por el público del Teatro Municipal.

El evento comenzó a una puntualidad casi inglesa. Eran las 20:10 cuando comenzaron a sonar los primeros acordes de ‘Sur’, con los excelentes arreglos de la Filarmónica del teatro, dieron paso a una inspirada versión ‘Viaje al corazón’, manteniendo la misma intensidad y pulcritud con la ‘Voladita nortina’. Congreso, con tres cortes, daba muestras concretas de su validez como “patronos”, casi como sosteniendo esta tesis.

Por dos horas, el grupo que nació en Quilpué, pero que abrazó pronto sonidos latinoamericanos y africanos, se dio maña al demostrar el porque de su longevidad. ‘Horario estelar’, por ejemplo, dio el paso para el homenaje a Víctor Jara, contemporáneo de los Sazo y González. Quizás a muchos, aunque sería majadero admitirlo, se les olvidó el hecho que tras 35 años, recién los restos del cantautor y uno de los precursores del rock chileno con ‘El derecho de vivir en paz, tendrán su descanso. Quizás eso motivó a Congreso a dar una suerte de trato especial a este bello corte, emocionando con la arremetida poderosa de las frases de Víctor.

Como sea, este fue uno de los elementos que siempre se mantuvo durante esta celebración. ‘Volantín de pluma’ o ‘Los elementos’ son otros ejemplos de que Congreso se supo cómodo en medio de la vorágine de la nostalgia; como si fuesen mozuelos (Y sin duda que Sebastián Almarza y Federico Faure, teclados y bajo respectivamente, lo son), el conjunto se dejaba maravillar por unos arreglos precisos y un público rendido.

Siempre he sentido que para escuchar a los de Quilpué hay que saber leer entre líneas. Y en esta celebración el ejercicio se hacía lógico. La selección de ‘Hijo del diluvio’ y ‘Viaje por la cresta del mundo’, dos cortes datan de 1981 y que, curiosamente, son sin Pancho Sazo en la voz, hace creer que el Congreso siempre mira hacia atrás, rebuscando en su propia historia datos, anécdotas, experiencias. Quizás por ello es que ambas versiones, particularmente la de ‘Hijo del diluvio’, desbordaron en un misticismo vestido de poderoso ritual.

Así pasaron dos horas. Casi sin sentirse más que por el deseo del festejo y la comunión de estar ahí, de decir presente en las cuatro décadas de uno de los conjuntos de música popular más importantes del país. En un show que trató de ser justo, Congreso apelo a la ecuanimidad con grandes resultados, mezclando las distintas etapas de la banda bajo un prisma doble más que atractivo: por un lado, es la confirmación de un nuevo periodo que denota su esplendor y por otro lado, la pugna del aprendizaje pasado que, como nunca, nutre las ambiciones artísticas de Congreso.

En una fiesta colosal, pero íntima. Popular, pero reducida, el Congreso dio rienda suelta a su habilidad para sensibilizar, para mostrarse musicalmente arropados y sumamente cómodos dentro de este contexto de celebración, con todo lo que ello implica. Mi única crítica, dentro de un gran recital, fue el término del mismo. Todo iba bien, con la bella composición ‘Nocturno’, pero el conjunto decidió cerrar con ‘Hijo del Diluvio’ y ‘Horario estelar’.

Eso produjo, a mi juicio, un bajón peligroso en toda esta apuesta y, por un instante, redujo mi tesis de la historia a nada. Con cuatro décadas, hay composiciones para regodearse, para sacar joyas o revivir momentos emotivamente inscritos en la memoria junto a viejos integrantes. Pero ese ya es terreno de la decisión grupal (una muy desconcertante, por cierto) y en lo que a nosotros respecta, debemos decir feliz 40 años Congreso, y muchas gracias por regalarnos vuestra música.

Felipe Kraljevich M.
Fotos: Ignacio Orrego
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