Elipse del Parque O’Higgins
Domingo 22 de Noviembre de 2009, desde las 11:00 hasta las 21:30
Las cifras oficiales apuntan a más de 60 mil personas. Y en esta ocasión, tan lejos no se andan los organizadores del evento. El carácter masivo de una fiesta como ésta, en la que se celebraba a Santa Cecilia, patrona del género, fue un corolario más que adecuado, una respuesta de que a la audiencia criolla le gusta más ver a sus artistas que consumirlos y, si de paso esto se realiza gratis, mucho mejor.
Desconozco, por ejemplo, el número de discos compactos vendidos en los stands habilitados para ello. Dándose una vuelta por ahí, uno se topaba con varios registros comentados en nuestra página a módicos precios. Curiosamente, esos no estaban dentro de la parrilla del Día de la Música, el evento organizado por la SCD y Metro.
A diferencia de las versiones anteriores, donde lo que primó era una suerte de equilibrio entre actos en ebullición, artistas de la casa y figuras ya consagradas en el medio local, lo que si vivió la jornada de la tarde este 22 de noviembre fue lo contrario: mucho artista de la casa, poca variedad y menos aún, actos de rock casi inexistentes, cosa que por lo menos en las dos últimas veces había sido la tónica: ver del buen y querido rock criollo.
¿Qué pasó con El Cruce, por ejemplo? ¿BBs Paranoicos? Por último Fiskales, o Inestable. Nada. Ni siquiera se tomó en cuenta el regreso de Fulano para esta ocasión (lo que sin duda es una falta de respeto con lo que es, por lejos, el evento del año en materia de música nacional). Por ejemplo, cuando Matorral participó en la versión 2007, fue un acierto. Antes habían estado De Saloon, Teleradio Donoso y los queridos Weichafe. Sinergia también se subió ese año y el siguiente, junto a La Mano Ajena, nuevamente Weichafe y El Cruce. En esta ocasión, hay que recurrir a lo fino, a detalles que nos digan que esta jornada dominguera se trataba de la música y no del pretexto de manos corporativas para mostrar por enésima vez su parrilla.
A nosotros, como medio, poco nos interesan “artistas” como Cata Palacios. Su sólo nombre ya produce urticaria. Tampoco el pop teñido de negro de K-Reena, que peca de cierta inconsistencia. Cito a estas dos mujeres porque, si usted lector va a www.diadelamusica.cl, dará cuenta en la programación de lo escaso que había para nuestro deleite, habiendo tanto grupo bueno haciendo grandes cosas.
Hilemos, entonces, por el detalle. La Banda Conmoción (algo cercana a nuestros gustos) desató una fiesta con su mezcla entre romané y cumbia callejera, con disfraces incluidos. Saiko, con Luciano Rojas como compositor principal y Thais en el rol de figura central, sigue en su eterno dilema de jugarse por entero entre sus temas nuevos, correspondientes a su última placa “Volar”, y las canciones que levantaron al grupo como uno de los estandartes del pop-rock de principios del nuevo milenio.
Camila Moreno, nominada a un Grammy latino gracias a su disco “Almismotiempo”, puso un elemento de emotividad que la gran mayoría de la pésimamente denominada “nueva canción” carece; además, fue la segunda en enarbolar un discurso político concreto con la frase “Piñera, ni cagando” (antes Thai, de Saiko, emplazó a los postulantes a La Moneda a debatir de cultura) y lanzar su conocido tema ‘Millones’.
Pasó Fernando Ubiergo y por fin (y no es una exageración, señor lector) un conjunto de verdad: Congreso. Cuatro décadas de trayectoria y un nuevo disco, pronto a editarse, los siguen avalando ya no sólo como uno de los conjuntos fundacionales del rock nacional, a pesar de su marcado lationamericanismo. Es el respeto que los de Quilpué imponen, ese antiguo respeto por los sabios ancianos y que con temas como ‘Diluvio universal’ y la bella versión de ‘El derecho de vivir en paz’, se manifestó en pleno en la elipse del Parque O’Higgins. Lo más curioso es que Congreso, uno de los puntos altos, no pertenece a catálogo alguno de los organizadores, cosa que los grupos pertenecientes a la “plantilla”, por así decirlo, no entusiasmaron mucho.
Gepe, sin dudas uno de los artistas más sobrevalorados del medio local, pasó sin pena ni gloria por el escenario. Quizás para las élites periodísticas ABC1 funcione, pero en su enfrentamiento con el mundo popular falla de forma rotunda (algo que a Camila Moreno no le pasa). Ese mismo sustrato recibió con los brazos abiertos a la Sonora de Tommy Rey. Lalo, de los Chancho en Piedra, ya lo había dicho: Tommy Rey es un rockero de tomo y lomo, y durante su presentación, quedó completamente demostrado al instante en que cada una de las 60 mil personas coreaban las clásicas cumbias que están siempre presentes en el fin de año (‘La peineta’, ‘Daniela’, ‘Loco, loco’ o ‘El galeón español’).
The Ganjas fue uno de los grupos que colocó rock. El de verdad: vintage, psicodélico, amoldado para estas ocasiones. ‘Marihuana, me estás volviendo loco’ bramó Astaburuaga desde el escenario. Y las respuestas fueron pocas, pero siempre encendidas. Asimismo, De Saloon volvió a confirmar que nació para estas grandes ocasiones, haciendo gritar a las muchachas y saltar a todos.
Chancho en Piedra desató una fiesta sin control. Ya curtidos, bien aceitados, Lalo, Felipe, KBzón y Toño son como una máquina que se impone al rigor. Presentaron ‘Sex Shop’, tema que en vivo recuerda a los viejos tiempos y ‘Ella quiere’, que continúa la senda de la placa anterior pero con tintes más rockeros. Y claro, ‘Locura espacial’ o ‘Eligiendo una reina’ siempre funcionarán, ya sea en un escenario grande como el de ahora o en uno más recatado.
Para nosotros, todo cerró con Manuel García y su trova. Esta vez era sólo la guitarra, pero García demostró por enésima vez el por qué es el más dotado de esta andanada de canta-autores: hay poesía, de esa que hace erizar los pelos, y una musicalidad vocal y en las cuerdas que es insuperable.
Podría ser curioso, pero no. Eso es dar demasiada ventaja. Lo cierto es que los “foráneos” fueron los que se acordaron de la música más que cumplir con el contrato del sello, uno que menospreció groseramente al rock este año. ¿Se olvidan acaso que las mejores producciones que han salido de ahí han sido, precisamente, las de esta trinchera? Como sea, el Día de la Música se transformó de manera muy peligrosa en algo corporativo y eso no le hace bien a nadie: al público, que se encasilla; al músico, que debe cambiar para ser aceptado, ni a nosotros como medio, porque nuestra honestidad y paciencia se ponen en la cornisa de lo insano al tratar de escudriñar algo que las “instancias superiores” desecharon por completo: la diversidad.
Felipe KraljevichFotos: Sebastián Jiménez