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Guns N' Roses / Sebastian Bach

El esperado retorno a la jungla santiaguina

2010-03-200



Movistar Arena
Sábado 20 de marzo de 2010

Por esas cosas fortuitas que a veces tiene el destino, en esta oportunidad me tocó estar al otro lado de la moneda y no presenciar el concierto desde el lado del público, sino sobre el escenario, desde el costado de la banda. Gracias a una amistad con los músicos de Sebastian Bach, la banda me solicitó su ayuda para coordinar la logística de su show en Santiago para tener alguien de “confianza” dentro de la producción, ya que todo el mundo iba a estar pendiente de Guns N’ Roses o mejor dicho de Axl. Y para Sebastian Bach su debut en Chile era muy importante, por lo tanto, quería que todo saliera perfecto.

Bach no sólo es una locomotora cuando sale al escenario, sino que todo el día el tipo derrocha una energía apabullante a punta de bromas, imitaciones y palabrotas por doquier, manteniendo un ambiente relajado y divertido al interior de su banda todo el tiempo. En la previa en el camarín, Bach calienta sus cuerdas vocales cantando notas siguiendo una pianola para luego en plan karaoke cantar un tema de Journey y otro de Judas Priest y rematar con Pantera a tope volumen para que toda la banda entrara en onda mientras realizaban sus elongaciones y calentamiento muscular. Bach se mostró muy bien informado acerca del reciente terremoto y me pidió que le tradujera al español todos su parlamentos que preparó in situ para la audiencia nacional, e incluso en el camarín comentó en tono de broma que “Mike Portnoy era un “mamón” por escribir un su twitter que lo único que quería era tocar luego y salir arrancando de Chile por temor a las réplicas”. Puro Bach style.

Pocos minutos pasadas las nueve de la noche, el quinteto completado por el bajista Rob Deluca, el baterista Bobby Jarzombek (también baterista de Halford, Riot y Fates Warning), el guitarrista Johnny Chromatic y la más reciente incorporación de Nick Sterling de sólo 19 años en la guitarra líder, saltó a escena como un huracán para arrancar con ‘Slave to the Grind’ del álbum del mismo título. La salvaje puesta en escena del vocalista quedó en evidencia de inmediato cuando comenzó a enrollar el cable del micrófono en su cuello, logrando un recibimiento aplastante de parte de la audiencia local. Cualquier despistado que hubiera andado por ahí, al ver la reacción del público, hubiera pensado que Bach era el headliner y no sólo el “telonero” del show.

Con un acertado equilibrio entro los viejos clásicos de Skid Row y los potentes temas de su último álbum “Angel Down” (2007), Bach demostró que a pesar que con el paso de los años su voz se ha visto algo mermada, aún tiene en su garganta unas cuerdas vocales de acero que le inyectan fuego puro a su interpretación, lo que sumado a su salvajismo en escena, dejan muy en claro que es uno de los mejores “frontman” que ha parido la historia del rock lo que demostró en furiosas versiones de clásicos de Skid Row como ‘Big Guns’ y ‘Piece of Me’. Y resulta increíble que, nuevamente por esas casualidades de la vida, con sólo unos pocos meses de diferencia hayamos tenido a Skid Row y Sebastian Bach presentándose en Chile luego de una larga espera de 20 años. ¿Qué lado brilla más? Es difícil responder, pero me inclino por que Bach está algunos peldaños más arriba que sus ex compañeros.

Sobre el escenario, el sonido del retorno era francamente perfecto, y por lo que me mencionaron varias personas que vieron el show desde el lado del público, también se escuchó muy bien desde esa posición, lo que resaltó el filo metalero de cortes como ‘Bitchslap’, ‘Stuck Inside’ y ‘American Metal Head’, un tema que el guitarrista Metal Mike (Halford), compuso para su banda PainmuseuM, pero que Bach ya adoptó como propio. La banda se mostró realmente sólida y compacta en vivo y tener la posibilidad de ver la performance del tremendo Bobby Jarzombek tocando descalzo a sólo un par de metros es algo que no tiene precio, ya que su impresionante técnica y potencia es sólo comparable a la de un Deen Castrono (Journey).

Incluso Jarzombek usó una partitura musical para tocar el patrón de ‘In a Darkened Room’, una de la grandes power ballads de Skid Row que no estaba contemplada en el set inicial, pero que Bach quiso incluir en Chile como un homenaje por el terremoto, y a pesar de un pequeño error en una parte del tema que hizo que Bach pusiera cara de enojado, fue una gran versión, al igual que un tema nuevo, ‘Television’, que Bach compuso junto al guitarrista John 5 de Rob Zombie para su próximo disco de estudio en el cual también está trabajando con Jamey Jasta de Hatebreed. La primera impresión del tema me apreció fantástica, lo que augura que Bach se trae otro disco tan destacado como “Angel Down” entre manos.

El final llegó por supuesto con las tremendas ‘I Remember You’ y esa patada en el trasero que es ‘Youth Gone Wild’, y aunque Bach ya no tenga 18 años, sigue siendo el mismo loco salvaje que conocimos 20 años atrás y por los cuales agradeció una y otra vez a la audiencia chilena que lo recibió con los brazos abiertos y le demostró su cariño lanzándole múltiples banderas al escenario. Sin ninguna duda fue un tremendo concierto que dejó a la gente con las revoluciones a mil para lo que después vendría con los “nuevos” Gunners. Tras cartón, de vuelta en el camarín Bach comentó que “¡tocar en Chile fue como tener un orgasmo, fue un amor a primera vista con los metaleros chilenos y no entiendo cómo me demoré tantos años en venir a tocar acá, pero de ahora en adelante Chile siempre será una prioridad y volveré tan pronto saque mi nuevo disco!”. Y a un tipo como Bach, yo no lo pondría en duda ni por un segundo.

El 2 de diciembre de 1992 la prensa nacional informaba estupefacta como el líder de un grupo de chascones, alcohólicos y drogadictos ataviados de estrella de rock, llegaba al aeropuerto golpeando e insultando a los reporteros gráficos; luego a los funcionarios del hotel y al que osara atravesarse. Cada despacho que daba cuenta de desmanes, consumo excesivo de alcohol, drogas y excentricidades reflejaba la personalidad agresiva y soberbia de la banda más peligrosa del planeta, un temperamento al que los chilenos de ese entonces no estábamos acostumbrados.

Hubo muchos comentarios que pasaron a ser parte de la mitología urbana y las notas publicadas en la prensa escrita se transformaron en recuerdos indelebles, recortados y pegoteados en los cuadernos de los fanáticos. Sin embargo, lo concreto fue, a fin de cuentas, las más de 60 mil personas en el Nacional; las tres horas de retraso del recital, la muerte de una niña de 15 años, las continuas amenazas de Axl de parar el show si es que el público lanzaba una otra “maldita” botella y, por sobre todo, un potente show de rock que definitivamente marcó a toda una generación que no estaba familiarizada con los mega recitales.

Casi 18 años han transcurrido desde ese entonces y la banda ya no es lo mismo, pero tampoco lo son sus seguidores, ni mucho menos nuestro país. Por este motivo las expectativas y los sentimientos del público apuntaban hacia diferentes flancos. Por una parte, el comprobar en vivo y en directo el desempeño en el escenario de esta nueva alineación; si serían capaces de recrear algo de la mística del grupo que nos encantó en los noventa, y también está el morbo de saber en qué estado está realmente a sus 48 años, esa encarnación de la estrella de rock and roll por antonomasia, llamada Axl Rose. Y si a esto le sumamos que dos días antes en Uruguay los seguidores tuvieron que soportar más de cuatro horas de retraso, las perspectivas no eran nada de halagüeñas.

Luego de las actuaciones de los nacionales Kilterry y Sebastian Bach, muchas de las incertidumbres de esta previa se comenzaron a dilucidar, cuando pasaba el tiempo y Guns N Roses no aparecía en escena. Fueron interminables dos horas desde que el ex vocalista de Skid Row cantara su última canción, para confirmar que Axl no ha cambiado en lo absoluto su forma de ser; una falta de respeto que los 15.000 asistentes al Arena Santiago estuvieron dispuestos a soportar con tal de tener la dosis de rock por la que habían pagado. Fue así como a las 00:25, después de la característica cortina de la gira, comenzaron a sonar los acordes de ‘Chinese Democracy’ y de inmediato todos las conjeturas y aprensiones comenzaron despedazarse al ritmo de los acordes y el aura rockera, callejera e insolente con el que los fanáticos soñaban con volver a sentir en vivo por mucho tiempo.

Bastó con que el carismático y cercano DJ Ashba comenzará a tocar esos guitarreos que son parte de la memoria auditiva y que Axl vociferara: “You know where you are…” para que el recinto se estremeciera y quedara rendida a los pies de la banda con ‘Welcome to the Jungle’, el ejercicio de cerrar los ojos y sentir la música ponía los pelos de punta. Manteniendo la misma energía, se abrió el apetito de destrucción con ‘It's So Easy’ y ‘Mr. Brownstone’, que continuaron si dar tregua a una audiencia que se esmeraba para cantar lo más fuerte posible.

La primera prueba de entusiasmar a la gente y hacerles olvidar el mal rato de la espera, ya estaba superada y llego el momento de comenzar a esclarecer uno de los grandes misterios en torno al grupo: la calidad vocal de su cantante. Es así como ‘Sorry’ desnudó la voz de Axl, mostrándola tan sólida y potente como su estilo de vida se lo permite. Se puede afirmar que mantiene sus características de manera muy similar a 1992, cuando visitó por primera vez nuestro país, pero, sin lugar a dudas, muy distante de lo que era capaz de hacer en el período de los comienzos en el 87-88.

Una versión un tanto disonante de ‘Better’, dio paso a la presentación del guitarrista Richard Fortus quién se lució interpretando un espectacular solo, demostrando que la base de cuerdas con la cuenta el grupo es de excelente nivel técnico. Luego vino ‘Live and Let Die’ y ‘If the world’ con otra muestra de calidad guitarrera, pero esta vez con los acordes tipo español que posee el tema.

La pirotecnia y una escenografía llena de luces, colores y efectos visuales en pantalla, acordes a cada una de las canciones, fueron recursos bastante bien usados durante el show. Eso se funcionó muy bien en el desfile de mujeres que apareció en ‘Rocket Queen’, que fue un verdadero flashback a los años del “Appetite for Destruction”, la mejor etapa del grupo, y fue el turno de que el bajo de Tommy Stinson, quizás el integrante con menos presencia escénica, adquiriera protagonismo poniendo de manifiesto que la alineación actual está compuesta por músicos completos, de un nivel sobresaliente.

Con la adrenalina muy en alto y las ganas de seguir escuchando los grandes éxitos de la banda llegó el momento de saludar a un viejo conocido al que el público le hizo sentir todo su cariño y recuerdo, el tecladista Dizzy Reed, quien puso una pequeña pausa en los decibeles con una interpretación en piano que fue el preámbulo de ‘Street of Dreams’, una de las buenas canciones del “Chinese Democracy”, que la gente escucho muy entusiasmada, quizás previendo lo que se venía.

Uno de los momentos más altos del recital lo consiguió una seguidilla espectacular de éxitos: ‘You Could Be Mine’; ‘Sweet Child O' Mine’, luego de una increíble introducción en solo de Dj Ashba, quien de apoco adquirió un gran protagonismo; ‘Knocking' On Heaven's Door’, en donde por alguna razón Axl se mostró un poco molesto con sus compañeros y ‘November Rain’, que fue una descarga de calidad interpretativa en todos los instrumentos y en donde se vivió algo que llamó mucho la atención, el hecho de que cada uno de los guitarristas Fortus, Ashba y Bumblefoot se fueran turnando cada uno de los riffs. Fue el lapso en el definitivamente se comprobó que esta alineación, por lo menos en la parte interpretativa, es simplemente notable, quizás en muchos aspectos muy superior a la alineación clásica.

Luego de ‘Nightrain’, vino un breve descanso, el “encore” y cierre del concierto que a esas alturas ya tenía a todos más que satisfechos, con ‘Magadascar’, ‘Shackler's Revenge’, ‘Patience’ y la apocalíptica despedida con ‘Paradise City’ en donde se hizo gala de la pirotecnia y los papeles rojos volando por todo el enloquecido recinto, que agradeció un show inolvidable que terminó casi a las tres de la madrugada.

Axl Rose lo hizo una vez más. Dudo que alguien haya quedado disconforme con la presentación a pesar que la escasez de temas de los “Use Your Illusion”, como por ejemplo ‘Don’t Cry’ y ‘Civil War’, pero al contrario los comentarios de la gente fueron muy positivos y notaban cierto grado se sorpresa al encontrase con la riqueza técnica e interpretativa de la actual formación, que no tuvo puntos bajos y demostró ser un gran acierto. A pesar de que pasen los años y su abdomen se abulte, el icónico cantante sabe perfectamente como entregar un buen espectáculo de rock and roll. Sacó a relucir lo peor de su odiada personalidad con el fatigante retraso y su frialdad con el público, a pesar de haber aventado el micrófono a la cancha y de su mensaje al final. Pero, lo más importante, trajo de vuelta algo que muchos temimos nunca más poder sentir: toda la magia de una de las bandas más importante de la historia, que para muchos es una constante fuente de inspiración. Guns N’ Fucking Roses Was Here.

Review y fotos Sebastian Bach: Cristian Pavez
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Fotos: Ignacio Orrego
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