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JOE COCKER

El compromiso y la emoción

2012-03-163



Movistar Arena
15 de marzo de 2012

La fama que se ganó desde el día que puso un pie en el escenario de Woodstock y que bien supo validar década tras década señala a Joe Cocker como un gran intérprete. Más que ninguna otra cosa, el inglés supo conmover a través de su propia performance y ese debería ser el centro de atención de cada una de sus presentaciones.

La pasada de Cocker por el Movistar Arena se ajustó a la misma línea pero con una leve alteración en el plan: había que ver cómo se las ingeniaba el viejo Joe para sostener su show por 90 minutos con 67 pesados años en el cuerpo. Hasta dónde llegaría su explosión y hasta dónde la resignación, en otras palabras.

Diez minutos después de lo pactado salió a escena Cocker, sin grandes fanfarreas, cautivando con su calidez y sencillez antes del primer golpe. El telón de fondo decía “Joe Cocker Hard Knocks”, disco que supuestamente venía a ser promocionado, pero sólo dos temas de este pasaron, sin que el responsable de la placa los presentase ni intentara levantar la bandera de su entrega 2010. Es curioso, pero Joe Cocker da la impresión de concentrar toda su atención en cómo dosificar su energía canción tras canción, sin poner mayor atención a los otros detalles del show. Es más, entre canciones las luces se apagaban y no hubo nunca mayor interacción aparte de un par de saludos y gestos de cortesía de un buen Englishman.

Arrancó con “Hitchcock Railway” y casi sin descanso fue por “Feelin’ Alright”, un súper cover a Traffic que tiene todo el sello de lo mejor de Joe Cocker. De ahí en adelante comenzó un set que iba mezclando baladas con mid-tempos más intensos. Por ratos costó ver al inglés realmente comprometido con sus canciones, con “Up Where We Belong” como gran excepción (la otra fue “Unforgiven”, de su último álbum y que dejó en claro que el sobreviviente de Woodstock conserva su tono cautivante pero le va quedando poca gasolina). “You Are So Beautiful” fue cantada con el vuelto, “Come Together” en exceso lejana, y no fue hasta “You Can Leave Your Hat On” y el fervor de los presentes que el “heredero de Ray Charles” se notó cómodo y suelto.

A Cocker le alcanza con su tono de voz para emocionar a quien lo escucha. El asunto va por cómo enfrenta cada canción. Sin embargo, también hay inteligencia en su movimiento: es en esa parte “fría” del set en la cual se asegura de llegar con su garganta perfectamente preparada para los momentos en que él escoge brillar. “Unchain My Heart” estuvo impecable, por ejemplo.

No había nadie entre los presentes en el Arena que no estuviese esperando “With a Little Help From My Friends”. Y ésta vino alrededor de la hora de concierto, cerrando la primera parte del set. Ante tamaña expectación, Cocker se echó los fantasmas al bolsillo. Ese sería “su” momento y no escatimó esfuerzos, dio tres saltos durante la versión (otros tres se repartieron en todo el resto de la noche) y sobre el final, frente en alto y con todo el oficio del mundo soltó el grito que todos estaban esperando para que nadie olvidara su lugar en la historia. No hay otra manera de calificarlo que “glorioso”.

Sí, la energía bajó para el bis pero no importó mucho. Buenas versiones para la inoxidable “Delta Lady” y otro cover Beatle, “She Came in Through the Bathroom Window”. Fue el turno de una muy alegre “Cry Me a River” de Ella Fitzgerald y pareció que hasta ahí nomás llegábamos.

Vinieron “High time we went” (con solo de bajo y guitarra con citas a Chic, Cream y Jimi Hendrix) en una interpretación sorprendentemente festiva, que alcanzó para que darle una bofetada a quienes pensaron que el show terminaba en “With a Little Help From My Friends”. Y la última sorpresa vino con el único momento acústico de la jornada, sin coristas y con “Long As I Can See the Light” de Creedence sonando fuerte y claro. Ya a esta altura Joe Cocker lo tiraba todo a la cancha y fue una clausura en la más alta nota.

Fue una buena selección de canciones – aunque haya sacado a última hora “Summer in the City” – que entretuvieron por una hora y media. Cocker tiene una banda correcta, suficiente como para acompañarle con estilo pero siempre claros de que es él quien tiene que echarse el carro al hombro.

Como dije, el tono inmortal de Joe Cocker alcanza para emocionar, pese a que uno quisiera que aún tuviese cuerda suficiente como para comprometerse durante el show completo. El balance es positivo, que no quepa duda. Vimos lo que queríamos. El que estuvo ahí sabe a qué me refiero.

Juan Ignacio Cornejo K.

Fotos: Sebastián Jiménez


 

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Septiembre 2014
   


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