14 de abril
Teatro Municipal de Valparaíso
Todo aquel que ya conozca el Guitarfest sabe que es un encuentro donde el virtuosismo en las seis cuerdas es la regla de oro. En años anteriores, habían brillado figuras nacionales como Alejandro Silva, Lucas Yaksic, Claudio Cordero, Gabriel Hidalgo y Gonzalo Sanhueza –de lo más granado de la cosecha guitarrera- así como figuras extranjeras como Vinnie Moore, Kiko Loureiro y Richie Kotzen. En esta versión, la lumbrera era nada menos que Doug Aldrich, el actual partner de David Coverdale en Whitesnake, pero que también tuvo su paso por Dio, la banda Lion y proyectos como Burning Rain y Bad Moon Rising; sumando además la participación del grupo local Seis Sigma y los reconocidos Six Magics.
La reunión congregó a un público amante del heavy metal y también del hard rock, que se apostó puntualmente en el recinto porteño para comenzar a ver, a eso de las 19:30 horas, a los viñamarinos Seis Sigma, quienes sufrieron algunos problemas de sonido en su presentación pero que de todas maneras, supieron sortear sin caer en el nerviosismo. El conjunto compuesto por Verónica Lara en la voz, Roberto Pino y Esteban Valderrama en guitarras, Víctor Letelier en el bajo, Fabián en la batería y un joven tecladista cuenta con una propuesta que ellos mismos califican como fusión/rock/pop y que, de buenas a primeras, recuerda a Dream Theater y, en los momentos más amigables, al lado más oreja de Lacuna Coil. En treinta minutos, supieron convencer a la audiencia, que siguió atentamente el show, y disminuyeron la ansiedad por ver a la figura de fondo.
Posteriormente, los tres ganadores de las versiones anteriores del Guitarfest, Ronald Orrego, Hugo Hermosilla y Omar Alvear, se batieron en una batalla para buscar al mejor del evento, que fue elegido mediante el “aplausómetro”, el que dio como ganador a Alvear, un joven cuyas influencias pasaban “desde Michael Jackson a Emperor” y que tuvo una cercana disputa con Hermosilla, finalista de la última versión del certamen de Guitar Idol.
Cerca de las nueve de la noche, sería el turno de Six Magics, que contaron con una calurosa recepción de sus fans. En una hora, la banda enfrentada por Elizabeth Vásquez mostró un repertorio variado, desde los clásicos (‘Carcass’ o ‘Behind the Sorrow’) a canciones nuevas que se encontrarán en el álbum que será lanzado a mediados de este año, e incluso algo del trabajo solista de Erick Ávila, todo para certificar su regreso a los escenarios luego de un extenso período de preparación de su cuarto disco. La entrega fue total, tanto de parte del quinteto como de sus seguidores, tanto que tuvieron que volver al escenario para culminar con ‘Falling Angels’ y sellar el espectáculo.
La espera acabó con la llegada de Doug Aldrich, ataviado con una Gibson Les Paul dorada que también utilizó en el concierto del año pasado con Whitesnake. Su performance comenzó con tracks instrumentales que anonadaron al público, que a esas alturas, se había parado de sus asientos para correr hacia adelante y verlo de cerca. Pero el corazón de Aldrich, más que con los los trucos, está en el feeling, aquello que él mismo se encargó de resaltar cuando mencionó a Stevie Ray Vaughan y a su maestría al hacer sonar solo tres acordes de manera distinta, llenas de sentimiento y de colorido.
Desde un inicio, asombró la simpatía y la humildad del guitarrista, que quiso dirigirse en español aunque le fuera una tarea ardua. Aquella actitud denotaba, asimismo, la forma en que se enfrenta a su instrumento, sin verlo únicamente como un modo en que la dificultad extrema juegue un rol preponderante en la interpretación, sino que también como un modo de transmitir sensaciones. Fue aquella enseñanza que destacó de otro de sus ídolos, Gary Moore, que podía pasar desde la intimidad de ‘Still Got the Blues’ a riffs “agresivos y locos”, tal como el mismo Aldrich describió.
No contento con eso, también invitó a algunos de los músicos que habían participado en la velada, de Six Magics y Seis Sigma, para seguir rindiendo homenaje a sus influencias, como Jimi Hendrix (‘Voodoo Chile’) y Jimmy Page (‘Immigrant Song’) y, por supuesto, una jam blusera. Aldrich no dejó de agradecer y de demostrar su infinita “buena onda” (tal como mencionó en nuestro idioma) y demostró, además, con más de 25 años de trayectoria, que más que un duelo con la guitarra, lo que se debe mantener es una forma honesta de expresión, sea cual sea la técnica.
Fotos: Producción Guitarfest
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