Court Central
18 de enero de 2006
Tal como lo había anunciado la producción, a las 19.15 en punto subió al escenario el cuarteto nacional Kontra. Los encargados de abrir el show se presentaron ante un Court Central a mitad de su capacidad, el que se fue llenando lentamente.
La apuesta de esta banda formada a fines del 2004 era grande. Abrir el show de La Renga, ante una gran cantidad de público es algo que cualquier agrupación espera para promocionar su música. Y el resultado fue bueno. Tocando temas de su disco “Kontramundo”, estos muchachos que ganaron su derecho a actuar esta tarde mediante el Pre Cosquín, fueron bien recibidos por la audiencia.
Sabían que aquí podía estar el despegue definitivo. Y se la jugaron. Un gran lienzo con la página web del grupo acompañó su actuación. Además, el vocalista Nicko Majluf regalaba gorros y lanzaba discos. Todo sea por promocionarse.
En lo musical, sonaron impecables. Un Heavy Rock potente, duro y directo. Ese que le agrada al público local. Cuarenta y cinco minutos justos de actuación, que incluyeron un cover de Highway to Hell de AC/DC (con torpedo en mano). Querían enganchar al público… y lo lograron. Sin duda una de las nuevas bandas chilenas que va a dar que hablar en un corto plazo.
20.10 y suben al escenario unos viejos conocidos: Angelo Pierattini, Marcelo Da Venezia y Mauricio Hidalgo. El trío de hard rock ya está consolidado en la escena musical chilena y eso se vio apenas pisaron el escenario: “Weichafe, Weichafe” se escuchaba entre la muchedumbre.
“Opción Laverna” fue el comienzo un poco averiado del festín de los guerreros mapuches. El micrófono de Pierattini no se escuchaba de lo mejor, pero luego todo se solucionó para seguir “rockanroleando”. Pausa, saludo a la gente, y el clásico “Pichanga”.
Hace aproximadamente 3 años habían tenido la posibilidad de telonear a La Renga. Hoy en día ya han editado 3 discos y tienen un público que los sigue. Esto se vio reflejado en la tarde noche de Ñuñoa, con unas 4 mil personas moviéndose al ritmo de Pierattini y compañía.
Repasaron repertorio de sus tres álbumes, “Tierra Oscura del Sol”, “Weichafe” y “Pena de Ti”. La virtuosidad del guitarrista y vocalista del conjunto se apreció en todo su esplendor. Descalzo y al más puro estilo Angus Young, hizo saltar y cabecear a todos los presentes. También hubo tiempo para los homenajes: “El Rock del Poncho”, dedicado especialmente al fallecido Poncho Vergara, que causó un cerrado aplauso de los presentes.
“Pena de Ti”, “Tres Puntas” y “No es Malo” siguieron en la parrilla de canciones preparada para la ocasión. La conexión musical entre los integrantes de la banda es algo fundamental en el bien dotado sonido de Weichafe. Así, cómo Angelo es el principal encargado de las voces y Marcelo hace los soportes de la segunda, también cambian roles en un par de temas “crudos”, más afines a la voz del bajista. Cuando llevaban en escena más menos 40 minutos, comienzan a sonar los acordes de “Ripio y Soledad”, para luego tocar un tema más y dar paso al plato más esperado de la noche.
Los minutos pasaban y la espera se hacía interminable. Fueron alrededor de 20 minutos, que parecieron ser horas. Pero lo mejor estaba por venir…
“Pobreza en los estómagos, más pobreza en las cabezas…”, fueron las primeras palabras que pronunció Chizzo y lo que dio pie para que 6 mil expectantes fans comenzaran a calentar motores, saltando y gritando la letra a más no poder. Eran los acordes de “A tu Lado”, primer tema de “Detonador de Sueños” y el que abría el banquete junto a los de Mataderos. Tras este tema, Chizzo tomaba la palabra, saludaba al publico chileno y a continuación decía: “estamos muy contentos de estar nuevamente acá… y veo que agrandamos la casa”. El Court Central estaba repleto, superando los cerca de cinco mil espectadores que habían asistido a la última presentación de la banda en suelo nacional, el 2004 en el Víctor Jara.
Luego, todo continuó con completa normalidad, hasta que entró en acción el Chiflo. Tocaron un par de temas de “Detonador” y cuando el saxofonista intervino por primera vez, los problemas de sonido de hicieron notar. El micrófono simplemente “destruyó” el audio del saxo. Esta escena se repitió en por lo menos un par de oportunidades más, cada vez que Chiflo comenzaba a tocar.
La escenografía era de esas características de La Renga, con artes diseñados por amigos o colaboradores. Unas figuras extrañas en cada costado del escenario, y un fondo cargado con colores como el morado. Dos pantallas gigantes que en todo momento reprodujeron los pormenores del show. Los juegos de luces simplemente estuvieron a la altura de las circunstancias.
No hubo dragones gigantes ni nada de eso, como se había anunciado. Lo que si había era una rampa por delante del escenario, para que el movedizo de Tete pudiera desplazarse con mayor libertad. Tal como se rumoreó semanas antes, los argentinos no sólo iban a tocar sus últimos temas. El mismo Chizzo decía: “Este es un tema viejo, haber si se lo saben” y comenzó a sonar “Desnudo para siempre (o despedazado en mil partes)” lo que provocó el desenfreno de los presentes.
“Veneno”, “Tripa y Corazón”, “Dementes en el Espacio” y “Bien Alto” se pudieron escuchar a toda potencia y con un público cada vez más entusiasta. Mientras el Tete movía unas perillas en el sonido para ajustar su bajo, comienza a aparecer la ya clásica bandera chilena gigante con el nombre de la banda en el centro. Chizzo no tuvo más que agradecer, mientras al Tete se le escapaba una sonrisa y tomaba el micrófono para decir “gracias loco”.
Manu entra en acción con su flauta traversa para dar el inicio a “Paja Brava”. Las luces semi apagadas, para darle una oscuridad especial al tema, eran acompañadas por el humo que salía de un costado de la batería de Tanque.
El acostumbrado jueguito entre el público con los “eh eh” y la batería de Tanque Iglesias dieron paso al infaltable sólo del batero. Largos minutos en los que, tanto sus compañeros como el público, sólo se limitaban a mirar. Tras la potencia del hermano de Tete, vino “Lo Frágil de la Locura”. Simplemente genial.
Luego vino otro tema antiguo. Del primer disco, “Esquivando Charcos”, como el mismo Chizzo hacia saber: “haber si se acuerdan”, decía. “La Nave del Olvido” era coreada por la mayoría de los presentes, recordando así los primeros éxitos de la banda.
Punto a parte fue el último tema que había creado La Renga, hace unos meses, en homenaje a Norberto “Pappo” Napolitano. “Viva Pappo” fue la canción que sólo los más acérrimos fans corearon y la que tuvo a un invitado en la guitarra: el sonidista de la agrupación, el gordo Miyo, como se le conoce. Mostrando una capacidad increíble con la viola, como también le dicen a la guitarra en Argentina, el “gordo” se fue entre aplausos.
Pero faltaba un homenaje más. “A los que vinieron de lugares lejanos, tanto de Chile como de Argentina”, decía Chizzo. “Motoralmaisangre”. Y bien valía este regalito, ya que había un grupo de hermanos argentinos, además de numerosos rengos de todo Chile. Gente de Iquique, Ovalle, El Salvador y Temuco, eran sólo algunos.
“Cuándo Vendrán”, “El cielo del Desengaño” “El Ojo del Huracán”, “En los Brazos del Sol” y “El Rey de la Triste Felicidad”, también tuvieron cabida en el amplio repertorio tocado. Momento importante cuando comienza a sonar un clásico de La Renga: “La Balda del Diablo y La Muerte”. Como era de esperarse, la totalidad de los presentes lo cantaron, incluso a capela durante una estrofa completa que Chizzo dejo para los fans.
Los trasandinos llevaban cerca de dos horas sobre el escenario. Cuando el vozarrón de Gustavo Napoli dijo “hemos llegado al final… y el final es…” “En donde partí” contestó la audiencia, para dar paso a otro tema ultra conocido “El Final es en Donde Partí”. Fervor total para comenzar a cerrar una noche intensa junto a La Renga. Luego vino “Hielasangre”, el que era acompañado con imágenes de represión y violencia en las calles trasandinas.
Así se cerraban las cortinas del show, Chizzo deba las gracias, Tanque tiraba las baquetas y el Tete emprendía rumbo hacia camarines. Alrededor de 5 minutos de espera coreando “caminito al costado del mundo” dieron fruto y los de mataderos aparecían en escena nuevamente. “Hola a todos…”. Era “Panic Show” el que hacia saltar nuevamente a los seis mil presentes. Luego vino La Razón que te Demora”, el último “clásico” sacado por la banda.
Y claro, no podía faltar el himno de Los Mismos de Siempre: “El Revelde” se escucho fuerte y claro, vitoreado y gritado al máximo. Para el final dejaron algo que se suponía. “Hablando de la Libertad”. Chizzo decía: “Ahora si nos vamos… con este tema, como siempre”. Aquí la explosión fue máxima. No importaban las dos horas y media de salto y canto. Porque era lo último que se escucharía de La Renga en esa noche y porque el tema da para cantarlo, gritarlo, saltarlo y gozarlo a plenitud.
Más allá de un par de problemas sufridos por los micrófonos de Chizzo, Manu y Chiflo, el show de La Renga fue como todos los anteriores: puro power de un grunge-rock duro y directo. Ese que va a las venas y que provoca que “el veneno Renga” sea cada vez mayor entre el pueblo chileno.
Andrés GonzálezFotos: Ignacio Orrego 'Fotorock'