Estadio Víctor Jara
18 diciembre 2004
Una noche memorable se vivió en el Víctor Jara este sábado 18, tanto por la onda, la vibra y lo mostrado por una de las bandas de mayor convocatoria en Argentina y que acá, simplemente, la revientan. Sin duda el ojo del Huracán de rock fue el ex Estadio Chile.
El show estaba previsto para las 21:00, pero a esa hora, Manu Varela (saxo, armónica) recién venía bajando del metro con algunas artesanías que se llevaría de recuerdo y pasaba inadvertido entre los rengos que, a esa hora, terminaban las últimas gotas y corrían hacia el estadio. La espera dentro del recinto sólo acrecentaba las ganas de escuchar a los creadores de ‘Detonador de sueños’ (2003). El vino que no podía faltar, los cánticos (“yooo soy la renga, es un sentimiento no puedo paaarar”), los lienzos y las buenas ramas para compartir con los mismos de siempre calmaban un poco las ansias de estallar de rock and roll. Por otro lado, el escenario estaba dispuesto de sur a norte, lo que se agradece, tanto por el sonido que te traspasa, como por la visión, donde el público en todo momento tiene a la banda clavándole los ojos.
21:47. Comienza un ritual vibrante, lleno de potencia y emotividad; se encienden las luces y las dos pantallas gigantes apostadas a cada uno de los lados del escenario muestran imágenes del público mezcladas con representaciones de destrucción y vida... Tanque, dándole a la batera, comienza a detonar el huracán hasta que Chizzo hace estallar todo con los acordes de ‘A tu lado’ (Detonador de sueños-2003). El Víctor Jara se venía abajo con los rengos y rengas (muchas) que repletaron el recinto, tanto así que obligaron a cerrar todas las puertas ya que no cabía un alma más.
Bandera Renga de Chile, mano al pecho, corazón, una bengala que recorre toda la cancha, La Renga y el estadio prendido y cantando a todo pulmón ‘El que ha sangrado’ (La esquina del Infinito-2000). Acto seguido llega ‘Las cosas que haces’ (Detonador de sueños-2003), por fin el primer respiro... aplauso y ovación. “Aguante Chizzo y el rock and roll”, gritaba una chica de no más de 16 ó 17 años. Mientras, Chizzo decía: “gracias loco, gracias por el recibimiento, en Chile estamos en casa y esta noche de rock and roll es para ustedes”. Acto seguido, se escucha ‘Detonador de sueños’: Este tema que da nombre al sexto álbum en estudio de la banda y que hace lo propio con la gira que los trajo a Chile, es un corte que en vivo suena más veloz, fuerte y con la potencia de Tanque en la batería que, simplemente te destroza, una fuerza en los bombos y una línea de bajo resonante que te golpea el pecho y te intimida.
Una zapada de Chizzo bastante distorsionada, la batería entrando lento y en contrapulso, dan una introducción algo extraña para la clásica ‘En el Baldío’ (La esquina del Infinito-2000), un tema triste y sentidísimo cantada por todo el estadio y que me refregó la realidad de vida en la cara... me sentí más Rengo que nunca. Siguiendo con el show, el regalo llegó con el ‘Twist del pibe’ (La Renga –1998), un corte que el grupo no hace mucho en vivo y que, acompañada de una bengala que brillaba en la galería, sonó y salió perfecta. Imágenes de represión en Argentina y revolución social se mezclaban con otras de la guitarra de Chizzo, arte precolombino y del público, mientras Napoli, arrodillado en el borde del escenario, sacaba un solo rabioso e inspiradísimo para ‘Lo frágil de la locura’ (Despedazado por mil partes-1996). Destacadísima es la participación de Manu en la armónica y el saxo de Chiflo, que le dan la onda y ese toque maravilloso que tiene este tema. Manu, Tete y Chizzo enfrentando sus instrumentos, los tres juntos en medio del escenario en un final galopante y simplemente inolvidable... nueva ovación.
Luego, presenciamos un increíble momento con ‘Míralos’ (Detonador de sueños-2003). Dementes estaban a esa altura todos, y mientras Gustavo ‘Chizzo’ Napoli hablaba de la violencia que nos rodea, comenzaron los acordes de ‘Dementes en el espacio’ (Detonador de sueños-2003). Éste es, quizás, el tema más importante de su último álbum, un track que en vivo suena más pesado y no se hace tan largo, pero sigue siendo muy denso, apretado, vertiginoso y emocionante, hasta que, sin mediar aviso, cambia y entra una sesión de vientos de muy buenos arreglos... esto te lleva a un swing de rock y jazz, que, esta vez, rozó la fusión.
Más tarde seguía ‘Cuando vendrán’ (Despedazado por mil partes-1996). Es increíble el fervor y en general los sentimientos que provocan los temas de La Renga. Mientras sonaba este corte, miraba a la gente y siempre el ritual era el mismo: mano en el corazón y aleonando con la polera de la banda, puño en alto y cantando aunque no quedara voz. No había nadie que no cantara; la complementación, incondicionalidad, identificación, conocimiento de la música, el fervor y la mística entre la banda y el público es increíble y sólo lo he visto en La Renga.
El segunda regalo musical de la noche se vino con ‘Triste canción de amor’, tema que aparece en el casi desconocido álbum ‘Adonde me lleva la vida’ del año 93’. Este disco sólo salió en formato cassette y más tarde, cuando la banda estaba en Polygram, fue reeditado en CD. Este track pertenece a Alex Lora de El Tri y, a pesar de ser un tema que no se incluye mucho en los shows, fue interpretado de una manera notable.
La nostalgia aún no cesaba cuando los vientos eléctricos y distorsionados lanzados por Chizzo comenzaron a avivar y a subir por ‘El ojo del Huracán’ (Detonador de sueños-2003). Un himno de cancha absoluto, con unos riff perfectos y que con su ‘no existe ciencia’ nos dio el plus que nos llevaría a sentir que el ‘Veneno’ (Despedazado por mil partes-1996) reemplazó hace mucho a la sangre que corre por nuestras venas y en mi caso personal, por más que quiera no me lo puedo sacar.
Guitarra de ritmo lento, psicodélica y quejumbrosa sonoridad -a la cual se unió Manu en una emotiva interpretación- fueron el génesis de una balada en que el diablo se une a la muerte con una botella en la mano. Antorchas y un cantar del público que silenció a la banda... era la ‘Balada del diablo y la muerte’ (Despedazado por mil partes-1996). A este verdadero himno le siguió ‘Voy a bailar a la nave del olvido’ (Esquivando Charcos -1991), y aquí me detengo porque no pude ver el escenario, ya que una bandera chilena cubrió nuestras cabezas, se hizo canción y flameó con las manos de todos.
Después sonó ‘El rito de los corazones sangrando’ (Adonde me lleva la vida -1993). Chizzo advierte que se viene el final y pregunta: “¿El final es? ¿El final es?”. La respuesta fue clara, precisa y contundente: ‘El final es en donde partí’ (Despedazado por mil partes-1996), otra bengala y el huracán arrasaba el Víctor Jara. La banda se retira entre aplausos y cánticos y de pronto se comenzó a escuchar al público cantar de forma muy baja hasta reventar con ‘El Revelde’... El grupo no aguantó y tuvo que salir a calmar los rugidos que se hicieron feroces cuando el león de la calle almagro rugió ‘Panic Show’ (La esquina del infinito-2000) pegada con ‘Arte infernal’ del mismo disco y la tremenda ‘Negra es mi alma, negro es mi corazón’ (Esquivando charcos -1991).
El torbellino natural no paró y no dio respiro con ‘Se (Me)hizo(e) canción’ (La Renga-1998). Y nadie pudo parar cuando el huracán detonó ‘El Revelde’, sin duda el momento más alto del show, inolvidable. Agua mineral para el cuerpo y el segundo bis transcurría... Chizzo estaba mudo, Tete mira a Tanque y no lo puede creer: “gracias loco de corazón, de verdad nos sentimos en casa”. Los acordes de la guitarra y los mismos de siempre cantan: “hay un destino que no tiene pruebas, por eso esta historia... hay un siempre para la batalla y La Razón que Te Demora’(Detonador de Sueños-2003), simplemente nada que decir.
Chizzo seguía su diálogo con la gente: “Existen cosas que hacen que las barrares se desintegren y la libertad se haga realidad”. Estaba claro, venía ‘Hablando de libertad’ (Despedazado por mil partes-1996) y se dio la libertad que sólo la música puede generar... un final conocido pero tan intenso, vibrante, emotivo, que cala tan hondo que no puede ser otro tema el que cierre un show que, sin duda, está dentro de los mejores de este año. Podría hablar de cosas más técnicas, pero para eso están los comentarios de los discos, esto es sólo lo que se sintió, vivió y escuchó de una banda que es verdadero rock and roll. Y si La Renga es rock and roll y el rock es vida, entonces La Renga es el rock and roll que hoy me volvió a dar vida.
Por: Alejandro CisternasFotos: Daniel Hernández