Teatro Caupolicán.
Sábado 8 de septiembre de 2012
Siendo algo así como un enemigo de la autorreferencia, me parece que al enfrentar el presente comentario el ejercicio es – por un instante – justificado: Tuve el enorme privilegio de presenciar ambas presentaciones en 2012 de Megadeth en Chile, lo que me otorga una tribuna inmejorable para poner en relieve una serie de contrapuntos que tuvieron las jornadas entre sí, mas allá de las obvias y conocidas diferencias en los set list.
Si bien es cierto el motivo y principal estrella de esta nueva visita del combo era la celebración de los 20 años de “Countdown To Extinction”, la poderosa idolatría con la que cuenta el conjunto en esta latitud permitió levantar un segundo show cuyas entradas también desaparecieron a velocidad inusitada, elevando las expectativas a alturas insospechadas. Esta incondicionalidad quedaba de manifiesto desde muy temprano pues ya a las 16:00 horas los fanáticos – casi todos muy, muy jóvenes - se aglutinaban en gran número en lo accesos del Caupolicán, lo que se terminó por confirmar al menos 20 minutos antes del arranque con un recinto igual de repleto que el de la noche del viernes, y desde donde emanaba un ambiente incomparable que se terminó transformando en frenesí apenas controlable cuando a las 21:08 aparece el colorado y junto a sus compañeros se despachan ‘Never Dead’ - del irregular “Thirteen” y con el cual inician el “Thirteen World Tour” – la que con su furioso azote de doble bombos sacudió todo el recinto, estruendo que se repitió con la – a estas alturas – inmortal ‘Hangar 18’, cuyo video con las imágenes de Vic Rattlehead experimentando con alienígenas era casi tan espeluznante como la interpretación monstruosa de Broderick, jefe del festival de leads en la que se convierte la segunda parte de la canción. Y si el marco de referencia desde donde se articulaba esta presentación era la visita al impactante segundo álbum de los estadounidenses, no podía faltar la asesina ‘Wake Up Dead’ en una versión perfecta donde la explosión del público recordó el fervor que se vivió, por ejemplo, en la grabación del DVD de Motorhead o en la presentación de Anthrax en el marco del Big Metal Fest (2010), es decir, inolvidable.
Tras tres movimientos aplastantes, la cuota de (relativa) calma llegó con ‘Trust’, la que a pesar de su perfil radial abre el camino para una de las participaciones más afiebradas de la audiencia, la que salta, grita y canta como si estuvieran presenciando el último espectáculo de sus vidas. Un nuevo momento de distinción fue inaugurado por los sonidos e imágenes de la poderosa arma de fuego que opera como la antesala de ‘Architecture of Aggression’, glorioso corte de “Countdown To Extinction” en una versión sencillamente aplastante, la que dio paso a la primera pausa de la noche, donde al igual que 24 horas antes, se encendieron las luces dejando a Dave solo en el escenario, recibiendo una bandera chilena y ¡una chupalla!, la que sin dudar puso sobre su roja cabellera, desatando la ovación de la audiencia, quien inmediatamente le tributó el ya famoso “olé, olé, olé, Muuustaineee, Muuustainee”. Y si este trazo fue sorpresivo y alucinante, lo que vino después fue sencillamente majestuoso porque la banda – previa introducción que dejaba en claro que la pieza no había sido tocada en otra parte del globo desde 1986 – desempolvó esa maravillosa amalgama de Blues y Rock and Roll metalizado para su versión de la inmejorable ‘I Ain’t Superstitious’ (original de Willie Dixon y segunda visita a “Peace Sells...But Who’s Buying”) la que sonó increíble y mostró a un Broderick superlativo al ejecutar con maestría y distinción cada uno de sus solos. Y por si fuera poco, al cerrar esta gema del ’86 comienza a atronar el recinto de San Diego la tan inquietante como inconmensurable ‘Dawn Patrol’, la que en vez de ser conectada con ‘Rust in Peace…Polaris’ se hermanó con la eufórica y electrizantemente rockera ‘Poison Was The Cure’ (la que mostró a un Shawn Drover especialmente firme y consistente, particularmente en esa aceleración tan característica que es comandada por el ataque de doble bombos), firmando el – por lejos – momento más interesante y elevado de la noche, al menos musicalmente hablando.
Tras una nueva pausa donde Dave preguntaba si nos estábamos sintiendo bien, aprovechando además de piropear a las mujeres presentes y – como no – agradeciendo al público chileno, se abre lo que podría considerarse como el momento más “taquilla” de la velada, pues los cortes elegidos para esa parte fueron ‘She Wolf’, ‘Angry Again’ y ‘A Tout Le Monde’, en rigor, ninguna muy brillante en el contexto del extenso catálogo de los norteamericanos pero que, sin embargo, generaron algarabía instantánea en los miles de fanáticos que repletaban el Teatro, especialmente con la titulada en francés, donde el coro sonó casi tan fuerte como la banda misma. Dentro de esta triada (específicamente después de ‘She Wolf’), Mustaine vuelve a subir a un niño al escenario (esta vez fue solo Ignacio, y no a dos, como el 7 de septiembre) para preguntarle el nombre y si le gustaba el Metal, en un pasaje que desató la locura de la audiencia pero que, personalmente, me pareció innecesario por sus características siúticas y demagógicas, en una actitud en la que el veterano líder no necesita caer, menos después de criticar durante tantos años a los políticos, y mucho menos en un país como el nuestro, donde las personas están a sus pies y no tiene nada que demostrar.
Una nueva revisión a ‘Countdown To Extinction” aparece con la ejecución de la composición homónima, ambientada muy acertadamente por luces de color rojo y pantallas teñidas con el mismo color, todo esto engalanado con esas guitarras gemelas que, pese a su sencillez, tienen un feeling infartante, recibiendo el enorme tributo de un público a tope, manifestación de fanatismo que continuó con ‘Head Crusher’, hecha para el directo y que sonó muy potente gracias al coro de la masa y al mosh de decenas de metaleros. Y como el cuarteto lanzó rencien el año pasado un nuevo Larga Duración, no podía faltar la triada compuesta por ‘Guns, Drugs And Money’, ‘Whose Life (Is It Anyways?)’ y ‘Public Enemy Nº 1’ (para mi, una versión “descafeinada” de ‘Tears In a Vial’) las que obtuvieron – y de manera muy notoria – la respuesta más tibia de las varias miles de personas (contando ambos sets) que acudieron al Caupolicán, momento en el que incluso aparecieron comentarios desde el público tales como “estas son puro relleno”, en otra prueba más de la prescindencia del último trabajo en estudio del combo californiano.
Tras casi 75 minutos de actuación, el final aparecía cada vez más cercano, siendo la primera seleccionada para la inexorable bajada de telón la archiconocida ‘Symphony Of Destruction’ la que, obviamente, hizo crujir cada milímetro del recinto con ese coro que se ha transformado en toda una institución, tema que dio paso a los bombos de Shawn y las líneas de Bajo de Junior para la inconfundible introducción de ‘Peace Sells’, lapso donde se vivió el mosh más numeroso y violento de la noche pero, lamentablemente, sin la aparición del terrorífico Vic Rattlehead. Tras el inverosímil “muchas gracias, buenas noches”, los músicos regresan al stage para regalarnos la monumental “Holy Wars…The Punishment Due”, en cuyo tercio final Mustaine le pide silencio a la audiencia (quien continua con la línea “Fill the cracks in, with judicial granite…” sin saber que en ese minuto son presentados los integrantes del conjunto) para introducirnos a Chris, David y el resistido – pifias múltiples incluidas – Shawn. Con la música del instrumental ‘Silent Scorn’ (“The World Needs A Hero”, 2001) de fondo, la banda se despide – primero individualmente y luego en una fascinante y vitoreada reverencia colectiva – con la alegría de un feedback devoto y la certeza de haber desplegado un espectáculo de alto impacto.
Es cierto, la incrustación de algunas piezas de museo correspondientes al catálogo más tempranero de Megadeth - junto con el notorio mejor sonido con el que contó la presentación del 8 de septiembre con respecto a la de la jornada anterior - son elementos tentadores para establecer juicios de carácter indulgente de cara a la novena presentación del colorín y sus compañeros en nuestro país. También lo es el fiato de sus integrantes y el mucho mejor estado de forma de su líder con respecto al Maquinaria 2011. No obstante lo anterior, existen varios elementos que obligan a tomar distancia crítica: Si bien es valorable contar con una oferta sonora distinta en cada una de las jornadas desplegadas, en el análisis general el supuesto factor sorpresa se esfuma rápidamente pues, en sentido estricto, solo ‘I Ain’t Superstitious’, ‘Architecture Of Aggression’, ‘ Countdown To Extinction’ y – en menor medida – ‘Wake Up Dead’ son incorporaciones inéditas o al menos inusuales. El resto de muestras forman parte de lo que vienen haciendo – como se dijo anteriormente - en el “Thirteen World Tour” y que fueron tocadas hace un mes en destinos como Tailandia, Singapur o Taiwán, por ejemplo. En ese contexto, varios de los temas del último lanzamiento no lograron convencer y, lo que es peor, la tan publicitada presentación de temas del “Peace Sells But Who’s Buying” fue demasiado exigua. Si bien es cierto NUNCA se informó que la banda tocaría el opus íntegramente, nadie pensó que solo aparecerían 2 temas (‘Peace Sells’ – perdónenme – no cuenta), hecho que constituyó, posiblemente, lo peor del fin de semana “Megadethiano”. Junto con lo anterior, también es oportuno preguntar si cada vez que vengan tocarán ‘Trust’, ‘A Tout Le Monde’ o ‘Hangar 18’, todas muy gozadas, pero francamente manidas.
Se perdió también el valor agregado – aunque complementario – de la figura de Vic Rattlehead (¿Era muy difícil subir a la legendaria mascota ambas jornadas?) y pese a que las pantallas (insuperable acierto a nivel de producción) mostraban primeros planos de un Mustaine verdaderamente feliz, la relación con su base de fans no fue tan cálida, nutrida, ni intensa como la del viernes 7. De hecho, ocupó mucho menos tiempo en hablar con los presentes, no hubo saludos para Megadeth TV ni homenajes a Jim Marshall; tampoco presentó las canciones como suele hacerlo ni se despidió deseando un buen regreso a casa. De hecho, dio una poderos muestra de su característico mal genio al no conseguir el silencio que esperaba al momento de introducir a sus compañeros en “Holy Wars…”, aspectos que en ningún caso cuestionan una relación sólida y única con Chile, pero que asoman como muestras de un show más calculado, más “cerebral”, menos comprometido y, muy probablemente, inferior al de celebración de los 20 años de “Countdown to extinction”, a la larga, la verdadera joya de esta nueva visita.
Mauricio Salazar Rodríguez
Fotos: Ignacio Gálvez
Set List
Never Dead
Hangar 18
Wake Up Dead
Trust
Architecture of Aggression
I Ain't Superstitious (Willie Dixon cover)
Dawn Patrol
Poison Was the Cure
She-Wolf
Angry Again
A Tout Le Monde
Countdown to Extinction
Head Crusher
Guns, Drugs & Money
Whose Life (Is It Anyways?)
Public Enemy No. 1
Symphony of Destruction
Peace Sells
Holy Wars... The Punishment Due
Silent Scorn (outro)
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