Teatro Caupolicán
14 de mayo de 2012
El tiempo a veces transcurre sin que nos demos cuenta. A casi tres años de la disolución de Oasis, su líder Noel Gallagher volvía a nuestro país, donde la noche del domingo concedió una magistral muestra de su proyecto en solitario, High Flying Birds, en un poblado Teatro Caupolicán.
La semana previa para el ya cuarto concierto del guitarrista sobre la capital cargaba una ansiedad que tenía poco que ver con la música. Para los letrados en el historial de Gallagher no es un detalle menor el fanatismo de él por el club Manchester City, que justo ayer se alzaba con la Premier League de Inglaterra tras cuarenta y cuatro años de sequía, y dejando a sus enemigos del United con nada. Por eso muchos fans se acercaron a la taquilla con camisetas del nuevo monarca inglés.
Con ese dato que garantizaba que sería una velada especial, la capacidad del Caupolicán se elevaba considerablemente hasta alcanzar un quórum de cuatro mil almas. La introducción a cargo de ‘Shoot a Hole Into the Sun’ enardeció los ánimos y a la hora pactada, Gallagher y su banda hicieron presencia sobre el escenario. Griterío total, instrumentos al hombro, y la actividad se da por iniciada.
‘(It’s Good) to be Free’, lado B de fines de 1994 subía los ánimos al tope y dejaba en claro que el mancuniano no sólo repasaría su bien comentada veta en solitario, sino que tampoco le haría el quite a su antiguo grupo. Una fórmula que le otorgaría réditos enormes durante la noche.
De su excelente disco del año pasado se abordó casi su totalidad. Desde los singles ‘AKA... What a Life!’, ‘If I Had a Gun’, ‘Dream On’ y ‘The Death of You and Me’, hasta ‘Soldier Boys and Jesus Freaks’, ‘(I Wanna Live In a Dream In My) Record Machine’ y ‘Everybody’s On the Run’, demostraron la buena salud y acogida que ha tenido el opus desde su salida, puesto que fueron coreadas de principio a fin por el grueso de la asistencia. La nostalgia no era la única razón de su presencia ahí.
A pesar de la generosa dote del trabajo homónimo, era sabido que la mayoría deseaba escuchar las canciones de Oasis. Y Noel Gallagher no se amilanó en conceder ese favor. Sin embargo, la obviedad no fue una característica a seguir. Si unos gritaban impacientes por ‘The Masterplan’, ‘Don’t Go Away’ o ‘Champagne Supernova’, desde el escenario bajaron ‘Mucky Fingers’ y ‘Talk Tonight’, cortes lejanos del repertorio acostumbrado del extinto quinteto.
Durante la primera parte del show, sólo ‘Supersonic’ y ‘Half the World Away’ fueron los éxitos que se oyeron. La primera, en una formato acústico que facilitaba el acompañamiento del público, y la segunda en una reforzada versión con toda la banda –impecable en su ejecución durante toda la extensión del directo-, probando que la pluma compositiva del inglés ha ido más allá que los grandes hits.
De Noel en sí se percibió un cambio de actitud. En sus tiempos de Oasis era raro verlo con entusiasmo o locuaz en otro lugar que no fuera Inglaterra. Ahora, al llevarse él todas las miradas, se vió cómodo en ese estado, pese a las muchas advertencias que él mismo hizo antes de irse de gira acerca de que él no era un frontman. Agradeció cada una de las intervenciones del público –se vió conmovido en el encore, luego de que espontáneamente surgieran ‘Live Forever’ y ‘Slide Away’ desde la platea hasta la cancha-, sonriendo de vez en cuando a la gente, además de hablar algo más, como la inevitable mención al logro de su equipo de fútbol, del cual se sentía “muy feliz”. Siempre tuvo toda la responsabilidad en el estudio, ahora se traspasa al escenario, y por lo que se ve, lo está disfrutando.
En el bis, la sorpresa llegó con las interpretaciones de ‘Whatever’ –que no incluyó las acostumbradas alusiones a ‘Octopus’s Garden’, de The Beatles ni ‘All The Young Dudes’, de Mott the Hoople- y ‘Little By Little’ –nunca tocada en Chile-, cantadas a todo pulmón por un Caupolicán que enmudeció a los High Flying Birds en ‘Don’t Look Back in Anger’, clásico instantáneo que fue el broche de oro de un concierto que demostró el fanatismo que despierta Noel Gallagher, un genio que parece envejecer mucho mejor que algunos de sus congéneres. Sorprendernos por la petulancia de sus frases es una pérdida de tiempo, pues hace rato que tiene sostén musical para respaldarlas. Oasis será algo irrepetible –para regocijo de algunos y tristeza de otros-, y él lo ha admitido más de una vez. El presente parece liberarlo de toda esa carga, lo que es una muy buena noticia.
Jean Parraguez
Fotos: Ignacio Gálvez
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