4 de noviembre
Movistar Arena
Cualquier fanático de The Beatles sabía que el encuentro de anoche en el Movistar Arena era un deber. Sobretodo porque ésta era la primera vez que el otrora baterista de los Fab Four venía a Chile, en un año que coincidió con la última visita de Paul McCartney. Era, en realidad, la única oportunidad de ver a los de Liverpool de cerca. Más allá de eso, lo visto en el Movistar Arena fue un despliegue de una de las mayores virtudes de Ringo, su carisma, pero, por supuesto, unido con la excelente calidad de los músicos Wally Palmer, Rick Derringer, Edgar Winter, Gary Wright, Richard Page, Mark Rivera y Gregg Bissonette.
Mucho de lo que se podía esperar de Ringo era simpleza, sin embargo, el concepto de su All Starr Band es que “todos son una estrella por derecho propio”, y por ende el espectáculo no se paseó únicamente por el repertorio solista de Ringo y The Beatles, sino también por momentos de nostalgia ochentera (a cargo de Wally Palmer y Richard Page), solos de guitarra (cortesía de Rick Derringer) y virtuosismo hiperquinético (Edgar Winter). Todo en un ambiente lleno de nerviosismo por ver a Starr, donde fanáticos corrían con sus vinilos y vestían un atuendo completo del merchandising oficial y el no tanto.
El espectáculo se abrió a las 21:15 horas, mientras todos los músicos ya se encontraban sobre el escenario y le daban la bienvenida a Ringo Starr, un hombre delgado y vestido de riguroso negro, que fue recibido muy calurosamente por el público. Comenzó todo con ‘It Don’t Come Easy’, su primer single post Beatles, ante una escenografía de inspiración sicodélica y donde destacaba una estrella. Apenas culminó, el británico comenzó un estrecho y cariñoso intercambio con la audiencia, en su mayoría personas sobre los cuarenta años, llenándolo de alabanzas, “me siento energizado”, señaló antes de iniciar ‘Honey Don’t’. Su primera ronda culminó con el tema ‘Choose Love’, del álbum del mismo nombre del año 2005.
De ahí en adelante, la banda fue intercalando turnos, desde ‘Hang On Sloopy’ de The McCoys y encabezada por Rick Derringer, a ‘Free Ride’ de Edgar Winter. Pero Ringo era la estrella para el público y con ‘I Wanna Be Your Man’ (que dedicó “a todas las damas”) y posteriormente ‘Yellow Submarine’ nuevamente arrasaba, en una escena en que la cancha se llenaba de globos amarillos en el aire. En esos intentos por cautivar a los asistentes, Gary Wright se dirigió en un correcto español contando la historia de cómo había conocido a George y Ringo, antes de interpretar ‘Dream Weaver’; mientras, por su parte, Richard Page recordó su paso por Chile en 1988 “cuando dije algunas cosas que no debí haber dicho” para dar paso a ‘Kyrie’ y, más tarde, a una vitoreada ‘Broken Wings’. Winter, por su parte, deslumbró con su extravagancia en ‘Frankestein’ y Palmer capturó con los hits ‘Talking in Your Sleep’ y ‘What I Like About You’.
Aunque los variados estilos de los músicos también causaron respuestas variadas en el Movistar Arena, primó el respeto hacia cada uno de ellos. De parte de un Ringo que a sus 71 años parecía incansable, su eslogan de “paz y amor” se transformó en mucho más que eso y lo llevó a una actitud palpable en el aire. Con el cierre, en ‘Photograph’ y ‘With a Little Help From My Friends’ la euforia terminó por tomarse el Arena, justo cuando Ringo decide salir del escenario y volver para cantar ‘Give Peace a Chance’, el homenaje a su amigo John. Pese a que se extrañaron más canciones de su tiempo con The Beatles, el show sobrecogió a sus fanáticos, obviamente por aquel talento que alguna vez fue desestimado, pero también por su impresionante encanto.
María de los Ángeles Cerda
Fotos: Sebastián Jiménez