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SCOTT WEILAND

Paseo impredecible

2012-12-067


 

Teatro La Cúpula, 5 de diciembre de 2012

 

Contar con la chance de ver a Scott Weiland en un espacio íntimo como el teatro La Cúpula era un lujo para cerrar una temporada de conciertos que durante doce meses mantuvo tanta actividad que terminó por saturar el mercado. Como fuera, el frontman de Stone Temple Pilots y alguna vez también de Velvet Revolver vino a descomprimirse de tanta inquietud en torno al futuro de sus bandas. Este viaje era casi de vacaciones para él y lo demostraría en el set.

 

Antes del arranque de Weiland tuvimos la chance de ver a Prefiero Fernández, de impecable desempeño, con un sonido de primera – mejor que el del propio número principal – y la certeza de que estamos ante una banda que se siente cómoda en lo que hace, de la cual no es tan irreal pensar en un salto hacia algo mayor una vez que sean capaces de interactuar con mayor soltura con el público que cada vez les celebra más.

 

‘Infiltrados’, uno de los tantos buenos cortes de su nuevo álbum “Días de Noche” y la continuaron con una de su primer álbum, ‘Vicios’. Su propuesta calza con lo que una buena parte de los fans de Weiland estaban dispuestos a aceptar y el alto volumen con el cual sonaron no dejó indiferente a nadie. Es positivo cuando una banda nacional hace de acto de apertura y goza de condiciones técnicas suficientes como para no verse disminuidos en relación al acto de fondo. ‘Kilómetros’ y ‘Días de noche’ terminaron por hacer la tarea en media hora de presentación efectiva que no más de algún nuevo fan les dejará.

 

Llegó el turno de Scott Weiland, de entrada más enérgico y con mayor movilidad que en su paupérrimo paso por Maquinaria 2011. En la jam de apertura se le vio en buena forma y de mejor ánimo, por lo que sin haber cantado un verso ya enviaba un mensaje positivo a los poco más de mil fanáticos que quisieron decir presente.

 

Una ‘Crackerman’ algo desbaratada fue lo primero que activó los sensores, aunque no tomó vuelo muy rápido, pues no muchos reconocieron el doblete de su disco “Happy In Galoshes”, ‘Paralysis’ y Killing Me Sweetly’. El show pareció recién empezar con ‘Tumble in the Rough’, un súper rescate de “Tiny Music”. Recién ahí Weiland salió por completo de su cascarón y comenzó a soltarse.

 

Se acordó de sus Magnificent Bastards con ‘Mockingbird Girl’ y cumplió con revivir temas poco habituales en sus shows con los STP y ofreció ‘Loungy Fly’ con la cual muchos se sintieron suficientemente recompensados. Vale apuntar que el sonido nunca terminó por conjugarse por completo y la voz de Weiland entraba y salía de la mezcla dependiendo de lo fuerte que sonaran sus dos guitarristas.

 

Weialnd habló y dijo algunas cosas innecesarias (como que somos el mejor público del mundo) pero también de las otras. En esta última categoría hizo la diferencia entre hacer un cover y hacer una interpretación distinta de una canción, justo en el momento en que su banda daba el “vamos” a una interesante toma de ‘Do It for the Kids’ de Velvet Revolver.

 

Se hizo espacio para dos canciones ajenas que le calzaron bastante bien: ‘Mountain Song’ de Jane’s Addiction y la sorprendente ‘Can’t Stand Me Now’ de The Libertines. El cierre lo puso ‘Barbarella’, de su “12 Bar Blues”.

 

Nadie esperaba que ese fuese el final de la noche y poco demoró Weiland en salir a escena. Casi sin descanso hizo ‘Vaseline’ y ‘Unglued’, ambas de “Purple”, trabajo que nos quedó bien claro tiene no sólo un lugar especial en la memoria de los fans sino del propio músico. El cierre de ‘Unglued’ incluyó el desarme de una batería y al californiano haciéndose del bajo para tocar las últimas notas desde el suelo.

 

La postal del siempre impredecible Weiland sonriente y agradecido fue una buena manera de terminar la noche. Todos contentos, incluso aquellos que no habían presenciado ninguna de sus tres visitas anteriores con Stone Temple Pilots o Velvet Revolver. Los que creyeron que esta sería una noche fría y de piloto automático también se pudieron ir con un gusto dulce en la boca. La lista de canciones que la gente quedó pidiendo era amplia pero quizás este sea el único modo en el cual Scott Weiland puede escapar de ser Scott Weiland tal y como todos lo tenemos en la cabeza. De todos sus conciertos en Chile, este fue el que estuvo más cerca de ser una fiesta. Eso ya es mucho decir.

 

Por Juan Ignacio Cornejo K.

Fotos: Ignacio Gálvez

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Noviembre 2014
   


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