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SUE 2008

La noche de R.E.M.

2008-11-030 Comentarios



Movistar Arena
03 de noviembre de 2008

Poco antes de las 20 horas, el quinteto de Leeds, Kaiser Chiefs corría con la obligación de abrir los fuegos de esta edición del SUE, cartel que pese a ser mucho menos mezquino que  su edición de 2006, estaba muy por debajo de sus símiles en Argentina (Personal Fest) y Brasil (Planeta Terra), festivales portantes de una completísima constelación de actos para todos los gustos. De hecho, a muchos les causó extrañeza que se haya optado por los Chiefs para animar nuestra humilde edición festivalera y no un número de repercusión mayor como Bloc Party, quienes sonaron sin cesar hasta las últimas horas previas a la confirmación completa del menú de artistas que animarían las dos jornadas en el Arena Movistar.

Ante un reducido espectro del público, los británicos con un frío inicio y recibiendo una tibia bienvenida de sus adeptos, que llegaron a primera hora para apoyar a sus predilectos, otorgaron, salvo un par de excepciones escénicas, un concierto al máximo de sus posibilidades, pero predecible a destajo, con un set list calcado al del show brindado en Argentina el fin de semana pasado. Musicalmente, Kaiser Chiefs nunca ha inventado la rueda. Lo suyo es un power pop  encrespado, cuyo mérito madre fue el plasmar “Employment”, un disco debut atestado de canciones ricas en estribillos coreables y textos sociocostumbristas. Su débil tercer disco, “Off With Their Heads”, repitió una jugada de usanza constante en “Yours Truly, Angry Mob” (2007)- y traslució su elocuente debilidad creativa.

Ante esto, no era de extrañarse que tras un comienzo pactado con ‘Everything is Average Nowadays’, tuvieran tan magna recepción extractos como ‘Everyday I Love You Less and Less’, ‘Modern Way’, ‘Na Na Na Na Naa’ o ‘I Predict a Riot’ y ‘Oh My God’, seleccionadas para el tramo final del show. De su simplón segundo largo, lograron rescatar oasis luminarios como ‘Ruby’, ‘Heat Dies Down’ y la excelente ‘Angry Mob’ –ilustrada con un par de dejos punkers apoyados en una puesta en escena un tanto más frenética-, pero claramente que la pálida  ‘You Want History’ o una insulsa ‘Half the Truth’, representantes de su flamante entrega, mermaban con creces la intensidad del concierto.

Pese al contraste de temas escogidos, el grupo denotó una ferviente entrega, en especial en las últimas canciones, donde el show fue entrando en calor, también con la compañía de una cifra más numerosa de público que se aprestaba a recibir a The Mars Volta, minutos después. Un jugado Ricky Wilson corre por los alrededores de la pista y en un intento de proximidad con la gente, llega raudamente hacia la barra del sector vip y saca una lata de cerveza y se la bebe enfervorizado, imagen hecha para postal y un delicioso bocado para las cámaras de los presentes. Así, Kaiser Chiefs, apelando a su limitado potencial, ofreció un correcto aperitivo para esperar con entusiasmo a los dos números de peso que se avecinaban. Haya sido una inclusión acertada o no, el caso es que estos rockeros de Leeds otorgaron el máximo de su oferta y cumplieron con las expectativas trazadas con un tratado sonoro complaciente para el regocijo de sus escuchas. Especular con fallidas participaciones, no va al caso.

Después del largo bostezo que significó el show de Kaiser Chiefs, era el turno de los Mars Volta de elevar los decibeles y satisfacer las ansias de un importante número de fans que estaba ahí para ver a la banda de Omar Rodríguez-López y Cedric Bixler-Zavala. Y claro, esta actuación serviría para que la agrupación pudiera mostrar algo más de lo exhibido en su anterior visita a Chile, donde aparecieron muy temprano y con poco tiempo para presentar su música. Pues bien, unos minutos después de las 21:15, The Mars Volta entraba a escena, mientras el Movistar Arena ya contaba con un marco de público digno para recibir lo que se esperaba como una verdadera descarga de energía, riffs y experimentación.

Por los parlantes sonaba ‘Fistful of Dollars’, que a modo de intro servía para aumentar la ansiedad por ver a los músicos sobre el escenario. Pero habría que esperar algunos minutos más, pues algún problema técnico demoraba el inicio del show ya con los músicos instalados y sonando en cada uno de sus instrumentos. Así, como había sido la tónica de su gira por Sudamérica, todo partió con ‘Drunkship of Lanterns’ de su álbum de 2003 “De-Loused in Comatorium”.

Algunos problemas en el sonido que impedían escuchar el saxo o que hacían inentendibles las vocalizaciones de Cedric conspiraron de entrada contra Mars Volta y así lo hizo sentir el vocalista quien, a cada instante, probaba un micrófono ubicado a uno de sus lados, pero sin mayores dividendos. De todas formas, de inmediato quedó demostrado que el baterista que acompaña al grupo, Thomas Pridgen, es un verdadero animal tras los tambores… un gran batero que se equiparó a la altura de las circunstancias. Veinticuatro minutos de ‘Drunkship of Lanterns’ fue el inicio ideal que, a pesar de los problemas de sonido, daba el puntapié inicial a esta verdadera experiencia que es ver a The Mars Volta arriba del escenario.

Los ocho músicos dejaban la vida en escena y la excelente ‘Viscera Eyes’ hacía su entrada, con la banda a mil revoluciones y Bixler bailando con aquellos pasos y movimientos tan propios y característicos. Este guiño a “Amputechture” fue uno de los puntos altos de la jornada que, rápidamente dejó de lado los recuerdos para instalarse en la actualidad de la banda con tres temas de su más reciente trabajo de estudio, “The Bedlam in Goliath”: ‘Wax Simulacra’ en una versión cruda y directa, sin mayores aderezos; ‘Ilyena’ que más allá de ser la prueba palpable de todos los cambios de ritmo y las experimentaciones del grupo, se presentó como una verdadera muestra de todo lo buen frontman que puede llegar a ser Cedric, acompañado por la figura impertérrita de Rodríguez-López y su guitarra.

Para el final, el cierre de esta trilogía de su último disco, ‘Goliath’, que sonó poderosísima y aunque no incluyó algunas largas secciones instrumentales que la banda venía realizando en paradas anteriores al otro lado del continente, fue el corolario para una actuación potente y alucinante. Aunque los problemas de sonido se presentaron a lo largo de todo el recital, algo que incluso molestó a Cedric quien, cansado de probar uno de sus micrófonos, lo lanzó lejos y se subió a uno de los parlantes a ver la performance de sus compañeros de grupo, fue un recital disfrutado a concho por una importante base de fans que, no hay duda, nuevamente quedaron con gusto a poco en un show que rozó la hora de duración. Seguiremos esperando por una actuación completa del grupo, esta vez como acto principal.

Superada la adrenalínica presentación de The Mars Volta, se acercaba la hora para ver en acción al plato fuerte de la jornada. Atrás quedaban años de espera. Ya no importaba que estuvieran en nuestro país con más de una década de retraso, porque uno de los grupos más importantes e influyentes de todos los tiempos estaba por hacer su aparición… exactamente a las 23:00 horas, R.E.M. ya era una realidad.

Y qué mejor que abrir su actuación con un tema de su último disco “Accelerate”, y lo que es más importante aún, con un verdadero temazo. Sí, porque la rockera ‘Living Well is the Best Revenge’ sonó grandiosa e intensa, colmando las expectativas de los espectadores que ya hacían ver un interesante marco de público, que bordeaba los 10 mil espectadores. ‘These days’ fue una excelente sorpresa que nos remontó su placa de 1986 “Lifes Rich Pageant”, interpretada de gran forma y con un Michael Stipe que se adueñaba del escenario y acaparaba todas las miradas. Qué gran frontman es Stipe y qué gran vocalista… sin duda, un lujo haberlo tenido en nuestro país.

La primera explosión de la noche vino con ‘What’s The Frequency, Kenneth?’, ese temazo que nos azotó a todos en 1994 y que hizo del “Monster”, entre otras cosas, un álbum imperdible en cualquier discografía. Aquí sonó increíble, con los coros a la medida, el bajo de Mick Mills sonando como una máquina y la guitarra de Peter Buck como un sello indesmentible de lo que es la banda. ‘Drive’ es otro de los temas calados del grupo y así se hizo sentir… qué gran momento. Mientras, lo que seguía incluiría más sorpresas y joyitas. En ‘The Great Beyond’ la banda mostraba lo fácil que le sale hacer temas hermosos y delicados, mientras Stipe se veía a sus anchas en el escenario, bailando y disfrutando… otro momento imperdible. Algo similar presenciamos en ‘Hollow man’, otro de los puntos altos de su reciente placa de estudio.

Luego vino la primera referencia a las elecciones presidenciales en Estados Unidos, con Stipe hablando de los políticos estadounidenses y, por supuesto, de su preferencia por Obama. En este contexto presentó una canción que no podía aparecer en mejor momento, ‘Ignoreland’, que es un hit por dónde se le mire y así quedó demostrado en el Arena con una versión alucinante… nada más que decir… espectacular. ‘Electrolite’, uno de los sencillos de “New Adventures in Hi Fi” de 1996, llegaba a conmover e ‘Imitation of life’ no hacía más que agregar aspectos positivos a la performance del grupo… No había descanso y R.E.M. demostraba que siendo poderosos y rifferos o suaves y armoniosos, no pierden una gota de potencia y despliegue.

De “Reckoning”, su segundo álbum de 1984 escuchamos ‘7 Chinese Bros.’ y ‘Don’t go back) to Rockville’ -con Mills en las voces y Stipe haciendo coros, aplaudiendo, bailando o simplemente observando-, dos joyas que no habían aparecido en set list anteriores de su incipiente gira por el continente. Unas verdaderas sorpresas que sólo quedaba disfrutar. Pero exactamente en medio de esos dos cortes surgió otro de los más esperados de la noche. ‘Everybody Hurts’ se ganó una ovación y la banda respondió con una versión cargada de sentimiento que encendió aún más al público que coreó el tema hasta el cansancio… otro momento clave en un show sin puntos bajos, y repleto de tremendas canciones y clásicos.

Cuando llegó el turno de ‘The One I Love’, la banda estaba más que cómoda en el escenario y Michael Stipe hacía de las suyas. Tanto así que bajó hacia el público y recibió todo el cariño de los espectadores ubicados en la primeras filas de la cancha vip (que, a todo esto, estaba medianamente llena y que, como es la tónica de estos recitales con divisiones en la cancha, se mostraba a ratos displicente). ‘Country Feedback’ fue otra de las novedades y fue anunciada por Stipe como un pedido especial, mientras que ‘Let me in’, esa maravilla del “Monster”, sonó íntima, intensa y conmovedora. Las guitarras electroacústicas de Mills, el baterista Bill Rieflin y de Scott McCaughney (quien se hacía cargo del bajo cuando Mills estaba al piano) se tomaban los parlantes y con Peter Buck en el teclado se despacharon una versión que, sin duda, recordaremos por mucho tiempo más.

Y hacia el final del set regular, la banda no estaba dispuesta a dejar la intensidad de lado, pues la punketa ‘I’m Gonna DJ’ nos traía de vuelta toda la energía rockera que el grupo imprimió a su álbum “Accelerate”, y ‘Bad day’ seguía sumando para mantener los ánimos con una versión realmente imperdible. Megáfono en mano, Stipe daba la partida a ‘Orange Crush’ y luego ‘It’s The End Of The World as We Know It (And I Feel Fine)’ era una verdadera conmoción: el público extasiado, Stipe tirando lejos el atril con las letras y Mills junto al público agradeciendo la entrega… un final de antología para que el grupo se retirara del escenario por unos minutos.

Pero eso no podía ser todo, pues aún quedaba show. Después de pocos minutos llegaba otra excelente muestra de que “Accelerate” es un gran álbum con “Supernatural Superserious”… memorable. El ambiente seguía calentándose y cuando Peter Buck cambió su guitarra por la mandolina, todos sabíamos lo que vendría… el estallido fue total y ‘Losing my Religion’ sonó mejor que nunca en los oídos de las 10 mil personas que, a esa hora, caíamos extasiados ante la grandeza de un grupo de verdad. Después Stipe pidió aplausos para Kaiser Chiefs y Mars Volta y volvió a referirse a las elecciones estadounidenses, anunciando que éste sería uno de los últimos shows con Bush como presidente. Y como ya el público estaba entregado, el aplauso no se hizo esperar aunque, claro, encontré que era demasiado ponerse a corear ‘Obama, Obama’ como si de alguien cercano a nosotros se tratase… en fin, lo importante es que R.E.M. nos tenía preparada otra sorpresa con ‘Disturbance at the Heron House’ del “Document”, otro corte que no había sido interpretado en su periplo sudamericano.

Y para cerrar, la infaltable y coreada ‘Man on the Moon’ que llevaba a muchos al paroxismo y que de manera indescriptible cerraba un show espectacular. No hay palabras para describir lo que se vivía en ese minuto, cerca de la 1 de la mañana, en el Arena. El público estaba fundido en una sola voz junto a Stipe y la energía que emanaba de los 5 tipos arriba del escenario era inigualable. Qué mejor cierre para un show histórico y que de entrada se mete de lleno en los mejores del año. Ya no importaba la espera ni los años, R.E.M. había debutado en Chile y los teníamos en su mejor forma, en un excelente momento y presentando grandes canciones, las antiguas y las nuevas. Un recital inolvidable donde, claro, estuvieron Kaiser Chiefs y Mars Volta, pero que será recordado como la primera presentación de la banda de Michael Stipe en Chile. R.E.M. pisó suelo nacional y nos mató con casi dos horas de impecable rock and roll… inolvidable.

Francisco Reinoso Baltar
Rodrigo Carvajal U.
Fotos: Ignacio Orrego


Movistar Arena
04 de noviembre de 2008

 Tras un dispar inicio de inmejorable cierre con una fastuosa performance de R.E.M, para culminar la primera noche en la Arena Movistar, todas las miradas se situaban hacia este segundo tramo, que primero llamó la atención por la deserción de un tercer acto foráneo, espacio donde se optaría por ubicar a los nacionales The Ganjas, en desmedro de la ilusión de miles que añoraban ver un número de peso internacional. Otros detalles llamativos apuntaban hacia la recepción que tendrían los fundacionales de  The Jesus and Mary Chain y  las justificaciones  para afirmar un doblete con Michael Stipe y compañía.

Los tozudos The Ganjas tuvieron la noble misión de dar el puntapié inicial para esta segunda jornada y desde el comienzo de la presentación se notaba el hambre por participar más seguido en instancias como ésta. Apelando a una garra que intentó tapar un sonido deficiente que fue mejorando con el correr de las canciones, el combo nacional aprovechando la cercanía con la aún fresca salida de su disco recopilatorio “This is The Time: 2002-2007”, ofertó un dossier acorde con sus días de conmemoración que intentó inmutar a un público frío en demasía, que aún no llegaba en masa al recinto.

Lo de The Ganjas es para sacarse el sombrero. Pese al deficiente soporte mediático imperante para cualquier número autogestionado en nuestro país, salvo “onderas” excepciones que no vale la pena ni mencionar, esta cofradía de perseverantes gamberros se las ingenian  para desarrollar una agenda que pocos pueden jactarse de ostentar en tan poco tiempo. Su set de canciones portantes de lentas cadencias y estructuras no amigables para los adherentes obsesos de piezas de alcance comercial, gozan de un notable interés fuera del país, de hecho, un periplo por Brasil ya está ad portas de efectuarse a finales de noviembre, para integrarse a una serie de eventos de primera categoría, uno de ellos un festival donde compartirán escenario con grupos como Helmet, The Black Lips y The Vaselines.

Estaba claro como el agua que ellos no eran el plato fuerte, pero siempre es positivo tener acceso a tablas en espacios masivos, por no muy favorable que sea el contexto del show. Maquieira, Astaburuaga y Benincasa, dejaron en alto el nombre de su creación insigne, con un directo irreprochable que sustentado en cojones y actitud, demostró el porqué son considerados uno de los estandartes más fidedignos del rock chileno de esta década. Lo del martes fue sólo un aliño más para alimentar el trajín y la chance fue bien aprovechada. Dedo para arriba para The Ganjas.

Llegaba el momento de Jesus & Mary Chain, el primer plato estelar del martes. Obviando  la ineludible  importancia de esta asentada marca británica, pilar indiscutido del emporio indie ochentero europeo e influencia seminal para nombres contemporáneos como Black Rebel Motorcycle Club o The Raveonettes, quienes bebieron sin chistar de la esencia de los escoceses para agrupar sus primerizos repertorios, tal como centenares de agrupaciones devotas de la factoría vintage de exponentes del rock independiente clásico, la convocatoria que atraería la institución de los hermanos Reid dejaba dudas.

Menos de la mitad de la capacidad de la Arena Movistar albergó a The Jesus & Mary Chain, un detalle que no importunó una soberbia entrega de estos próceres del noise-post-punk -como estimen conveniente etiquetarlos- quienes nos brindaron una soberbia muestra de su inmenso catálogo que han vuelto a revivir en directo  desde su celebrada reunión en el Coachella, en mayo de 2007.

A puridad, el directo fue el sueño mojado de cualquier fan conocedor de la obra de los firmantes de “Psychocandy”.  Distantes de la violencia y contorsión corporal esquizoide de sus años mozos, donde destrozaban todo lo que se les interponía y apoyados de un portentoso sonido, The Jesus & Mary Chain otorgaron una letal retrospectiva sónica amplificada con ese shoegazing en cotas metafísicas que tuvo su primer arma de batalla en ‘Snakedriver’ y ‘Head On’.

Los hermanos Reid  son todo un show. Apáticos a destajo, pero implacables en sus roles. Mientras William daba clases de ser un poeta del feedback y el fuzz en gemas pendencieras como ‘Blues From a Gun’,  ‘Side Walking’ o ‘Halfway to Crazy’, su colega sanguíneo Jim, en su posición de frontman de filosofía distante, aplicaba una frialdad que navegaba en los mares de la perfección, gracias a su timbre característico e inquebrantable que no destiñó en ningún momento.

Apelando a un final infartante con ‘Kennedy Song’, el monstruoso diamante de “Psychocandy”, ‘Just Like Honey’ y ‘Reverence’, The Jesus & Mary Chain derrumba las presunciones más escépticas y no deja huella ninguna al respecto del linaje de su carrera y su íntegro rumbo artístico, que post reunión abre el camino para incrementar un legado que con tan sólo su primera tríada fonográfica, alcanza el margen de lo intocable.

En una tierra en donde la falacia tiene tanta cabida, los chilenos seguimos pensando que R.E.M. es una “banda de singles”. 14 largaduraciones en más de 25 años de carrera no parecen hablar por sí mismos, y no falta quien cree que el hoy trío tiene aún cosas que demostrar. El ya histórico lunes 3 de noviembre, Stipe, Buck y Mills la rompieron, pagaron una deuda de años con sus fanáticos de toda una vida, y emocionaron a varios corazones. Sin embargo, sí, echaron mano a todo su arsenal de incuestionables éxitos radiales, como para que todos quedaran felices. Automáticamente (para la gente), quedaba bien alta la vara para su segunda presentación. Era la hora de ratificar todos sus pergaminos a los ojos de estos tercermundistas tan exigentes en los que nos hemos transformado.

Si pudiésemos dividir la discografía de R.E.M en tres desbalanceados tercios, tendríamos una que llega hasta “Document”, su explosión mediática en 1987. La segunda era va entre dicho trabajo y la partida de Bill Berry de la batería, en el 97. Y de ahí en adelante, viene la tercera y última fracción, la más errática, pero que los vio renacer gracias al monumental “Accelerate”, el lanzamiento que sirvió como excusa para que por fin se acercaran a Chile. Los “grandes éxitos” se concentran en la parte central de su recorrido. No es necesario explicar porqué para aquellos que llevan más de 15 años siguiéndolos, la vista estaba puesta en sus años en el sello IRS. Por suerte, algo de aquello pudimos disfrutar.

Como era de suponerse, hubo momentos que se repitieron entre una noche y otra: La apertura a cargo de la vibrante ‘Living Well is the Best Revenge’; otro par de canciones “nuevas” (esa exquisitez titulada ‘Hollow Man’ y ‘Supernatural Superserious’); y esas que nos sabemos todos (‘What’s the Frequency, Kenneth?’, ‘Drive’, ‘Imitation of Life’, ‘Everybody Hurts’, ‘The One I Love’, ‘Bad Day’, ‘Orange Crush’, ‘It’s the End of the World’, ‘Losing my Religion’ y ‘Man on the Moon’) pero que nos encanta escuchar porque, seamos justos, son todos temazos, himnos de una época, y nadie puede resistirse a cantar que es el fin del mundo tal cual lo conocemos, y que nos sentimos muy pero muy bien. ‘Ignoreland’ también se repitió, para sorpresa de varios, y fue un acierto.

La potencia de ‘I Took Your Name’ nos mostró al R.E.M. más rudo. ‘Driver 8’ sacó la cara por el siempre pasado en alto “Fables of the Reconstruction”. ‘Man-Sized Wreath’ y ‘Horse to Water’ dejaron aún en mejor pie a “Accelerate”. Entremedio, algunas anotaciones en la libreta: el saludo a la bandera, literalmente, de Mike Mills; la importancia (excesiva a ratos) de lo que pasaba en EEUU con la elección presidencial, que entre tanto mensaje de texto y nueva información que iba llegando, hizo que por un momento el Caupolicán pareciera la Teletón y sus redobles para cada “nuevo cómputo”; y el mayor relajo que mostraron los músicos en escena en relación a la primera noche. Risas al por mayor, todo alimentado por la obamamanía que están pasando los norteamericanos, pero que hicieron que fuese todo mucho más placentero.

Si tuviéramos que definir a R.E.M., y no faltará quién se burle de la descripción, pero actualmente son como una fiesta. Peter Buck y su parada a-la-Jimmy Page sería el dueño de la fiesta, o del local: pasivo, observador, intenso. Mike Mills es el alma, el invitado que todos quieren tener: no es necesario estar mirándolo para saber que está ahí, es quien alegra los rostros de todos los asistentes. Y Stipe es, lógicamente, el animador de la fiesta. El que conecta, el que se lleva todos los aplausos. Pero que si no fuese por los otros 2 que lo acompañan en todas, su performance no tendría el mismo valor. Gran frontman, puro carisma y oficio. Pero sin opacar nunca a sus 2 compañeros. Qué difícil sería lograr eso.

Volvemos al show. ‘Fall on me’, maravillosa, hizo ruido en nombre del único disco capaz de hacer sonar el “Best of R.E.M.” como un juguete de plástico: “Life’s Rich Pageant”. ‘She Just Wants to Be’ dejó a varios bien colgados, y fue la que mayor espacio dio para el lucimiento de Buck. Finalmente,  ‘Nightswimming’ y ‘Sweetness Follows’ aportaron la calma a un show lleno de rock & roll americano hasta los huesos.

El bis fue de otro mundo. Porque Obama ya había ganado, y ahí pudimos ver al R.E.M. más iluminado e inspirado, rescatando 2 verdaderas joyas de aquellos años dorados de los que hablamos: ‘I Believe’ y ‘Radio Free Europe’. ‘I Believe’, también del “Life’s Rich Pageant”, es de esas canciones demasiado buenas para ser famosas. Y ‘Radio Free Europe’, ni más ni menos que el primer single de su primer disco, nos dejaba en una posición en que tras 2 horas y cuarto, ya no podíamos pedir más.

R.E.M. pasó por Chile y cumplió con la expectativa. Con creces. No sólo son una gran banda. Están vigentes, siguen haciendo lo suyo con una sonrisa en el rostro, y aún pueden hacer felices a miles simplemente a través de su música. ¿Volverán? Difícil pronosticarlo. Histórico. Qué duda cabe. Si no es el hito del año, pega en el palo. Y con la súper agenda del 2008, no es poco decir.

 

Set List
 
Living Well is the Best Revenge
I Took Your Name
What’s the Frequency, Kenneth?
Drive
Driver 8
Man-Sized Wreath
Ignoreland
Fall on me
Hollow Man
Imitation of Life
Horse to Water
Everybody Hurts
She Just Wants to Be
The One I Love
Nightswimming
Sweetness Follows
Bad Day
Orange Crush
It’s the End of the World (As We Know It)

..........................................................
Supernatural Superserious
Losing my Religion
I Believe
Radio Free Europe
Cuyahoga
Man on the Moon

 

Francisco Reinoso Baltar
Juan Ignacio Cornejo
Fotos: Carlos Müller (The Jesus and Mary Chain), Ignacio Orrego (REM)
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