Club Chocolate
Miércoles 30 de mayo de 2012
Desde hace unos años hasta ahora, ha resultado ser un buenísimo negocio para las bandas lozanas mirarse en el espejo del garage rock. Con el cambio de siglo se patentó este viraje en la bitácora de los debutantes, que perseguían emular una y otra vez a grupos del pasado, que en un principio dio buen resultado, pero que terminó por aburrir. La oferta era demasiada y la demanda ya estaba satisfecha.
Esa lección fue aprendida rápidamente por The Horrors, que en su primer disco “Strange House” (2007), calcaban al pie de la letra todas las intenciones de lo anteriormente mencionado. Por eso, para su segundo largaduración, vieron en la siempre activa impronta del post punk y el shoegaze un nuevo nido de influencia, algo que se terminó de confirmar con “Skying”, su entrega del año pasado y que los trajo por primera vez a nuestro país el día de ayer.
El quinteto inglés venía precedido de muy buenas críticas con sus trabajos de estudio, pero además con una reputación creciente en vivo, donde se enfocaba la intensidad de su performance. Por ese motivo, los seguidores llegaron en gran cantidad al Club Chocolate, brindando temperatura a la fría noche santiaguina y confiada en ver un concierto lleno de emociones.
Y a pesar de todos los buenos augurios que se habían ganado, en lo empírico el show tuvo momentos álgidos, reflejados en la fervorosa recepción que tuvo cada una de las canciones durante la escueta hora de presentación, pero que pocas veces se pudo mantener en la música.
Al aparecer ‘Mirror’s Image’, se vio a un conjunto concentrado en hacer lo suyo, y más allá de los agradecimientos esbozados por el vocalista Faris Badwan, se percibió una frialdad que contrastaba en demasía con la entrega de los asistentes, que repletaron el recinto de Barrio Bellavista, cuyo espacio era inmejorable para una interacción más cercana, cosa que no ocurrió.
La ejecución en vivo fue un punto decepcionante. Se nota que los muchachos tienen una identidad adquirida y que su domicilio estilístico, hoy en día, es la reminiscencia a reconocidos exponentes como Ride, pero saturar cada segundo de canción fue un desperdicio de posibilidades. Canciones enormes como ‘Sea Within a Sea’ y ‘Endless Blue’ quedaron empantanadas en un torbellino de ruidos, que nunca permitieron apreciar los detalles o matices del teclado de Tom Cowan, y la guitarra de Joshua Hayward, en el estudio siempre correcta y dispuesta a liderar cada paso del grupo, no estuvo a la altura.
El baterista Joe Spurgeon batía con fuerza su instrumento, y fue por lejos lo que más nítido se escuchó, pues ni la voz de Badwan se pudo sentir con claridad (‘I Can See Through You’ y ‘Moving Further Away’, que cerró la velada, fueron las más perjudicadas en ese aspecto), ahogada entre una tormenta de ruido que, a pesar de todo, fue aclamada de principio a fin.
The Horrors se despachó un concierto que no clasificará entre lo mejor de este año. Los británicos poseen una brillantez a la hora de grabar que no logran traspasar al escenario. En poco más de una hora reventaron tímpanos con un poder innecesario, desdeñando las sutilezas y texturas que sus discos imprimen. En su afán de mostrar poderío, se olvidaron de lo que los había diferenciado de sus compañeros de generación.
Jean Parraguez
Fotos: Ignacio Gálvez
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