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2011-07-260 Comentarios

KING CRIMSON - Nacido para ser rey


En octubre de 1969, con un universo rockero aún con resaca después de Woodstock y sacudidos por un nuevo lanzamiento de The Beatles, un grupo llamado King Crimson abría paso a una nueva era con su álbum debut, “In the Court of the Crimson King”. 40 años después, el disco sigue sumando adeptos. Ahora recorremos la historia y los convidamos a festejar, por la eterna vida del Rey.

Hace tiempo venimos recordando distintos hechos que sucedieron en 1969. Los últimos meses, fue el turno de Woodstock y Deep Purple sinfónico, ignorando, por ejemplo, el debut discográfico de The Stooges, o el lanzamiento de “Abbey Road” de The Beatles a fines de septiembre. Esto sólo nos habla de lo movido que estuvo el último año de la década del 60 y de lo trascendental que fue aquel período para el futuro del rock en su totalidad. Y en ese marco, el primer largaduración de King Crimson no hace más que ratificar esto que hemos señalado.

“In the Court of the Crimson King”, editado el 10 de octubre del 69, mezclaba estilos y convicciones como ningún registro lo había hecho anteriormente. Desde los riffs portentosos a la Jimi Hendrix , al sonido orquestado de la música clásica, incorporando algunos detalles estilísticos de la avanzada del under británico y, juntando todo esto, se atrevieron con composiciones pomposas, de varias partes, con progresión en volúmenes, velocidades e intensidades.

A fines de los sesentas, lo que parecía estar llevándola era el rock con raíces americanas, tanto en el blues como en el folk, mezclando todo eso con la sicodelia propia de los tiempos. La música de King Crimson no parecía tener lugar de origen. Ni siquiera era etiquetable de inglesa; a lo más, parecía “europea”, básicamente por los lazos sinfónicos de siglos anteriores. Su fórmula, tan exquisita, puede encapsularse con facilidad ahora como “rock progresivo”. Aunque por esos días, aquello era el sonido de ellos y sólo ellos.

“Ellos” eran Robert Fripp en guitarras, Michael Giles en batería, Greg Lake a cargo de la voz y el bajo, y el multiinstrumentista Ian McDonald (mellotrón y saxo). Los 2 primeros habían compartido aventuras ya en el grupo que sirvió de semillero para King Crimson, Giles, Giles & Fripp, que también componía el bajista Peter Giles, hermano de Michael.

“El grupo se concibió durante la segunda mitad de noviembre del 68 y nació oficialmente el 13 de enero de 1969 en el Fulham Palace Café, de Londres”, recordaba Robert Fripp en el booklet especial del disco en vivo “Epitaph” de 1997, que recopila grabaciones de aquella época. La fecha a la que Fripp hace mención corresponde al primer ensayo que él, Michael Giles, McDonald y Lake tuvieron juntos.

El proceso de composición de King Crimson era por lo general hecho en conjunto, aunque la música de 2 de las 5 pistas de “Crimson King” fue hecha por Ian McDonald. Las letras estaban a cargo de de un quinto integrante que cumplió dicha labor en los 4 primeros álbumes, Peter Sinfield.

Contrario a lo que los especialistas suelen suponer, la histórica agrupación no siempre fue “la banda de Robert Fripp”. Según el mismo implicado, “el grupo era, digamos, un grupo. Se transformó en lo que fue por lo que los cuatro hicimos por ella; no fue el esfuerzo de un solo hombre, eso hubiese sido imposible”.

McDonald también aplaude a aquella fenomenal formación, y se pregunta “¿qué habría pasado si esos cuatro hubiésemos seguido juntos? ¿Habríamos llegado a resultados aún más increíbles? No lo sé, la historia ya no se puede re-escribir; pero al menos puedo decir que mi aporte es un disco tan grandioso como ese”.

El tan comentado “In the Court of the Crimson King”, como ya lo mencionamos, tenía sólo 5 canciones. Independiente de la pieza que cierra el álbum y le da nombre al mismo, quizás a varios los nombres ‘I Talk to the Wind’, ‘Epitaph’ y ‘Moonchild’ no signifiquen mucho. Pero el de ‘21st Century Schizoid Man’, el primer track del disco, sí. No sólo se convirtió en un himno del estilo, sino que trascendió generaciones, y no es raro verlo en diversos rankings de las mejores canciones de todos los tiempos.
Es, ciertamente, uno de los grandes temas de la historia del rock progresivo. Según Ian McDonald, “era música rock básica, con un potente riff, una gran melodía, perfectamente interpretable por un trío, por ejemplo. Pero es evidente que es mucho más profundo que eso. Pero al menos a mí, las influencias de la música rock y pop de la era podían tener tanta relevancia como la de la de la música clásica, el jazz o cualquier otra variante que incorporáramos”.

Esta especie de laboratorio que King Crimson tenía en sus sesiones de ensayos y composición era propiamente valorada por quienes las protagonizaban. De acuerdo a Greg Lake, “sabíamos que nuestra música tenía vida propia. Al hacer una canción como ‘Schizoid Man’, o ‘Epitaph’ o ‘In the Court of the Crimson King’, ya sabíamos que estábamos haciendo algo increíble”, completa.
Muy rápidamente, antes incluso de la publicación del LP, las miradas y los oídos de la juventud inglesa, primero, y americana, después, se dirigieron a la música de King Crimson. Un momento destacado que ratificó y potenció su ascenso entre los jóvenes, fue la posibilidad de tocar junto a los Rolling Stone el 5 de julio en Hyde Park, en un show cuya asistencia se estima entre 300 y 500 mil personas.

Este poderoso encanto que King Crimson tenía, los hizo girar por todo el Reino Unido y dar el salto hacia Estados Unidos. Y para lo que ellos querían ofrecer musicalmente, necesitaban tiempo de ensayo y estudio. Pero la siempre apretada agenda saboteó dichas intenciones y a fines del 69, todos, salvo Fripp, habían optado por abandonar el barco.

Hasta el día de hoy, Robert Fripp no comprende cómo “todos decidieron abandonar un grupo tan original y potente como el nuestro”. Sin embargo, nadie pareció haber equivocado su camino. Greg Lake pasaría a integrar Emerson, Lake & Palmer; McDonald grabó primero junto a Michael Giles y luego del primer final “definitivo” de Crimson, en el 74, se fue a formar Foreigner; y Giles desempeñó una exitosa carrera como sesionista.

Para 1970, cuando Fripp comandó el lanzamiento del segundo disco del conjunto, titulado “In the Wake of Poseidon”, Lake le colaboró con las voces y Michael las hizo de baterista contratado. Esos fueron los últimos ecos de una alineación gloriosa, inigualable, que justo a finales de la década que vio nacer al rock, dio una cátedra de hacia dónde esta música podía ir. 12 meses les bastaron para cambiar el curso de la historia. Suficiente. Ya habían dejado una huella imposible de ignorar. Ya se habían consagrado como auténticos reyes.
 
Juan Ignacio Cornejo.
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